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La Academia Actualidad 'El teatro es mi marido y el cine, mi amante arrebatador'

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Rosa María Sardá

25/10/2010 | Noticias

'El teatro es mi marido y el cine, mi amante arrebatador'

'El teatro es mi marido y el cine, mi amante arrebatador'

La actriz recibe hoy la Medalla de Oro de la Academia

Pocas actrices españolas en activo han sabido congeniar como Rosa María Sardá la comedia y el drama con similar fortuna. Pero respecto a su presencia intermitente en la gran pantalla, la imagen que se ha impuesto es la de una actriz especialmente dotada de una indiscutible vis cómica. Una artista de múltiples facetas que van apareciendo en la conversación, capaz de traer a la memoria la imagen de las ilustres actrices de carácter de los años cincuenta y sesenta, pero también de conmover sobre los escenarios con la representación de obras como Actrius, Wit o La casa de Bernarda Alba.

La impresión de señora seria y en cierto modo prevenida se diluye a los diez minutos de conversación. Se ha dispuesto un sillón en el patio de la sede de la Academia para que tenga dónde reposar los brazos durante la charla. Pero no los reposa. A cambio “La Sardá” gesticula, fuma y se ríe. Es todo lo que se espera de ella: es graciosa sin perder la gravedad, y franca pero oportuna. Resulta, además, que habla muy bajito…

