Academia de las Artes y las Ciencias
Premios Medalla de Oro 2011 - José Luis Alcaine (director de fotografía)

Premios - Medalla de Oro

2011 - José Luis Alcaine (director de fotografía)

Hijo de uno de los fundadores del Cine-Club de Tánger, donde Alcaine cultivó desde la infancia su pasión por las imágenes, el futuro operador comenzó a trabajar a los catorce años en un laboratorio de revelado. Consigue montar después el suyo propio mientras, gracias a su estatuto internacional, en Tánger se respiraba un ambiente cosmopolita y abierto a la cultura que va formando su personalidad en contacto con todo tipo de películas.

Llega a España en 1962 para ingresar en la Escuela Oficial de Cinematografía y, mientras estudia, se gana la vida haciendo de foto-fija en películas como Nueve cartas a Berta, en cuyo montaje se utilizan, como apoyo narrativo, las fotografías hechas por él en compañía de José Luis García Sánchez. Diplomado en 1966, al mismo tiempo que ilumina su primer corto, Nueve tierras, y realiza también sus primeros trabajos para TVE, debuta un año después como director de fotografía con Javier y los invasores del espacio (G. Ziener, 1967).

A partir de su tercer título (El hueso, A. Giménez-Rico, 1968), la filmografía de Alcaine se desarrolla en color y con él va forjando su particular estilo, en busca siempre de una imagen que haga cuerpo con la historia de forma sigilosa y armónica, que acierte a definir planos lumínicos y graduaciones de penumbra sin violentar la verosimilitud y sin hacerse notar, pero enriqueciendo el relato a costa de recortar los contornos y de construir una homogeneidad visual.

Con estos criterios, su luz perfila las ficciones de Francisco Betriu (Corazón solitario, 1972), Jaime Chávarri (Los viajes escolares, 1974), Juan Antonio Bardem (El puente, 1976), Alfonso Ungría (Soldados, 1978), o Jaime Camino (La campanada, 1979) hasta que, a comienzos de los años ochenta, inicia el despegue que lo lleva a convertirse en la figura más prestigiosa de su campo dentro de nuestra industria cinematográfica. Previamente, había trabajado ya con Vicente Aranda (Cambio de sexo, 1977, aunque Néstor Almendros fue el responsable mayoritario de aquella iluminación), y con él mantiene a partir de entonces una fructífera colaboración con títulos como La muchacha de las bragas de oro (1979); El Lute, camina o revienta (1987) y El Lute II, mañana seré libre (1988); Amantes (1991); Intruso (1993); La pasión turca (1994); y Libertarias (1996). Será su contribución decisiva a las imágenes de El Sur (Víctor Erice, 1983) la que marque una de las grandes cimas de su arte. La intensa lucha entre la luz y las sombra que impregna y da sentido a aquel inolvidable poema visual, más cercano a Vermeer que a Zurbarán, con menor aspereza y textura, pero con mayor densidad en los colores que la exhibida por Luis Cuadrado en El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), sienta una maestría confirmada después en obras como Tasio (Montxo Armendáriz, 1984), Los paraísos perdidos (B. Martín Patino, 1985), Mambrú se fue a la guerra (F. Fernán-Gómez, 1985) o La mitad del cielo (M. Gutiérrez Aragón, 1986).

Situado ya en la cúspide profesional, Alcaine recibe el Premio Nacional de Cinematografía en 1989 y es reclamado por Pedro Almodóvar para filmar Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) y ¡Átame! (1989). Sus imágenes de “luz suave y contrastes fuertes” enriquecen los trabajos de Fernando Trueba (El sueño del mono loco, 1989 y Belle Époque, 1992) y de Pilar Miró (El pájaro de la felicidad, 1993), en tres películas que le proporcionan otros tantos Premios Goya a la mejor fotografía de esos años. Directores como José Luis García Sánchez (La corte de Faraón, 1985; Tranvía a la Malvarrosa, 1996), Carlos Saura (Sevillanas, 1992; ¡Ay, Carmela!, 1990) o Bigas Luna (Jamón, jamón, 1992; Huevos de oro, 1993; La teta y la luna, 1994) se han nutrido también del combate permanente de Alcaine por doblegar la luz y por apropiarse de cada película sin despegarse de su historia y sin veleidades de lucimiento personal. Pero no hay que olvidar tampoco sus trabajos con Pedro Olea, para el que iluminó Akelarre (1984) y Más allá del jardín (1996).

En años posteriores, otras dos cintas le proporcionarían sendos premios Goya: El caballero Don Quijote (M. Gutiérrez Aragón, 2002) y Las trece rosas (E. Martínez Lázaro, 2007).

Su último trabajo le ha llevado de nuevo a trabajar bajo la batuta de Pedro Almodóvar con La piel que habito (2011), por la que obtuvo el Premio Vulcain en la última edición del Festival de Cannes, tras otros trabajos con el director manchego como La mala educación (2004) y Volver (2006).

Autor de la voz en el Diccionario del Cine Español: Carlos F. Heredero.