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05/06/2013 | Noticias

Gracia Querejeta, por derecho

Gracia Querejeta, por derecho

La realizadora participa en un coloquio en la Academia de Cine

Gracia Querejeta se ha impuesto a los comentarios de sus inicios y se ha fraguado una carrera en el cine con el sudor de su frente. Cuando dirigió su opera prima, Una estación de paso, tuvo que escuchar que Elías Querejeta la había dirigido en la sombra. Pero en su segunda incursión en el celuloide, los críticos se quedaron mudos –a mediados de los años noventa Gracia se lanzó a rodar en inglés y su padre no sabía hablar este idioma–. Fue ese filme, El último viaje de Robert Rylands, el que la llevó al Festival de San Sebastián, donde la alzaron como clara favorita en el palmarés, pero la hicieron volver con las manos vacías. 17 años después, Gracia Querejeta se coló en la sala de cine de la Academia para volver a disfrutar el final de esa película y, mientras veía la última escena, se acordó de Elías Querejeta, su padre, pues en ese rodaje ella estaba a los mandos y le hizo reescribir el final 17 veces. Después, le tocó enfrentarse con el público que había asistido a la proyección.

Fue mucho antes de dirigir su primera película, cuando Gracia Querejeta se integró por primera vez en el equipo de un largometraje. Con sólo 20 años, fue meritoria de dirección teniendo frente a frente a Carlos Saura en Dulces horas – “Él no se acordará, pero me dio una vida malísima. Durante medio rodaje me preguntaba qué hacía yo allí”–. Lo compaginaba entonces con sus estudios de Historia en la Universidad, porque sus padres “no dieron otra opción. Había que pasar por un centro universitario antes de dedicarse a esto. Me di cuenta que la Universidad sirve para espabilar, para que uno aprenda a buscarse las cosas por sí mismo cuando ya nadie pasa lista y controla lo que haces”.

 

Cree en el poder de un buen guion y, para su escritura, se ha acompañado siempre de hombres con los que ha escrito libretos a cuatro manos –“Es muy difícil encontrar un guionista con el que te entiendas, pero cuando lo haces es maravilloso. A veces la relación se gasta. Pasó con Elías y hubo que llamar a Manuel Gutiérrez Aragón para que mediara”–. Lo que sí tiene claro es que “hay que estar muy alerta a los cambios que un texto te pide en el mismo rodaje. Me costó aprender que no terminan cuando la palabra fin se plasma en el papel” y asegura que el tiempo también le ha enseñado que “mal vamos sin la curiosidad y la inquietud que todos tenemos en los inicios. Uno es más consciente cuando conoce el sentido de la responsabilidad”.

 

Tuvo tiempo para escuchar los elogios y bondades que el público le regalaba sobre sus películas –“Tu cine gusta porque no tiene guerra, ni besos babosos ni cama. ¡Bravo Gracia!”– y contó algunas anécdotas de la relación que, en el medio, le ha unido con su padre: “La gente no se lo cree, pero jamás hemos hablado de dinero. Eso se hacía con el director de producción de turno y con Elías se hablaba de la película porque, si algo me ha enseñado, es que lo que se ve en la pantalla es lo que se queda, lo que permanece”.

 

Le toca bregar ahora con las reducciones de presupuesto que imperan en el cine español y se muestra preocupada por la situación. “Aunque 15 años y un día se haya reducido en costes, tiene una cierta factura. Es preocupante el low cost porque, como les digo a mis alumnos, puede convertirse fácilmente en no cost”, declaró. Pero, ¿cómo conseguir más con menos?, ¿de qué modo se optimizan los recursos para que no se note en la pantalla?: “si tengo que dar un consejo recomiendo a cualquiera que se pase por ‘Hospital Central’. Grabas 88 minutos en nueve días y la televisión puede ser una escuela fantástica dónde exprimir mucho los recursos. Aprendes qué es lo esencial y qué es lo imprescindible”.

 

Esta realizadora, a la que se le adjudica como leit motiv de su filmografía la presencia de los conflictos familiares, tiene un hijo que, por el momento, no quiere seguir los pasos de los que le preceden ­–“Él me dice que soy la eterna segundona. En realidad, solo tengo un Goya al Mejor Documental, del que no tengo ni la réplica”–. Considera, de todos modos, un lujo poder seguir dedicándose a lo que más le gusta y es que querría “poder seguir contando historias. De momento no me preocupa la pantalla en la que hacerlo”.




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