Eloísa Villar

Su personaje en Wit se reía de la muerte. ¿De qué se ríe la Sardá?
De lo que tiene gracia, lo digo siempre. Puede parecer subjetivo pero no lo es; hay cosas que son graciosas en cualquier parte y no hace falta hablar de humor inglés o catalán o italiano. Lo que provoca mi risa es casi siempre algo inesperado.
Yo soy una señora senegalesa o saudita que no la ha visto a usted en la vida y por alguna razón (que se la invente un guionista) me tiene que explicar quién es usted. ¿Qué me cuenta?
Ya me he encontrado en la situación, en los campamentos de refugiados saharauis, y me dio casi vergüenza. Reflexioné: ¿qué es lo que hago? ¿Convertirme en una persona que no soy, convencer a los demás? Ya sé que es contar historias, y me encanta mi profesión, o me ha encantado; pero es muy difícil explicarlo a alguien que no ha ido al teatro, que no ve cine, y que te pregunta: ¿cuál es tu trabajo? Decidí no contarlo. Decía: soy actriz. ¿Y eso? Pues es complicado, ya te lo contaré otro día; vamos a hablar de nosotros, de ahora; tomemos el té y hablemos de los problemas que podamos solucionar desde la sociedad civil…
Precisamente su hermano Federico (la búsqueda de Sardá en Google reporta estas curiosidades) dijo en una entrevista: “Nosotros no somos importantes; importante es el señor que saca la basura; sin él, Barcelona es inhabitable”. ¿Coincide? ¿Qué es lo importante?
Lo importante es el respeto. Sobre todo a los derechos humanos, que no se respetan en absoluto. Hay más cosas importantes, naturalmente; para un niño de tres años perder el lápiz rojo lo es, y mucho; pero cuando uno ya es adulto sabe, o debería saber, que hay cosas más importantes que las que le pasan a uno mismo.
Decía usted a finales de los noventa: “Si eras pobre tenías que espabilar. La gente no tiene memoria, creen que siempre han estado así y que esto lo ha conseguido el PP. Desde hace 200 años, el progreso y las mejoras se deben a la izquierda. Pero sólo se recuerda lo malo que han hecho algunos”…
Esto lo he dicho y lo reitero; puedes sacar el párrafo literal y ponerlo.
A propósito de la convivencia; el tema de la homosexualidad está muy presente en su carrera, ya sea tratado en clave de humor o dramática: Desde Alegre ma non troppo, en la que hacía de madre de un homosexual “arrepentido”, hasta Las amargas lágrimas de Petra Von Kamp, pasando por Amic/Amat o A mi madre le gustan las mujeres. ¿Ha sido casualidad? ¿Le llegan los guiones, le atrae a usted especialmente por simpatía personal, por compromiso social… Considera que ya se ha normalizado del tema en este país?
No; normalizado no. Todos sabemos que hay grupos radicales que no lo asumen, pero volvemos a lo de antes: que no se crean que siempre hemos estado así. Se pueden casar, tienen los mismos derechos; vamos avanzando. Mi hermano pequeño, el que murió, era homosexual y siempre fue una persona perfectamente normal y una de las más encantadoras que he conocido en esta vida, y mejor persona. Exactamente igual que cualquiera.
Lo de los guiones sí ha sido casualidad; elegir los personajes no está al alcance de muchos actores, entre los que me cuento; he de decir que en esto he sido realmente afortunada, porque yo empecé en el cine con cuarenta y tantos, la edad en que las actrices empiezan a quejarse de la falta de papeles. Elegir siempre eliges, aunque lo importante, también, es elegir trabajar y ganar el dinero suficiente para comprar un no. El no es importantísimo en casi todas las profesiones.
¿Se ha visto en la situación?
Sí; cuando he podido lo he comprado. Pero he tenido bastante suerte con los guiones.
¿Se los lee enteros? ¿Cómo los lee?
¿Yo? De pe a pa, hasta el copyright. Sólo una vez, llegó un guión, leí una página y le dije a Majós, mi representante: oye, que no. Y me dijo, pero mujer, lee algo más, y yo le dije: no es necesario. Pero es la excepción. Algunas veces es que está tan claro…
¿A qué papel, a qué peli, a qué obra, dijo que no? ¿Y cual es la que siempre quiso hacer?
No me acordaré; pero la mayoría de veces que lo he dicho ha sido porque yo misma no me veía en el personaje. Meterme en un sitio donde sé que no voy a dar lo que necesitan... En teatro es otra cosa. El teatro es mi marido, yo me he casado con él, y el cine es mi amante arrebatador.
¿Hay personajes que no se vio capaz de hacer en un momento dado y ahora con la madurez sí aceptaría?
No, al contrario; cuando eres joven te ves capaz de más cosas; no tienes la responsabilidad ni la conciencia, te exhibes pensando que sabes hacer algo. Luego te vas dando cuenta de lo poco que sabes, de que te queda muchísimo por aprender; y después llega ese otro momento, cuando sabes que no vas a alcanzar tampoco eso.
Usted siempre dice que Ventura es su familia, o Benet, hombres que han “velado por usted” en este oficio; Lluis Pascual…
Oristrell, Colomo, Fernando Trueba, y me voy a dejar; no me gusta nombrar porque ya sabemos cómo es lo de la memoria, pero insisto en que he tenido mucha suerte y me he encontrado personas magníficas en todo esto que llamamos carrera, que es la vida, es mi oficio, en el que me he desarrollado en manos de gente cuya confianza en mí me asombra y me emociona.
Sabemos que es una persona celosa de su intimidad, pero ¿se considera pudorosa? Sobre todo a la hora de contar lo que le preocupa o conmueve. ¿Qué le preocupa?
Yo me considero pudorosa en todo y no creo que ni mi opinión ni mi vida sea interesante ni concluyente. Mi comportamiento, la forma como se vive en mi casa, con eso me expreso. Intento ser consecuente con la sociedad en la que tengo que vivir, y ser consciente de que el 90% de las personas que habitan el planeta no tienen lo mínimo, y de que eso es una injusticia muy grande. Con mi forma de comportarme y de entender las cosas creo que aporto mi grano de arena para que un día se llegue a una normalidad que seguramente no veré. Esto es muy lento, por lo que veo.
Dice que no se encuentra graciosa ni simpática, pero que se cae bien. Quizá su imagen pública sea otra. ¿Qué ve cuando se mira en los otros?
La gente cuando te mira lo que ve es un producto; ahí paran. Es lo que decimos siempre: por qué asombrarse de que yo haga la Poncia de la Bernarda o la Dra. Bering y no si hago Ahí te quiero ver o Yo me bajo en la próxima. Esto es una partitura y si lo que tiene que sonar es un vals jota, yo tengo que tocar la parte que me toca que suene a vals jota.
¿Qué otras partes de la orquesta, qué especialidad le impresiona?
¿En el cine? Sobre todo la de foquista.
En general los actores alucinan mucho con ese oficio, con el manejo de la luz…
Hombre, es que es fundamental. Sería incapaz de asumir esa  responsabilidad. O la del director; he dirigido tele y teatro, pero sé que no tengo cualidades para dirigir cine.
El teatro es un arte, la televisión un entretenimiento y el cine queremos que sea ambas cosas y además una industria. Ahora que los tres mundos se mezclan tanto, y se pierde la especialización, y los actores son tan versátiles; ¿qué puede aprender el cine de los otros dos?
Los tres medios viven básicamente de la literatura; eso los hermana, aunque cada cual tiene su expresión completamente distinta. El arte puede y debería estar en cualquiera de los tres. No siempre es así y no sólo en la pobre televisión que siempre paga el pato. Aunque se lo haya ganado a pulso.


