Terence Winter: «La sala de guionistas es como la de un terapeuta»

Por María Gil · 22 mayo, 2017

Guionista de El lobo de Wall Street y Los Soprano, impartió una master class organizada por ALMA en la Academia

Convencido de que la extraordinaria calidad de las series estadounidenses, “a menudo mejores que el cine”, tiene mucho que ver con el control creativo que ostentan los guionistas, Terence Winter confiesa que “lo que me gusta hacer más que cualquier otra cosa es escribir”.  Originario de un barrio obrero de Brooklyn, donde creció junto a las versiones reales de aquellos personajes que luego plasmaría en Los Soprano, este guionista y showrunner, al que Taxi Driver (1976) cambió su forma de entender el cine, huye de lo previsible como creador y espectador, “quiero sorprenderles y me encanta ser sorprendido”.

Nominado al Oscar a Mejor Guión Adaptado por El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, el estadounidense no sabe “si tengo tanta suerte de que las cosas me ocurren para que las convierta en historias o es que las cosas pasan y soy yo el que las hago historias. Creo que veo historias donde otros no las ven”.

Una de las claves del modus operandi de Winter, que comenzó su carrera escribiendo episodios de The Great Defender, Las nuevas aventuras de Flipper Xena: La princesa guerrera, es la dinámica de la writer’s room, donde se reúne el equipo de guionistas a debatir. “Somos totalmente libres. Es como la sala de un terapeuta. Tiene que ser un lugar seguro, donde nadie juzgue. En el momento en el que cuentas algo y alguien dice ‘qué locura’ se acaba la creatividad. Muchos momentos locos y retorcidos de las series no vienen de la imaginación de un guionista, sino de su vida y de cosas que ha visto. Tenemos todas esas peculiaridades y se las podemos dar a un personaje”, señaló.

El lenguaje es una preocupación constante para el creador de Boardwalk Empire, que reconoce que “fue fácil escribir para Los Soprano porque, era como si me estuvieran dictando los diálogos. Era la gente de mi barrio, les comprendía y había vivido con ellos. Lo difícil fue saber qué diría un biólogo marino en Flipper”. Fue precisamente en la ficción de David Chase cuando sintió por primera vez que un personaje hablaba como en la vida real –“los actores nos decían que era muy difícil aprenderse los diálogos, pero la gente no se da cuenta de que no hablamos de forma estructurada. No es pregunta-respuesta, como en algunos guiones. Normalmente cortamos frases, palabras, nos interrumpimos, mentimos…”–.

Le preocupa, en cambio, la poca importancia que se le da en los grandes blockbusters. “Están hechos para un negocio global y el lenguaje es superfluo y las acciones cada vez más simplistas. No importa en qué lugar del mundo estés, todos lo entienden. No necesitas el lenguaje, algo que es malo para mí”, afirmó.

Personajes fuera de las normas

Tony Soprano, ‘Nucky’ Thompson de Boardwalk Empire, Jordan Belfort de El lobo de Wall Street… están en el catálogo de personajes a los que les ha imaginado decenas de formas de matar a sus enemigos, burlar a la justicia o lidiar con los problemas cotidianos de su familia. Y es que, confiesa, se siente cómodo “escribiendo a hombres enfadados o locos. Y eso que soy la persona más aburrida que conozco, pero tiendo a gravitar en torno a estos personajes que viven fuera de las normas de la sociedad”.

¿Y entraría Donald Trump en esta categoría? El 45 presidente de EE. UU. está siendo una fuente inagotable para los cómicos estadounidenses, pero la ficción tiene difícil valerse de él porque la realidad le ha superado. “Él no es creíble como personaje. Ese es el problema. Lo único que me inspira es ser más comprometido en causas sociales para contrarrestar todo lo que está ocurriendo, pero como personaje… es que no me creo que sea real”, bromea.

Identificado muchas veces como “el guionista del crimen organizado”, Winter reconoce que le gusta abordar “la vida de los emprendedores. Explicar cómo la gente ha llegado a ser lo que es desde la nada. Los gánsters al final son eso”, revela. Considera sus ocho años en Los Soprano el lugar donde lo aprendió todo y que le prepararon para afrontar su propia serie, Boardwalk Empire, otra colaboración con el que fue su ídolo a los quince años, Scorsese, con el que también desarrolló Vinyl junto a Mick Jagger.

Una autoridad en el set

Frente a lo que suele suceder en Europa y en la gran pantalla, en la televisión estadounidense el responsable del libreto supervisa el rodaje de los capítulos que ha escrito. “Los guionistas tienen la última palabra, llevan la ficción”, algo fundamental para Winter, que recurre a una metáfora arquitectónica. “Si tu tienes que construir una casa y tienes un plan arquitectónico muy complicado tiene sentido que tengas al arquitecto contigo, por si decides cambiar cosas. Es lo mismo en las películas. Cuentas con una historia muy bien estructurada y que conoces muy bien y se la das a un director, que no tiene por qué saber por qué las cosas son de ese modo. A menudo leo guiones que pienso que son geniales, y después veo a película y me pregunto ‘¿qué ha pasado?’. Lo que ha pasado es que el guionista fue apartado y el realizador no entendía la historia y esta cambia”.

Tampoco cede al público el control creativo y se opone a la tendencia de tratar las redes sociales como grupos de estudio. “El feedback me permite conocer si entienden lo que estoy intentando hacer. No me interesa que la audiencia te dicte qué hacer ni dejarles manejar el programa. Espero ser entretenido y que les gusten mis elecciones, pero quiero sorprenderlos y me encanta ser sorprendido. Las mejores experiencias que he tenido como espectador fueron con cosas que no veía venir”, defiende.

Aunque ha dirigido un capítulo de Los Soprano –“alguien me dijo ‘querrás dirigir cuando escribas algo que un director te destroce’. Eso me pasó tras la película Get Rich or Die Tryin”–, su talento por el momento quedará confinado en las páginas. Y es que no encuentra detrás de las cámaras la pasión que sí le lleva a ponerse delante de un ordenador. Un biopic de Andy Warhol, que protagonizará Jared Leto; la historia de la estrella de la NBA LeBron James, que respalda junto a su esposa, la productora Rachel Winter (Dallas Buyers Club); y una producción para HBO sobre la narcotraficante Griselda Blanco son los proyectos en los que está inmerso Winter, que no descarta probar suerte con otro tipo de ficciones. “Probablemente querré hacer comedias de media hora en un futuro”.

No será la primera vez que se reinventa. A los treinta años dejó su carrera como abogado para mudarse a Los Ángeles y convertirse en el narrador de historias que es ahora. Un proceso autodidacta, donde se dedicó a deconstruir los capítulos que veía en televisión, analizándolos y escribiendo los guiones: “cuando son pequeños, los niños abren las radios para ver lo que hay dentro. Yo hacía lo mismo con las series”. Ahora, es él de quien otros aprenden en este oficio que para Winter consiste básicamente en “ir haciéndote preguntas”.

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