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ACADEMIA
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ESPAÑA Y HOLLYWOOD
D
urante mucho tiempo, la gente de mi generación ha dado por
supuesto que la preferencia del público español por el cine de
Hollywood tenía que ver con el férreo control que las grandes
distribuidoras con cuartel general en el área de Los Ángeles
ejercían, y ejercen, sobre las pantallas de nuestro país.
La idea no es solo de aquí; también se piensa eso en Italia,
Alemania, Suecia e incluso en Francia donde el consumo de cine
nacional es bastante mayor al que se da en otros países. La idea tiene
un fundamento muy sólido —si no te dan la oportunidad de elegir, no
hay ninguna elección posible— y está en el centro de las políticas eu-
ropeas que defienden una intervención de los poderes públicos en el
cine, incluida la de la muy liberal Unión Europea.
Una mirada histórica añade dos datos: que el origen de ese dominio
lo consiguió Hollywood aprovechando la crisis de las industrias
europeas de hace cien años, —durante la primera guerra mundial—,
y que después lo ha ido incrementado, llevando la delantera de los
cambios tecnológicos y con una fantástica capacidad de marketing,
promoción y diplomacia cultural sui generis.
Pero solo esta idea no lo explica todo. Hay otras razones, y la más
importante es que una parte de la audiencia española —y europea
o australiana o japonesa— aprecia, degusta, disfruta el cine de
Hollywood con un gusto que pasa por encima del gusto que pueda
tener por otros cines.
Hollywood ha fijado con virtuosismo una manera de contar
historias —un modelo de relato, una estilización de los personajes
y de las referencias espacio temporales, una perfección técnica, un
estilo visual y unas propuestas de identificación al inconsciente del
espectador— tan poderosa que atrapa a un público internacional con
sensaciones, sentimientos y un placer visual que seduce contra viento
y marea.
Contra viento y marea porque ha sido capaz de superar unas
cuantas, y fuertes, crisis recurrentes de agotamiento de ideas, escasez
de innovaciones y desafío de otros medios como la televisión o
Internet.
El sustrato de ese modelo y de esa fluidez
de Hollywood es un escaso apego a una cultura
de referencia nacional, su apertura a corrientes
nacidas no importa dónde o que son movidas por
el cauce de la internacionalización.
Curiosamente, la globalización, quemuchos
veían como lamayor herramienta para que Ho-
llywood impusiera un únicomodelo de hacer cine de
éxito, ha ido dibujando en los últimos diez o quince
años unmapamundi con alternativas tan poderosas,
para sus audiencias respectivas, como el cine de Bo-
llywood en India o el de Nollywood enNigeria.
Desde el corazón de Asia o de África
llegan otros modos de contar, con una fuerte
personalidad y pocas deudas con lo ajeno. Habida
cuenta de la tremenda transformación que está
experimentando la distribución, cabe pensar que,
en el futuro, al espectador (también al español) le
llegará una multiplicidad de opciones en la que el
cine de Hollywood seguirá siendo importante pero
no tan única, tan casi exclusiva, como lo es ahora.
Para un cine como el nuestro —repleto de
cosas que nos hacen sentir orgullos@s pero muy
lejos de llegar a su audiencia potencial— ese futuro
contiene el desafío de mejorar la distribución y
el marketing pero, aún más, de llevar el gusto de
las audiencias por el camino de la inteligencia
cultural, el aprecio de nuestras historias y de
nuestras maneras de contarlas. Y, por supuesto,
haciendo gala sin complejos de ese mismo espíritu
de apertura y acogida del talento creativo, venga
de donde venga. Incluso de Hollywood.
• Joan Álvarez es director general de la Academia de las Artes y las
Ciencias Cinematográficas de España.
JoanÁlvarez
Por qué nos gusta tanto
Hollywood
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