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ACADEMIA
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F
ue Alain Bergala, el mismo que concibió en el 2000 un ambicioso
plan integral de educación cinematográfica en las escuelas france-
sas, quien encontró la clave de un tiempo nuevo en las aulas: "Toda
pedagogía debe adaptarse a los niños y jóvenes a los que se dirige,
pero nunca en detrimento de su objeto de estudio”. Y aunque el cine
ha venido demostrando su indiscutible valor como apoyo para impartir
mejor otras disciplinas, tal vez no estemos aprovechando del mejor
modo los beneficios educativos de convertirlo en un objeto de estudio
en sí mismo.
Entre las principales virtudes del cine se encuentra su capacidad
de contribuir a la formación del espíritu crítico en el alumnado, una
de las formaciones transversales de nuestro sistema educativo que,
sin embargo, con el tiempo se convierte en una de las lecciones más
importantes. Aquellas sociedades que invierten recursos en formar a
los jóvenes para que sepan tener una mirada crítica terminan bene-
ficiándose de ciudadanos más íntegros, más sólidos, y por supuesto
más libres. Más que nunca la avalancha informativa del mundo que
habitamos exige a los ciudadanos saber discernir con un criterio propio
ante las situaciones más confusas, y las preguntas y respuestas que
plantean desde siempre la mayoría de las historias cinematográficas –al
igual que las literarias– suponen una base formativa de importancia
crucial para enfrentarse a las dudas que más tarde servirá a nuestros
alumnos en el mundo moderno.
El cine es su historiografía, pero también su lenguaje. Su estéti-
ca, pero también sus códigos. Su teoría, pero también su práctica.
Su industria, pero también su raíz creativa. No se trata solo de dar a
conocer el cine o acudir a él (a sus grandes temas y sus grandes obras)
como canal de transmisión de conocimientos, sino de sensibilizar a las
nuevas generaciones acerca de la propia creación cinematográfica y su
decisivo papel en la formación de un imaginario colectivo del siglo XX.
En el camino hacia una nueva formación cinematográfica encuentro
más oportuno hablar de una alfabetización audiovisual. De cómo todo
lenguaje debe ser interiorizado para poder descifrarlo convenientemen-
te. De cómo las imágenes del pasado comentan, interpretan y dan forma
al presente. De los hilos invisibles o, al contrario, esencialmente visibles,
que conducen las películas del presente al pasado y viceversa. Enseñar
el cine –a verlo, interpretarlo y hacerlo– se impone como un rito de
transmisión muy oportuno para formar una mirada atenta hacia las imá-
genes que nos rodean y nos modulan. El arte cinematográfico se caracte-
riza por revelar culturas que desconocemos, por registrar un mundo en
El cine entró hace décadas
en las aulas como herra-
mienta pedagógica de apo-
yo a otras materias. Hasta
ahora, en la mayoría de los
sistemas educativos, inclu-
yendo el español, ha sido
un medio pero no un fin. A
esta hora del siglo XXI, la
riqueza del séptimo arte es
tal; su valor histórico, artís-
tico, literario, cultural, sen-
timental, moral, estético,
y estructural es tan amplio
y variado, que es buen mo-
mento para plantear que su
paso por la escuela sea algo
más que instrumental, con-
virtiéndose a su vez en obje-
to educativo.
CINE Y EDUCACIÓN
ÍñigoMéndez deVigo yMontojo
El tiempo
de la formación cinematográfica
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