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ACADEMIA
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“V
engo de una familia en la que cada uno de los miembros dañaba a los demás.
Luego, arrepentidos, cada uno se dañaba a sí mismo”. Con esta cita del mexicano
Carlos Fuentes se abre la obra más personal, hiriente y desgarradora que firmó
el tándem formado por Dunia Ayaso y Félix Sabroso.
La isla interior supusoundefinitivo cambiode registropara la pareja, que abandonó
la comedia vodevilesca para abrazar el drama sin concesiones, configurando un relato
amodode tragedia griega sobre el pesode la familia y su consideración como elemento
generador de dependencia, dolor y daño emocional, que se convierte al mismo tiempo
en refugio, pero también en condena.
Durante los títulos de crédito veremos los espacios que habitarán los protagonistas
junto con algunos de los objetos personales que los definen, las calles vacías por las
que pasearán, el mar omnipresente como fondo telúrico. Cuadros estáticos a modo de
retablos pictóricos, de naturalezasmuertas, que remiten a EdwardHopper y que sirven
para adentrarnos en ese universo cerrado, secreto y privado, de intimidad envenenada
y viciada de rencor y dolor que es el de los secretos familiares.
A continuación, conoceremos a esos personajes que se encuentran atrapados den-
tro del encuadre: Gracia (Cristina Marcos), Coral (Candela Peña) y Martín (Alberto San
Juan), tres hermanos que se reúnenpara despedir junto a sumadre (GeraldineChaplin)
a su padre (Celso Bugallo), a punto demorir. Seres lastrados por las heridas que han ido
arrastrando desde el pasado y por la huella genética de un trastornomental que los ha
condenado al aislamiento y a la inadaptación social. Los tres han generado a su alrede-
dor relaciones imaginarias cuyas expectativas no se corresponden a la realidad. Nohan
sido capaces de asumir sus problemas y se han blindado en sí mismos, desprendiendo
unalientodeprofunda indefensión. Sonvulnerables y están totalmente solos, amerced
de las agresiones externas, y solo se tienen los unos a los otros, pero precisamente el
malsano vínculo que han establecido entre sí ha sido el responsable de la desgracia en
sus respectivas vidas.
Dunia Ayaso y Félix Sabroso componen un delicado drama silencioso repleto de
miradas y palabras que transpiran rabia y rencor, también de reacciones que provocan
una profunda conmiseración hacia los personajes, tanmalheridos en lomás profundo
de su ser que se muestran incapaces de salir de los compartimentos estancos, de esas
islas interiores que ellosmismos se han creado. Hay delicadeza a la hora de trenzar esas
relaciones, hay respeto ymucho sentimiento ahogado, como si todos necesitarangritar
para expulsar sus demonios y no pudiera. No se atrevieran a hacerlo. También hay una
enorme complicidad con un elenco de actores en estado de gracia que en sumomento
no recibió la atención que merecía. Cada uno de ellos aborda papeles dificilísimos, de
una complejidadcasi al bordedel abismo, y lohacenconuna extrema sutileza ymesura,
acorde a la elegancia de los planos y su estilizada composición. Poco tiempo después
fallecería Dunia Ayaso dejando tras de sí esta obra excepcional.
• Beatriz Martínez es crítica de cine en Fotogramas, Caimán, El Periódico y Tentaciones de El País.
BeatrizMartínez
| Familia, refugio y condena
La isla interior
, Dunia Ayaso y Félix Sabroso, 2009
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