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ACADEMIA
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Y ellas alzaron la voz
VirginiaYagüe
Tribuna
N
o se acierta a entender con facilidad, como reconoció
Ana Belén al recibir el Goya de Honor, cómo en una
profesión tan abierta como la nuestra a las mujeres aún
nos cuesta tanto trabajo que nos reconozcan al mismo
nivel que a los hombres. El prejuicio se manifiesta a cada
paso y, cuando se habla de discriminación en materia de
género, se disfraza de jocosidad, dejando plantada la nefasta
semilla del relativismo. Hagamos autocrítica y reconozca-
mos que hay muchos elementos que dirigen nuestra acción
sin que lo advirtamos, maniobrando por debajo de nuestra
aparente voluntad libre y que llevan, por ejemplo, a muchas
compañeras a asegurar que en nuestro sector no se viven
situaciones de discriminación y que no son necesarias las
acciones positivas para compensar un claro desequilibro, no
sea que alguien vaya a pensar que nuestro trabajo no tiene la
suficiente calidad, dejando de lado al hacer esta considera-
ción que ningún compañero ha sentido nunca cuestionada
su calidad por beneficiarse de un privilegio ya establecido.
Por supuesto que las cosas han cambiado respecto a hace
cincuenta años, faltaría, sin embargo no lo han hecho tanto
como nos gustaría y seguimos arrastrando lastres que cerce-
nan nuestras posibilidades y condenan nuestra visibilidad.
Según datos facilitados por la propia Academia y expuestos
en el último Informe CIMA, en 2016 la representación de las
mujeres profesionales era de un total del 26%. Las especia-
lidades con mayor feminización fueron Maquillaje y Pelu-
quería y Diseño de Vestuario, mientras que los porcentajes
se mantenían notablemente bajos en puestos como Montaje
(25%), Producción y Producción Ejecutiva (24%), Dirección
(19%), Guión (12%) o Efectos Especiales (11%). Según la
Secretaría de Igualdad de la Unión de Actores y Actrices, en
la actualidad los personajes femeninos en el audiovisual son
tan solo de un 20% y, según datos facilitados por el ICAA,
en los últimos años las directoras han contado de media
con menos de la mitad del presupuesto que
los hombres para realizar sus películas, lo que
irremediablemente condiciona la promoción y
el recorrido de las mismas.
Tendríamos que escandalizarnos, todos
y todas, por vivir y tolerar una anomalía que
excluye a tantas profesionales del sector y que
debilita la diversidad de nuestro cine. Debería-
mos llegar a la conclusión de que esta situación
necesita de una acción decidida y responsable
por parte de las autoridades cinematográficas y
de los implicados en nuestra industria. Y debe-
ríamos llegar a esa convicción rotunda porque
no se trata de ninguna broma.
Esta realidad, de no corregirse, se convertirá
en crónica, influirá en la imagen de nuestro país
en el exterior y en la creación de contenidos que
servirán de germen educativo para las próxi-
mas generaciones. No podemos permitirnos la
inmensa pobreza que implica un cine repleto
de estereotipos y negado a la representación de
personajes femeninos interesantes. Necesita-
mos más mujeres dirigiendo películas, escri-
biendo guiones, impulsando desde la produc-
ción historias donde también haya cabida para
personajes que incorporen a mujeres reales, con
distintas estéticas, edades y conflictos. Precisa-
mos de referentes femeninos, en la realidad y
en la ficción, en los que las mujeres del mañana
puedan inspirarse en toda su dimensión, la más
rica, la más diversa y la más plural.
Virginia Yagüe es guionista, productora y presidenta
de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios
Audiovisuales)
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