Rosa María Sardá

ACTORES
Pero la tele da de comer cada vez a más gente, a actores que de otra manera…
La imagen ahí está, la mala prensa existe. Sobre todo por la telebasura.
¿Y en cuanto a la forma de trabajar?
No me lo he planteado, pero parece ser que hay actores de teatro que luego no funcionan en el cine, o al revés. Son gente que se ha criado solamente en un sitio, y para dar el paso a otra forma de expresión hay que ser capaz de empezar de cero. Olvidar todo lo anterior, todo lo que sabes.
¿Lo mismo es aplicable a los actores de drama que no funcionan en comedia o viceversa?
Claro, aunque a veces eso tiene más que ver con una cierta comodidad; si esto me funciona, para qué me voy a mover.
Colomo dice que es más fácil que un actor de comedia funcione en un drama que al revés.
Siempre, siempre. Fíjate, tú te has reído y has llorado con Charlot, ¿no?
¿Se ve cuando se mira en los otros?
No, me sorprendo mucho. La gente me ve y espera que haga la voltereta, eso lo he notado, y a veces es más fácil hacerla. ¿Qué quiere usted, una voltereta? Pues tenga. Más rápido. Pero termino el trabajo y se acabó; salgo por la puerta del camerino y se acaban mis obligaciones; tengo derecho a ir a un restaurante o a un hospital, sin que se me echen encima, o al menos así debería ser.
Dar entrevistas, viajar a los estrenos, ir a festivales, recoger premios, ¿es trabajo?
Hasta cierto punto. Cuando hago un trabajo y los que lo han producido creen que tengo que ayudar a que se venda, sí. Porque una cosa es promocionar lo que has hecho y otra cosa es promocionarte tú. Que es a lo que no estoy dispuesta, y menos a estas alturas de la vida. En cuanto a los premios, si te es posible, debes ir a recogerlos. Cuando te quieren agasajar, ser agradecido es de bien nacido.
Pues en esta industria siempre se habla de la promoción como gran asignatura pendiente…
Sí, pero fíjate: estamos aquí con la medalla de oro de la Academia; el Consejo de Ministros también me ha concedido la medalla de Oro de las Bellas Artes y me pregunto por qué, me parece raro y estoy muy agradecida. Sin embargo yo no me he promocionado nunca personalmente. Mi mejor promoción debe haber sido mi trabajo. Mira, cuando necesitas, porque parece ser que lo necesitas, que te hagan entrevistas y salir no sé dónde, no interesas; y cuando al parecer eres interesante, tú ya no los necesitas. Y ahora ya, hija mía…
Otra cosa que dijo usted…
Es que yo cuando bebo digo cosas muy raras.
Bueno, pero no se desdice. La cita es: “Empecé por una vocación que ya no tengo: ahora es más una obligación, porque vivo de esto” ¿Es cierto? ¿Se acaba la vocación?
La vocación es eso que hablábamos; cuando no tienes conocimiento y crees en cosas. ¿Vocación de estar de gira o ir cada día al teatro? Me cuesta, me canso; además soy fumadora, que no debería serlo ya.
Es que los actores no se jubilan, y al final acaban ustedes hartos, como todo el mundo.
Si pudiera me habría jubilado. Lo que no me impediría aceptar puntualmente ofertas interesantes; pero a cierta edad deberías haberte ganado el decir: bueno, sin prisa; esto merece la pena, o éste amigo; prescindir del estrés de la vida laboral. Aunque también es una elección y parte del atractivo no saber qué va a ser mañana de ti. Insisto en que la vida es riesgo y como decimos en catalán, “qui no risca no pisca”
Los actores son unos compañeros de trabajo atípicos para cualquier asalariado medio. Los demás nos vemos la cara cada día durante horas; algunos rotan, con otros te relacionas más que con tu propia familia. Ustedes se ven de uvas a peras durante periodos intensísimos. Después pasan años y no se ven. Luego se dice que son una gran familia…
En muchas cosas no soy afortunada, no lo puedes ser en todo. En otras sí, y ésta es una de ellas; rara vez me he ido de un rodaje sin llevarme un nuevo amigo para siempre. O varios. Luego no los ves, y no pasa nada; yo que vivo fuera del epicentro natural del cine, que está en Madrid porque se ha forjado así, tengo inmensidad de amigos.
Mi gran amiga, Cristina Huete, me preguntaba ¿por qué no vives seis meses en Barcelona y seis aquí? Pues porque cuando llego a Madrid siempre es una fiesta, por eso me gusta tanto; si viviera aquí no lo sería, que incluso viviendo en la misma calle no te ves; me pasa con Laura Mañá, que vivimos al lado y tenemos que quedar para vernos. No nos encontramos ni en el quiosco de los periódicos. Vivimos en un mundo muy parcelado, muy encerrados todos.
Empezó usted en la compañía de Dora Santacreu y creo que ha compartido cartel con ella en Wit hace pocos años. ¿Ve uno en los demás el tiempo que ha pasado, cómo nos ha tratado la vida y el oficio… cuando se reencuentra después de los años en esta profesión?
Bueno, a Dora la he seguido viendo; ella llevaba mucho tiempo sin trabajar y ese papel era estupendo para ella. Uno reflexiona sobre sí mismo cada día cuando se levanta y se lava los dientes; al mirarse al espejo dice, My God. Dios mío y ésta es aquella, Dios mío y este es aquél, que decía Campoamor. Los años pasan para todos; en un momento dado, con una serie de gente, te equilibras; has estado así y luego asá, y después sigues esa rampa para abajo, hacia el final, para siempre.

