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ACADEMIA
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LA MIRADA IBEROAMERICANA
Las mujeres
C
reo que para entender la realidad de los roles de liderazgo de
las mujeres en el cine de América Latina debemos dilucidar
que, en muchos de nuestros países, en particular en aquellos
donde la cultura está absolutamente ausente de sus visiones
políticas, el oficio del cine no es ni popular, ni codiciado. Hacer cine
requiere de muchísimo coraje, ingenio, talento y oídos sordos. Reunir
fondos es sumamente difícil y, una vez que se logra, los realizadores
se exponen a evaluaciones de rentabilidad económica y críticas a las
que pocos están expuestos. Tal vez por lo difícil que es y por todos
los requisitos que requiere hacer cine, las cineastas latinoamericanas,
desde un inicio, se han hecho un espacio y han producido un cine de
poderoso contenido artístico e intelectual, pero estos logros y espacios
adquiridos no están garantizados para la mujer.
Para entender el por qué, hay que llegar a términos como que el
mundo es un patriarcado y que, en algunas partes de él, esta soga es
más asfixiante que en otras. América Latina encaja dentro de este
panorama ineludiblemente y la mentalidad patriarcal no está solo
delimitada a los hombres. Las mujeres hemos sido secuestradas por
el patriarcado y sufrimos del síndrome de Estocolmo. A menudo
nos cuesta creer que podemos o tenemos el derecho de hacer lo que
queramos, y somos críticas inclementes cuando nuestros quehaceres
profesionales no se adaptan a la obligación, inculcada desde nuestra
niñez, de ser la costilla de Adán.
Por ello, cineastas como la venezolana Margot Benacerraf, quien
obtuviera en 1958 dos premios en el Festival de Cannes por su película
Araya, y la argentina María Luisa Bemberg, quien fuese nominada
al Oscar en 1984 por Camila, al igual que las laureadas Fina Torres
de Venezuela, Suzana Amaral de Brasil, María Novaro de México,
Lucrecia Martel de Argentina, y documentalistas esenciales como
Marta Rodríguez de Colombia y Sara Gómez de Cuba fueron algunas
de las que, en su calidad de directoras y por sus logros profesionales
e históricos, abrieron un camino para muchas otras, que hoy, junto a
ellas son parte fundamental del mural que dibuja
la historia del cine latinoamericano. Sin embargo,
¿qué pasaría si el día de mañana esta industria
cinematográfica toma vuelo y se convierte en
una máquina económica? ¿Nos echaremos las
mujeres a un lado para que los hombres tomen el
control? Pasó cuando Hollywood se convirtió en
una industria económica de enorme rentabilidad.
Las mujeres ocupaban el 50% de los cargos en las
producciones cinematográficas y en el momento
en que el dinero empezó a fluir, la fuerza femenina
fue desplazada. Esto no puede ocurrir con
América Latina y probablemente no ocurra luego
de la fuerza del cine femenino. El mundo necesita
la visión femenina, no solo para hablar de la mujer
sino también del hombre.
En el cine centroamericano emergente,
mujeres cineastas en el género documental y
ficción ocupan un importante espacio y aportan
a la historia del cine femenino latinoamericano.
Esperemos que la nueva camada de directoras,
entre ellas las centroamericanas y caribeñas Ana
Endara y Annie Cannavaggio de Panamá, Paz
Fábrega y Laura Astorga de Costa Rica, Laura
Amelia Guzmán y Yanillys Pérez de República
Dominicana, por mencionar algunas, no suelten el
mando de aquello que no ha sido nada fácil lograr.
Nuestro cine solo será más rico y único con la
equilibrada y necesaria participación de la mujer.
• Pituka Ortega-Heilbron es directora ejecutiva del Festival Interna-
cional de Cine de Panamá, es directora, guionista y productora.
PitukaOrtega-Heilbron
El mundo necesita
la visión femenina
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