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ACADEMIA | El rescate
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“N
o me gusta dejar la puerta cerrada” dice Antonia a su hija Rosa, en una de las
escenas de La puerta abierta de la directora Marina Seresesky. Y ese tal vez sea el
momento clave de una historia que mereció tener más recorrido en una cartelera
que aparta demasiado pronto a las películas pequeñas, pero grandes en sus contenidos
y magníficas en sus interpretaciones, como es esta. La ópera prima de Seresesky.
El mundo en una corrala, un edificio de vecinos donde se gritan, se ayudan, se
critican… donde apenas se conoce lo que pasa dentro de cada una de sus casas. La
cámara de Marina nos permite compartir la convivencia de una madre, Antonia, que
está postrada en una silla de ruedas, pero todavía fantasea frente a su espejo donde se
pinta los labios de rojo, se pone las pestañas postizas y una peluca morena para emular
a su admirada Sara Montiel. Antonia, como todos, también tuvo un pasado y en ese
tiempo fue María Luján, nombre artístico de una prostituta a la que se rifaban todos
los hombres casados. Y tuvo una hija, Rosa, papel que interpreta una Carmen Machi
en estado de gracia. Una mujer que vive de noche, instalada no solo a la espera de un
cliente, también en la tristeza. Ese vacío que deja una vida sin nada, solo el amanecer
para regresar a casa, y continuar de nuevo al día siguiente.
Dos mujeres que un día, por sorpresa, encuentran a una niña escondida en su
pequeña casa. Esa niña es otra víctima de ese vecindario, su madre ha muerto por
sobredosis y ella, con miedo a ser recogida por la policía, decide esconderse en casa de
la única vecina que siempre deja la puerta abierta.
Ella es ‘Rusita’, una dulce pequeña de 6 años que ha tenido que madurar
rápidamente por las circunstancias. A este trío de mujeres se les une una vecina
muy especial, Lupita, una mujer transexual que es más que familia para ellas: es su
cómplice y el consuelo que necesitan en los momentos más duros. Un papel que borda
un siempre excelente Asier Etxeandía. Y el resto de los personajes a los que dan vida
actores como Sonia Almarcha, Yoima Valdés, Lucía Balas o Paco Tous.
Marina maneja la cámara en el interior de esa casa con habilidad, dejando siempre
un lugar al espectador. Haciéndole cómplice de lo que sucede. Dirigiendo a los
actores como solo ella sabe, el ser actriz da un grado de empatía con ellos. Y el haber
dirigido varios cortometrajes, como La boda, nominado a los Goya en 2013; El cortejo,
seleccionado a los Goya en 2011; o Madres, 0,15 el minuto, Biznaga de Plata en el
Festival de Málaga. Es un lógico proceso para llegar a este largometraje, que merecía
haber tenido un mayor recorrido.
La puerta abierta bebe de los referentes a los que admira su directora, como
Berlanga, Adolfo Aristarain o Billy Wilder. El humor se mezcla con la dura realidad
de lo cotidiano en las dosis justas. Mostrando la propia vida, donde las mujeres son
las auténticas protagonistas, donde los silencios cuentan más que las voces de los
vecinos. Donde la noche solo es para salir a trabajar y el día para vivirlos en el interior
de una casa que esconde sin saberlo la posibilidad de una segunda oportunidad.
En una película donde los detalles nos dan algunas claves destacan tres: una
bolsa de agua caliente, una maleta y una planta. Lo demás, Marina Seresesky lo deja a
nuestra entera fantasía.
• Yolanda Flores es directora y presentadora del programa “De película” de Radio Nacional de España.
Yolanda Flores
| La vida instalada en la tristeza
La puerta abierta
, Marina Seresesky (2016)
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