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ACADEMIA
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Es filóloga de carrera, ¿se le quedó pequeña la palabra?
Nunca. Admiro tanto y tan profundamente a los que saben
crear un mundo en una sola frase y a los que te cambian la
vida con dos palabras... Yo no soy capaz. Necesito más len-
guajes, todos funcionando a la vez: la luz, el color, el movi-
miento, la música y la palabra para, con todos ellos, poder
contar algo.
¿Qué le atrajo de ser cineasta?
Nunca lo consideré una profesión, sino un anhelo de in-
tentar hacer lo que las películas hicieron en mí. La profesión
me era y aún me es un camino desconocido. Vengo de traba-
jar en la docencia, y me siento muy privilegiada por lo que el
arte me ha enseñado. Pero hacer cine es otra cosa, porque el
arte y la vida se imponen a veces más allá de ti.
¿Puede la ficción salvar vidas?
Y tanto... A mí me ha salvado la vida más de una vez una
película. Este mes, sin ir más lejos, si no fuera por una pelí-
cula seguiría dando vueltas a ciertas melancolías vacías. La
ficción es terapeútica. Es alivio en ti de lo vivido en otros, es
ensanchar tus posibilidades. Es gozo, es aprendizaje y, a ve-
ces, es cambio.
¿Qué le ha enseñado el cine?
A través del cine he aprendido el mundo. El mío. El cerca-
no y el lejano. El de la realidad y el del sueño, y también el
de la pesadilla. El cine va al centro de la vida, a las semillas,
a los peligros. Reconstruye toda nuestra experiencia, nues-
tras emociones, nuestras ideas, nuestra conciencia. La vida
es más ancha gracias a las películas.
Si yaes complicado rodar enEspaña, ¿hacer cinedeautor es como
clamar agua en el desierto?
Todo cine es complicado, porque exige enormes esfuerzos
financieros, técnicos y humanos... El problema es que por lo
complicado que es, este arte a veces se vuelve cobarde.
Mariano Barroso en el discurso de la presidencia en los Premios
Goya afirmóque “hayotro tipode cinequees tannecesario como
el que llena las salas. Su rentabilidad es la de la cultura, la del
conocimiento y de la identidad”. ¿Se valora esto?
Apenas, y esto no solo pasa en el cine. No se entiende el
valor radical de la cultura. Cuando hablo de radical lo digo en
su sentido etimológico: es raíz. No flor, no somos el último
ornamento social... Somos quienes creamos discursos, expe-
riencias, vivencias, conciencia de lo que somos individual y
colectivamente. Contar y escuchar nuestros sueños y pesadi-
llas nos hace una sociedad mejor, más sana, más crítica, más
libre. Más consciente.
Frente a unmercado voraz
De su estética cinematográfica se dice que esmuy cuidada y esti-
lizada, a veces incluso con carga negativa.
Sí. Suelen hablar de nuestro ‘esteticismo’ con una inten-
ción de banalidad que es justo el polo opuesto de lo que bus-
camos. A veces hay un matiz algo paternalista y condescen-
diente en esta valoración, un matiz que no nos toma en serio.
Más de una vez me he preguntado si nuestra propuesta es-
tética (hablo en plural porque somos un equipo) se valoraría
igual si yo fuera un director hombre francés u oriental.
¿Hay un exceso de testosterona en nuestras películas?
Sí la hay... Yo muchas veces me busco en las películas y no
me encuentro. No creo que sea la única que no encuentra ahí
su sentir.
¿Faltan en nuestro cine historias contadas por mujeres?
Faltan en todos los ámbitos. El hombre, heterosexual,
blanco y occidental sigue siendo el centro del poder, y por
ello de los relatos. Hace tiempo que se entendió que esto no
debía ser nunca más así: todos y todas las que no somos ese
hombre teníamos el derecho y el deber moral de tomar la voz,
la palabra y la imagen. Pero la práctica es otra cosa, el merca-
do es voraz y no lo permite.
¿Es partidaria de las cuotas?
Creo en las políticas de igualdad, en toda política social
que corrija las injusticias y pueda ayudar a dar igualdad de
oportunidades a todos y todas. Ojalá no hubiera que sacar a
la palestra pública estas cuestiones porque fuéramos capaces
de gestionar las oportunidades de manera justa por nosotros
y nosotras mismas.
La Academia reclama la presencia de jóvenes cineastas en sus
filas, ¿por qué no dudó cuando recibió la llamada a unirse?
Porque si quieres participar en el cine, en su discurso, en
sus posibilidades, hay que hacerlo desde todos los frentes po-
sibles. La Academia es un lugar importante para luchar por el
trabajo en el cine, y por un cine mejor.
Cuando esta institución ha cumplido treinta años, ¿qué papel
debe jugar?
Creo que debe alzar la voz, visibilizar nuestro cine. Todo
nuestro cine. Debe participar en diálogos con otras artes y
otras instituciones culturales, debe hacer accesible el cine a
todos y todas en la medida de lo posible. Debe trabajar para
que las películas estén al alcance de todos en cualquier mo-
mento y lugar... Debe sublimar el cine, darle el lugar que me-
rece y al mismo tiempo hacerlo accesible, cotidiano. Pode-
mos hacer mucho.
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