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ACADEMIA
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ESPAÑA Y HOLLYWOOD
un lujoso chalet en La Moraleja, ‘La Bruja’, a las afueras de Madrid,
mudándosedespués a la capital, enel barrio residencial deEl Viso, calle
del Doctor Arce, en un amplio piso, vecino del que ocupaba el general
JuanDomingoPerón, expresidentedeArgentina, que ladenunciópor el
alboroto que generaban sus fiestas, a lo que ella replicaba asomándose
al balcón e insultando en español al dictador destronado.
También experimentó pasión por España, de una manera
exuberante, el gran Orson Welles, así que más que un transeúnte
temporal se le puede considerar como un visitante permanente: sus
cenizas fueranesparcidas en la fincade recreoSanCayetano, propiedad
de su íntimo amigo el torero Antonio Ordóñez. Con 17 años recién
cumplidos seplantóenSevilla, concretamente enTriana, decidido a ser
torero, llegando a ser anunciado en los carteles como ‘El Americano’:
no tuvo fortuna en el ruedo, pero sí fomentó su afición desmedida al
toreo y su entorno. Cinematográficamente, España fue para Welles
un extenso campo de operaciones a lo largo de las décadas, aunque
hizo pasar por conveniencias de producción la castiza Casa de Campo
madrileña en escenario de la batalla de Shrewsbury para Campanadas
a medianoche / Falstaff - Chimes at Midnight (1965), filme que produjo
EmilianoPiedrayque leproporcionónumerosas localizaciones ibéricas
que el genio deWelles convirtió en una sombría reproducción plástica
de la Inglaterra medieval, como mezclar gracias a su maestría en el
montaje callejuelas de Pedraza o Calatañazor con auténticos rincones
londinenses.
No contento con esta mistificación artística, utilizó Chinchón
o Colmenar Viejo para ambientar a base de unos simples paños con
inscripciones chinas, colgados de los soportales, y habitados por
E
l reputado actor británico Sir AlecGuinness se
encontrabamuy adisgustoenEspaña, cuando
vino a rodar La caída del Imperio romano
/ The Fall of the Roman Empire (Anthony
Mann, 1964). No le gustaba el guión, no apreciaba
al director pero, sobre todo, no soportaba el
carácter de los españoles, a los que calificaba de
orgullosos y pedantes. “Todos se creen nobles”,
se le ocurrió comentar en voz alta; alguien que le
escuchó el despectivo comentario no tuvo más
remedio que espetarle: “fíjese bien, don Alec, que
ese señor es un verdadero aristócrata”, y señaló
al técnico de sonido que estaba preparado para
seguir trabajando y que respondía al nombre de
DonAlfonso Carvajal y Guzmán, Conde de Aguilar
e Inestrillas y de Villalba, Grande de España.
EnelpoloopuestodelaltivoGuinnesssehallaba
la adorable Ava Gardner, que sintió un ardoroso
flechazo por nuestro país y por sus habitadores
masculinos, desde que aterrizó en la Costa Brava
para protagonizar Pandora y el holandés errante /
Pandora and the Flying Dutchman (Albert Lewin,
1951). Siguió viniendo en varias ocasiones más, no
solopara rodar películas, como 55 días enPekín / 55
Days at Peking (NicholasRay, 1963), sinopara llegar
a residir demanera habitual enMadriddesde 1954,
cuando compró por 66 000 dólares de entonces
Transeúntes
temporales
Americanos en Españade laetapaBronston
JesúsGarcíadeDueñas
1...,68,69,70,71,72,73,74,75,76,77 79,80,81,82,83,84,85,86,87,88,...124
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