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13/02/2013 | Noticias

Más conchas que un galápago

Más conchas que un galápago

©Nacho López

Concha Velasco, Goya de Honor 2013, se encontró con su público de hoy y de siempre en la sede de la institución

De la mano de Pedro Olea, “director fundamental” en su carrera, ‘La Velasco’ se plantó en la Academia y conversó “por los codos” con una audiencia completamente entregada a su causa. Jóvenes y mayores acompañaron a la intérprete en la escenificación de su cara a cara con el público, rieron y la miraron a los ojos. Si algo hace Concha Velasco con quien la escucha es hablarles de tú a tú, contarles aspectos de su vida que quizá nunca haya contado a nadie, en definitiva, hacer sentir especial a aquel que la tiene frente a frente. En este prolongado encuentro relató un sinfín de anécdotas y volvió a repetir como un mantra una frase de su discurso de agradecimiento del Goya de Honor: “Me gusta más el cine que la vida. Si no hubiera existido, lo habría inventado yo…”. La intérprete vallisoletana continúa el camino emprendido por el que le lleva este galardón desde el pasado noviembre. En sus propias palabras, el Goya le ha dado “un fuerte empuje, incluso publicitario. Ahora si que estoy en todas partes”.

Concha Velasco y Olea, casi pareja de hecho de nuestro cine, han trabajado juntos no solo en varias ocasiones, sino en trabajos muy fructíferos para la intérprete –Tormento, Pim, pam, pum... ¡fuego! y Más allá del jardín–. Esta relación, que va más allá del clásico trato entre director y actriz y ocupa ya cuarenta años de vida, comienza a principios de la década de los setenta, años en los que ‘la chica yé-yé’ decidió dar un giro en su carrera. “Rodando en 1971 en Santiago de Compostela me senté en una piedra y me paré a pensar. Ya tenía 30 años y estaban saliendo chicas más guapas que yo, así que llamé a Damián Rabal, mi representante, que me propuso hacer un papelito en una obra de Buero Vallejo, Llegada de los cielos. Cobraba menos, pero acepté”. Le sirvió para conocer a Juan Diego y Eloy de la Iglesia, “con ellos nos reuníamos en un café para hablar de la huelga del día siguiente, pero siempre acabábamos cantando canciones de Celia Gámez”. Pedro Olea aprovecha para comentar divertido que “Azcona me confesó un día que iba a verte exclusivamente a ti a los espectáculos de la vedette argentina, seguramente a mirarte los pechos y el trasero”. “Iría con Berlanga…”, remata Concha Velasco.

 

José Tamayo, nombre indispensable en el teatro español, le decía entonces a la actriz que no la conocía y ella exclamaba asombrada que eso era imposible –“¡Soy la chica yé-yé, la chica de la Cruz Roja!”–. Concha Velasco persiguiendo, una vez más, un papel que creía que le pertenecía vivió con el dramaturgo una situación hilarante. En un casting caracterizada hasta la extenuación, escuchó desde una esquina las palabras del señor Tamayo: “Menos mal que no ha venido Conchita Velasco porque esa que está ahí es la que tendría que hacer el papel”. De nuevo, había conseguido su objetivo.

 

 

Su encuentro con Olea

 

También fue tras el rastro de Pedro Olea cuando se enteró que iba a adaptar para la gran pantalla Tormento –“Las personas somos así. Cuando no tenemos nada que hacer, leemos a Galdós y yo me moría por interpretar a uno de sus personajes”–. No solo se puso algodones en la boca para luchar por el papel, sino que llegó a engordar 15 kilos a base de cortisona –“Son pastillas que pueden matar a un ser humano, pero con ellas conquisté no solo a Olea, sino también a Pepe Frade”–. Hasta el agotamiento dedicó sus esfuerzos para conseguir el papel de la burguesa sevillana de Más allá del jardín. El cineasta comenta que “Antonio Gala no quería a otra que no fuese Catherine Deneuve. Concha se tiñó de rubio y peleó su participación en la película, y claro que lo consiguió, pero la primera proyección del filme junto a Gala se me hizo eterna. Él venía de poner a parir La pasión turca y habíamos cambiado hasta el argumento de su historia”. Cuando terminó el pase, Gala, que se había sentado entre el director y el productor Andrés Vicente Gómez, exclamó rotundo: “No si es o no mi novela, pero es una buena película”. Respiraron aliviados.

 

Las vivencias de Concha Velasco, unidas a su prodigiosa memoria, dan para escribir varios volúmenes de un anecdotario muy particular. Por citar solo algunas y respecto a sus incursiones en el panorama cinematográfico internacional, la última musa de Berlanga comenta No encontré rosas para mi madre –“Fue en Cinecittà y con Gina Lollobrigida, aunque me miraba poco. Las cosas como son”– y Las locas del conventillo ­–“¿Os imagináis un rodaje en Argentina en el que tenía que cantar en euskera? Hay que sumarle que esto entonces estaba prohibidísimo”–. No solo se acuerda de nombres y lugares con exactitud, sino que precisa que jamás olvida un diálogo de uno de sus personajes. Da buena cuenta de ello y rememora frases en inglés y aquella canción en vasco que tantos quebraderos de cabeza le dio.

 

Se declara “muy marisabidilla”, tanto que Fernán Gómez cuando ella intentaba corregir el trabajo de la script se ponía serio y le decía: “Conchita, esto no es de tu negociado”. Ella argumenta que “los actores tenemos que conocer la técnica en el cine, y aunque los directores sean los que manden hay que ayudarles. Hay que saber el negociado, hay que cumplir y eso no se enseña en las escuelas. Yo no es que sepa mucho, sino que tengo más conchas que un galápago”. Simpática por naturaleza, le gusta “ir disfrazada por la vida de artista. Este es otro de los personajes que más me gusta” y declara que “nuestro cine necesita de la voluntad popular”. Ella apuesta por ello y continúa, aún después del coloquio, hablando frente a frente, y fuera de micrófonos, con ese público que tanto la quiere y la admira. Y es que se encargó de confesar una de sus apreciaciones más personales: “Un protagonista nunca se muere a la primera. Siempre hay que tomarse un tiempo…”.




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