 

 

 

LA IMPRONTA

Dice mucho usted que en este oficio nunca se logra el cum laude, que se trata de seguir estudiando, de trabajar, de formación contínua. ¿Qué sabe del panorama formativo actual? La RESAD, la ECAM, los cursos de guión que proliferan… ¿Están los nuevos mejor preparados de lo que estaban ustedes cuando empezaron?
Es así y es magnífico, no tener nunca el “ya lo sabes todo”. ¡Qué miedo! En todas partes se progresa, en la ciencia, en las comunicaciones, a toda velocidad… Todo se mueve, ¡y tú tienes que moverte! Aunque llegada ya cierta edad, lo de moverse… (risas). No sé si estarán mejor preparados ahora porque nunca he ido a ninguna escuela; lo han sido mi familia, la calle, las tablas. Para contestar a esta pregunta, que es complicada, diré que yo no me atrevería a ponerme a enseñar cómo se hace. Hay quien piensa que debería, amigos que están en la docencia y que creen que no sería mala profesora; pero no podría; lo de educar me parece tan imposible… empezando por los hijos. Creemos que lo hacemos, pero soy una convencida de que la impronta de cada uno puede más; siempre prevalecerá lo innato frente a lo adquirido. Lo que uno lleva dentro desde que empieza a moverse. El de docente me parece un trabajo difícil y muy noble.

 

Sardá2


Pero es cierto que el principiante que siente esa vocación de la que hablábamos, ahora sí tiene donde acudir…
Es fantástico que lo tenga, y que vaya, porque siempre adquirirá unos conocimientos, aunque luego no llegue a ser actor, o a desarrollar un talento que quizá no tiene, pero conocimientos siempre adquirirá. Y eso en cualquier caso está bien. Es cierto que te encuentras a veces con gente joven y no tan joven que no te explicas que se quieran dedicar a esto y no conozcan a Gérard Philipe o no sepan quién es Albert Camus.

 

Fotos: Marino Scandurra




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