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ACADEMIA
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¿Dónde estaba la vocación del niño Burque?
Pensaba en dirigir porque quería crear las películas, pero
me di cuenta que es algo muy exigente y de lo que se suele
huir. Cuando te creas una imagen de lo que quieres ser, no
quieres exponerte a ello por si fracasas.
¿Hay que ser cuidadoso con lo que se sueña?
Los sueños son súper peligrosos si se te generan cuando
eres niño, porque ellos no tienen capacidad de raciocinio y
los vinculan a necesidades y vacíos emocionales. Yo tuve el
sueño del cine y escapaba de él estudiando más y más. Final-
mente fue en el teatro, que era como un aledaño, donde pude
crecer, porque este terreno no me generaba inseguridades.
¿Qué le decían sus padres?
Ellos mismos tuvieron la suerte de estudiar lo que que-
rían, incluso de reciclarse a ciertas edades. A mí me dieron
libertad y nunca lo consideraron un peligro, toda una suerte.
Qué curioso que el espaldarazo definitivo le llegase con una
película como
Requisitos para ser una persona normal
.
Sí, porque justamente trabaja eso. A mí, que siempre he
sido más cínico en lo que he hecho porque tengo guiones no
cómicos muy oscuros escritos, hay algo que me está conven-
ciendo y me está abrazando, que es la positividad y el opti-
mismo de algunos proyectos en los que me he visto inmerso
y de los que estoy muy satisfecho: ahí están Requisitos... y
Radio Gaga, proyectos de los que me siento profundamente
orgulloso y que están comandados por mujeres.
¿Cuánto nos queda que aprender sobre feminismo?
Hay que trasladar el mensaje de que feminismo tiene que
ser una palabra positiva y no negativa, solo hay que mirar el
diccionario. Y sí, el feminismo puede ser extremo, pero siem-
pre va por delante. Hagamos analogías con el pasado, pense-
mos que antes se tenía por radical que las mujeres pudiesen
votar. Recordemos que nos parecía una pérdida de libertad que
no nos dejasen fumar en los bares, o que hubo un tiempo en
que el 50% de la población opinaba que los homosexuales no
debían tener los mismos derechos que el resto. Si ahora nos
parece radical que no se piropee a las mujeres por la calle, qui-
zá dentro de veinte años entre dentro de lo normal no hacer-
lo. Quizá entonces nos habremos humanizado, porque lo que
queremos es escaparnos de lo biológico, de lo animal, porque
nos vuelve peores.
Al hilo de lo anterior, ¿somos demasiado cínicos?
Creo que hoy hay una sobrecarga de ello: todo el mundo
es cínico, Twitter es cínico, cada vez más. Parece que no im-
porta la humanidad ni la empatía, sino solo ser más sarcásti-
co que el otro y hacer zascas. Al mismo tiempo ves ficciones
comoMaster of none, en la que un humorista aparca el cinismo
porque ya no le convence, porque es muy vago y muy indivi-
dualista.
¿Son las redes sociales reflejo de la sociedad?
Tengo claro que, al menos, son un leve reflejo de cómo so-
mos. Las redes matan la empatía porque no hay mirada, no
hay voz. Todo lo bueno que tiene Twitter, que la transmisión
"Tenemos dos orejas y una boca. Por esohay
que escuchar el doble de lo que decimos".
Manuel Burque hace gala de este consejo
que le dio su padre hace años. Aunque
parece más gallego que una zamburiña,
este polifacético artista, recién sumado a las
filas de la Academia, también lleva en sus
venas sangre de madre canaria. Su humor
parte precisamente de ese origen complejo:
el sarcasmo y contenido característico del
humor de los gallegos sumado a un acting
predominantemente isleño. Este verano
aún saborea las mieles de un espacio tan
necesario y terapeútico como Radio Gaga
–"no sabíamos que una televisión así era
posible"–. Hay Burque para rato.
Juan MGMorán
Manuel Burque
“Las redes
sociales matan
la empatía porque
no hay mirada”
¡Bienvenidos!
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