Aca224web - page 42

ACADEMIA
40
MEJOR
GUIÓN ADAPTADO
Alberto Rodríguez
y
Rafael Cobos,
por El hombre de las mil caras
Manuel Cerdán
Cuando la realidad supera la ficción
E
l hombre de las mil caras, después de diez años de apuesta por
un ambicioso proyecto, recibió lo que más ansía una producción
cinematográfica: el reconocimiento del público, de la crítica y del
propio mundo del cine. La película de Alberto Rodríguez atesoró
once nominaciones a los Goya y, finalmente, logró dos galardones:
el de Carlos Santos como Mejor Actor de Reparto, por su soberbia
interpretación de Luis Roldán, y el de Mejor Guión Adaptado. De este
último, me corresponde una pizca del bronce de la estatuilla de José
Luis Fernández porque en el apellido ‘adaptado’ podemos deslizar mi
obra Paesa, el espía de la mil caras.
Como en los cabezudos del escultor Fernández, en los que ninguno
es igual, en las adaptaciones cinematográficas los guionistas tienen
plena libertad para elaborar la historia, al margen de la obra adaptada.
En el filme Syriana, basado en el libro del ex agente secreto Robert
Baer, Soldado de la CIA, su guionista Stephen Gaghan, que además es
el director de la película, construye una historia totalmente diferente a
las memorias del espía. Se podría decir que sigue a pie juntillas la defi-
nición de “adaptación” de la RAE: “Modificación de una obra literaria
para que pueda difundirse entre público distinto de aquel al cual iba
destinada o darle una forma diferente de la original”. Y por ello, con
total justicia, a los guionistas se les atribuye todo el mérito porque,
además de ser los profesionales del movimiento, dominan el lenguaje
de la combinación de la palabra, el sonido y la imagen. Aunque resulta
un tanto injusto que el título de la obra adaptada no figure en la rela-
ción de candidatos o premiados de los Goya.
Cuando el guión se basa en una obra literaria con un contenido his-
tórico y periodístico, como es el caso de Paesa, el espía de las mil caras,
nos enfrentamos a una vieja dicotomía: la armonización entre reali-
dad y ficción. Truman Capote decía aquello de que la diferencia entre
ficción y realidad es que la ficción debe ser coherente. Y esa máxima la
han cumplido a rajatabla Alberto Rodríguez y Rafael Cobos. Han adap-
tado la realidad a la ficción pero han conservado ese halo de veracidad.
No importa que Paesa aparezca en la película en
París cuando realmente, el 27 de febrero de 1995,
estaba en Madrid para recoger el botín de Belloch,
porque para nada altera la credibilidad de una
trama coherente con los hechos.
Alberto Rodríguez no necesita en su película
escudarse en la fantasía o abusar del macguffinis-
mo, made in Alfred Hitchcock, porque en la biogra-
fía de Paesa y su relación con la entrega de Roldán
la realidad supera a la ficción. Las vivencias del
espía recogidas en el libro facilitan centenares
de escenas, suficientes para completar cualquier
guión. Y así se refleja en la película.
John Le Carré, en su libro de memorias Volar
en círculos, cuenta que, cuando escribió El topo
en 1974, describió un Hong Kong que, cuando
viajó allí para presentar su libro, se percató de que
había cambiado: disponía de unos túneles que
sustituían a los transbordadores que él describía
en la novela. Se precipitó a llamar a la editorial
para cambiar esos párrafos y no llegó a tiempo
para la corrección en la edición de Estados Unidos,
que apareció con el viejo sistema de transporte.
¿Afectaría esa servidumbre por la realidad a los
guionistas O’Connor y Straughan, que adaptaron
al cine en 2011 la novela del autor británico?
Una parte de la historia del cine no podría
escribirse sin el reconocimiento de piezas lite-
rarias que han sido el punto de partida de obras
maestras del séptimo arte. Muchísimos ejemplos:
Coppola se apoyó en Mario Puzo para guionizar El
padrino y en Conrad para Apocalypse Now; Scorse-
se en Pileggi para Uno de los nuestros; Ridley Scott
en Philip K. Dick para Blade Runner; Spielberg
en Keneally para La lista de Schindler; Polansky
en Szpilman para El pianista; Kubrick en Hasford
para La chaqueta metálica; David Trueba en Javier
Cercas para Soldados de Salamina o Imanol Uribe
en Juan Madrid para Días contados.
• Manuel Cerdán es periodista y autor del libro
Paesa, el espía de las
mil caras
Una parte de la historia
del cine no se entiende
sin la literatura que ha
sido adaptada
1...,32,33,34,35,36,37,38,39,40,41 43,44,45,46,47,48,49,50,51,52,...140
Powered by FlippingBook