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ACADEMIA
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FestivaldeSanSebastián2017
| Sección Oficial. A Competición
Manuel MartínCuenca
|
El autor
Esta vez
tuvimos suerte
H
ace unos años, recién terminada Caníbal, estaba leyendo sin
parar. Una especie de obsesión compulsiva que me aparece
(nada grave, creo) cuando necesito alejarme de aquello en lo que
he estado enfrascado durante un largo tiempo. Leer historias,
ventanas a otros mundos, es una forma de poder desprenderme de mí
y de lo que he hecho. Así que, de esa manera, encontré la novela de
Javier Cercas, una pequeña joya escrita antes de Soldados de Salamina
que yo no conocía.
La novela me pareció de una inteligencia malvada porque era un
retrato de todos aquellos que nos dedicamos, de una forma u otra, a
construir historias. Un retrato de la estupidez, la osadía y la obsesión
que es imprescindible para dedicarse a esto. Como ven, no hablo del
talento ni la sabiduría ni la creatividad, conceptos que me parecen
bastante borrosos e imprecisos y que se suelen utilizar casi para todo.
Lo que me encantó de la novela fue la ambigüedad de no saber si su
personaje principal es un completo idiota o un genio en ciernes y el
hecho de que todo me sonaba familiar en sus actos. Como si el camino
para desembocar en la más absoluta necedad fuera exactamente el
mismo que el que lleva a la genialidad. Me pareció un gran hallazgo
y me reí mucho. Me reí, sobre todo, de mí mismo. ¿No era yo, como
quizás lo sea también Javier Cercas y por eso escribió la novela, ese
estúpido que trata de hacer algo grande? Recuerdo haberme leído la
novela de un tirón (no es muy larga, así que no tiene ningún mérito),
cerrar las tapas y quedarme sonriendo un largo rato pensando: aquí
hay una película.
Unos meses más tarde me cité con el productor José Nolla y le
hablé de la novela. Le gustó y decidimos explorar la posibilidad de
hacerla, así que contactamos con Javier Cercas.
Su predisposición fue inmediata pero no dejó de
manifestar un cierto asombro porque quisiéramos
adaptar esa primera novela suya de la que casi
nadie se había acordado hasta ahora. A mí me
hacía gracia pensar que él probablemente temía,
en silencio, que fuéramos tan estúpidos como el
propio personaje de su historia. Y me hacía gracia
pensar que realmente lo éramos.
El siguiente paso, si más o menos recuerdo
bien, fue que Alejandro Hernández, mi
coguionista más habitual, leyera la novela. En
cuanto lo hizo me llamó y me dijo que no entendía
dónde había visto una película en esa novela y
me transmitió un sinfín de preocupaciones sobre
la adaptación que sirvieron de primer aviso a
navegantes. Le contesté más o menos como pude
cuál había sido mi primera intuición y que estaba
pensando en que el protagonista fuera Javier
Gutiérrez. Al oír su nombre recuerdo que me
contestó algo así como: “ah, entonces, así, sí… “. Y
nos pusimos a trabajar.
Lo que vino después es un recorrido para
terminar de escribir el guión, montar el proyecto,
levantar la financiación, montar el equipo,
hacer el casting, preparar la película, rodarla,
montarla… que me salto porque no quiero
aburrirles a ustedes, pues seguro que tienen
muchas cosas más importantes que hacer que leer
estas pequeñas notas que me han pedido, muy
amablemente, en la revista de la ‘ACADEMIA’.
Así que saltado este ‘engorroso’ periodo, aquí
estamos… con una nueva película que tenemos
la suerte de que va a competir en San Sebastián.
Así que, como todo aquel que salta a la arena, no
nos queda más que decir: “Morituri te salutant”…
y por la parte andaluza que me toca: “Y que nos
quiten lo bailao”.
Muchas gracias.
“Al leer la novela de Javier
Cercas me reí, sobre todo,
de mí mismo”
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