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ACADEMIA
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Creo que al final no se trata tanto de cuánto se programa sino de qué se
programa. Arrancar mi andadura con la retrospectiva completa de Pedro
Almodóvar, y su Carta Blanca del cine internacional es toda una decla-
ración de intenciones. La labor de “rescate” que se puede emprender
de determinados cineastas que, por los motivos que fueran, no han go-
zado del reconocimiento que merecen, es muy amplio. Estoy pensando
en Francisco Regueiro, Antonio Drove, Adolfo Arrieta, Julio Diamante,
Benito Perojo, Paulino Viota… Y la necesidad, por cuestiones generacio-
nales, de poner en valor las filmografías de toda una serie de autores que
se formaron bajo el abrigo de la Transición, y que llegados a este punto,
sigan en activo o no (varios de ellos incluso se han retirado), deben ser
reivindicados. Es un deber de Filmoteca colocar sus trabajos bajo el radar
de las nuevas generaciones.
¿Ha trazado ya el plan para conectar con las nuevas generaciones?
Es una tarea complicada y que debe actuar desde muchos frentes, no
solo a nivel de programación (para lo cual no faltan ideas), también de
comunicación y difusión, que es otro de los grandes retos de Filmoteca
Española. Aparte de conectar con las nuevas generaciones, considero aún
más importante la labor irrenunciable de toda Filmoteca, que es educar
la mirada del espectador, complicar y ampliar su mapa de la sensibili-
dad cinematográfica (en palabras de George Steiner), sobre todo en estos
tiempos en los que la creación del público del mañana pasa por un firme
compromiso con la educación y la pedagogía fílmicas. No hay nada más
satisfactorio que trabajar con niños y adolescentes que acabarán amando
el cine y desarrollando una conciencia crítica respecto a lo que ven, algo
tan necesario en nuestra sociedad. Ese papel, ciertamente inexistente en
los sistemas educativos, debe ser crucial para Filmoteca Española. Si no
somos capaces de crear esos nuevos públicos con conciencia crítica, y de
conseguir que valoren el cine del pretérito, desde sus orígenes hasta hoy,
sin distinción de geografías y formatos, entonces habremos fracasado en
nuestros objetivos. Ahora que imperan los discursos culturales unidirec-
cionales, no es una tarea sencilla. Pero hay que confiar en la curiosidad
de la infancia y el despertar de la adolescencia a nuevos mundos, y por lo
tanto también a nuevos cines.
La clave está en encontrar el modo de hacer visible ese rol que necesaria-
mentedebe asumir FilmotecaEspañola. La simple ideadeque existandos
salas enel centrodeMadridqueprogramen todos los días del año (excepto
los lunes) al menos tres sesiones de cine de toda era y condición, a un
preciomuy popular (2,5 euros), y que pueda garantizar lamáxima calidad
posible en sus proyecciones (¡y muchas de ellas todavía en 35mm!), es en
estos tiempos algo parecido a una utopía.
Toma de conciencia
Ustedqueconocelasdistintascinematografías,¿cómo
ve la salud de la española?
Creoque por una vez debería hablarse de la saluddel
cine español de todas las edades, que es la salud que
los catalogadores, trabajadores de almacenes y res-
tauradores deFilmotecaEspañoladebenatender. La
Filmoteca necesita recursos procedentes del Estado
(que, dependiendode la coyuntura, seránmayores o
menores), pero loque realmentenecesita es el apoyo
de la propia industria.
Recientemente entré en contacto con una distribui-
dora española para pedirle la copia en 35mm de un
filme que estrenó hace varios años y del que es titular
de los derechos de exhibición en España. Me dijo que
me enviaba un DVD, que es todo lo que tenían. “Es
que hemos destruido el 35mm”, me comentaron. Por
lo visto, se había convertido en una práctica habitual
destruir bobinas cuando se quedaban sin espacio en
susalmacenesparaellas,sobretododesdequeyatodo
se proyecta en DCP o archivos digitales. Pero lo único
que garantiza a día de hoy la pervivencia del cine es el
celuloide, el soporte físico, pues los algoritmos tienen
sus días contados, la virtualidad no es una fuente de
preservaciónfiable.Porsupuesto,enviamosunfurgón
arecogertodoslos35queaúnnohabíandestruidopara
depositarlos en el CCR, que para eso está.
Pero será un caso aislado.
No lo es. La distribuidora de la que hablo lleva mu-
chos años en el sector, pero al parecer no había asi-
milado todavía la imperiosa necesidad de preservar
los materiales de su actividad lucrativa. Explotan
comercialmente sus películas y luego se olvidan de
que existenyde que, con seguridad, dejaránde exis-
tir. Filmoteca Española tiene que hacer un constante
ejercicio de proselitismo, casi una misión evangeli-
zadora en la industria, sobre la imperiosa necesidad
dedepositar susmateriales ennuestras instalaciones
para su óptima conservación. Si no cuidamos nues-
tro cine, tardeo tempranodesaparece. Yel cine espa-
ñol no puede permitirse el lujo de desaparecer.
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