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ACADEMIA
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número uno en taquilla en muchos países, porque
se convertía en un maravilloso movimiento
social. Ir a ver una buena película era también
poder hacer el bien. Las redes sociales han ardido
animando a la gente a ir al cine. Ahora ya no me
llaman loco, e incluso animo a que haya más locos
como yo.
Lo que de verdad importa está dedicada a Paul
Newman. Este gran actor, al quien tuve la fortuna
de conocer y formar parte de su fundación, usó
su fama para crear una marca de alimentos 100%
benéfica (¡otro loco!) que se llama “Newman's
Own”. Poca gente sabe que a día de hoy ya ha
donado más de 550 millones de dólares. No,
eso no es una errata. Con este dinero, Paul creó
campamentos para niños con enfermedades
graves. Experiencias curativas de una semana, sin
ningún coste, en lugares idílicos. Hay treinta por
todo el mundo y han ayudado ya a unos 130.000
pequeños guerreros. Aladina, mi fundación,
podrá, gracias al éxito de la película en España,
enviar a 1 000 niños con cáncer en los próximos 5
años.
Disculpadme si parece que presumo de estos
logros. He perdido a tantos niños amigos míos
que estas victorias, tan difíciles de lograr como es
poder hacer cine, las saboreo como regalos para
seguir combatiendo a un feroz enemigo: el cáncer
infantil.
• Paco Arango es director de cine
y presidente de la fundación Aladina.
U
na buena película es como la última gran sesión de hipnosis.
Siempre y cuando te entretenga el largometraje, estás a oscuras,
en silencio y capturado por un mensaje que te llega directo al
corazón. Eso ha sido mi gran motivación: poder transformar a la
mayor cantidad de gente posible con mensajes importantes y a la vez
hacer el bien recaudando dinero.
Es inusual que un cineasta compagine su labor profesional con
otra tan intensa como es el cáncer infantil, como hago yo. Llevo 16
años literalmente metido en hospitales oncológicos y tengo mi propia
fundación que se llama Aladina. Mi primera película, Maktub, contaba
la historia de un chaval canario de 15 años, Antonio, a quien conocí
durante su tratamiento. Quería contar que, lejos de ser todo aquello
una experiencia triste, estos pequeños guerreros, como les llamo yo,
emanan amor y alegría. Hice un trato con Antonio, si la cosa salía
bien, con lo que yo ganara con la película, haría el mejor centro de
trasplantes de médula ósea infantil en España. Antonio, lamentable
e inesperadamente, falleció. Pero gracias a su historia, el Centro de
trasplantes Maktub en el hospital Niño Jesús de Madrid es hoy una
realidad. Hasta la fecha se han realizado 195 trasplantes en un centro
pionero y todo gracias a la recaudación de una película. ¡Olé!, como
solía decir mi abuelo.
Mi segunda película, Lo que de verdad importa (The Healer), tenía
como objetivo algo jamás hecho: hacer una película internacional
que fuese 100% benéfica. Era tal la locura que hasta mi familia, que
me quiere bien, intentó disuadirme. En todos los países donde se
estrenase, la recaudación íntegra sería para niños con cáncer de dicho
país. ¡La película ha sido un gran éxito! Ha superado los 3 millones de
espectadores en ocho países y de los 10 millones generados en taquilla,
he podido donar 3 millones para niños enfermos. Aún me quedan
EE.UU. (abril), Brasil (marzo), Italia y cuatro países más. Además
del dinero que ha donado, que es una bendición, la película ha sido
"Con
Lo que de verdad importa
tenía un objetivo:
hacer una película internacional 100%benéfica"
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