Aca227web - page 44

ACADEMIA
42
ESPAÑA Y HOLLYWOOD
D
esde dentro de este bar de Hollywood Boulevard nadie podría
decir si estamos en Los Ángeles o en Matalascañas. Se mezcla en
el sonido que sale de los walkie talkies el castellano con el inglés,
y en el centro de la sala, Neus Asensi se ríe con el director David
Martín Porras después de la última toma. "Me da igual lo que me digas,
yo aquí en América ya no me creo nada. Siempre decís que todo lo
que hago es amazing y awesome, awesome". La productora Elisa Lleras
habla con el guionista Andrés Rosende en una esquina y la directora
de arte Nina Caussa arregla las bebidas en la barra. Solo cuando se abre
la puerta de la calle entra la luz implacable de Los Angeles y se ven las
palmeras y los carteles luminosos y a una señora que baja de un taxi
amarillo con dos perros diminutos, ambos vestidos de rosa chillón.
Definitivamente, estamos en Los Ángeles.
Cuando llegué, hace ya diez años, no me gustó absolutamente
nada esta ciudad informe, testaruda, que se niega a seguir los códigos
cromáticos, políticos y estéticos del europeo, que esconde todo lo
bueno que tiene en puertas traseras de callejones improbables y en
séptimos pisos con contraseña, y que yo asociaba con un cine que nada
tenía que ver conmigo.
Es muy difícil explicar qué ha pasado en estos años, cómo me ha
cambiado tan radicalmente la opinión esta ciudad que ahora me gusta
tantísimo. Los Ángeles está hecha de contradicciones: tan fea y, de
repente, tan hermosa; miserable y millonaria, a la vez progresista y
anclada en el pasado. Inacabable, llena de sorpresas –algunas de ellas
buenas–. Rebosante de cine, y no solo de aquel
cine de Hollywood con el que yo la identificaba,
sino también de cine experimental, de cine
independiente. de gente intentando cosas. Sobre
todo llena de mucha gente intentando muchas
cosas.
A veces la ciudad entera me parece un enorme
parque temático para aspirantes a otra cosa:
candidatos a cineasta, a guionista, a productor
y, por supuesto, a actor. Según me pille el día,
con el vaso medio lleno o medio vacío, esto me
resulta inspirador o deprimente. Por un lado, este
enjambre de gente inquieta, viviendo siempre en
el futuro y en la posibilidad, llena la ciudad de
energía, de movimiento y de oportunidad, y es
verdad que uno conoce a millonarios que invierten
en proyectos en barbacoas de domingo y que se
firman contratos en partidas de billar, y que un día
cualquiera suceden las cosas más extraordinarias.
Al mismo tiempo, esta maquinaria genera un
humo un poco tóxico, hecho de falsas esperanzas
y de energía puesta en el lugar que no es.
En eso estaba pensando cuando grabé la
escena final de mi documental Next, un retrato de
un grupo de niñas aspirantes a actrices con el que
traté de captar algunas de estas impresiones de la
ciudad y de la industria. Sanae, de seis años, mira
distraída por la ventana del coche mientras ensaya
resignada para la siguiente audición. Recita
desganada las palabras. Piensa un momento. De
pronto, sin preguntar yo nada, se vuelve a mí y
mirando a cámara me dice: I can not wait until the
future (no puedo esperar a que llegue el futuro).
Hace una pausa y me lo repite. I can not wait until
the future. The future where almost everybody is
dead (no puedo esperar a que llegue el futuro.
El futuro, cuando estemos casi todos muertos).
Es extraño, pero entendí exactamente lo que
quería decir con esa frase tan extraña. Esa misma
mañana, habíamos estado en el Teatro Chino
de Hollywood Boulevard, mirando las huellas
EliaUrquiza
Pasado, presente
y futuro
"Los cineastas españoles en
Los Ángeles compartimos
la sensación extraña de
habernos encontrado en
otro planeta"
1...,34,35,36,37,38,39,40,41,42,43 45,46,47,48,49,50,51,52,53,54,...124
Powered by FlippingBook