Nacho Vigalondo: «La victoria para un personaje femenino es poder imponer su voz»

Por Enrique F. Aparicio · 29 junio, 2017

Estrena el 30 de junio su última película, Colossal, protagonizada por Anne Hathaway

 

Colossal iba a llamarse Santander, pero Anne Hathaway se cruzó por el camino. La estrella estadounidense leyó el guión de Nacho Vigalondo y de manera inmediata quiso hacer la película. En ella encarna a Gloria, una mujer alcohólica que se ve obligada a volver a su localidad natal para reubicarse. Allí se reencontrará con Oscar (Jason Sudeikis), y deberá resolver algunos conflictos enraizados en su infancia de la manera más improbable: con monstruos gigantes peleándose en Seúl.

 

Colossal parte de una premisa, la conexión de un monstruo gigante con una chica en otro continente, ciertamente curiosa.

Hay algo que te empuja a hacer una película, y no es necesariamente la idea inicial. Esa idea te puede divertir, o atraer como reto. Pero lo que te empuja a hacerla es algo posterior, más cercano al arco de los personajes, al eje dramático de la historia. Sí, en Colossal esta historia va acerca de un monstruo gigante y una mujer alcohólica en la otra punta del planeta, pero lo que me empuja tiene más que ver con lo que sucede en la segunda parte de la cinta.

De Gloria (Anne Hathaway), esa mujer alcohólica, se nos muestran más sus resacas que sus borracheras.

En la película nunca se dice ‘alcoholismo’ porque me parece una terminología muy seria y creo que hace falta prudencia. Además Colossal no deja de ser una fantasía, lo que quiero es convocar el alcohol, porque lo que me interesa son los estragos de la resaca.

Gloria es una mujer joven que no se impone objetivos hegemónicos: casarse, tener hijos… algo que parece molestar a los hombres que la rodean.

Es la historia de una mujer con grandes problemas rodeada de hombres que definitivamente no representan una solución. No he querido lanzar un discurso de los hombres contra las mujeres, sino contar algo de lo que sucede en determinadas circunstancias. Hay cuatro personajes masculinos que no son útiles para la personaja, si hubiera un quinto seguramente ya sí sería útil. Me defiendo siempre con pocos personajes, el cine coral lo disfruto como espectador pero no me sale.

Colossal es su película dominada por un personaje femenino, que han ido ganando importancia en su filmografía.

No es una decisión consciente que en cada película haya más presencia femenina. Pero quizás tocando el mismo tema que he tocado en las anteriores, cierto tipo de masculinidad tóxica, cambia el punto de vista. En el corto 7:35 de la mañana hablo de lo mismo, pero en esa ocasión la chica ni abría la boca. Ahora no solo abre la boca sino que está en el centro del circo. Es una evolución, más que como director, como persona. Hay temas a los que me he ido aproximando, otros los he ido percibiendo de otra manera, y eso se refleja. Cada vez que haces una película, eres una persona distinta, si tienes suerte. No hay que dejar de crecer y educarse. De hecho, cada película no te representa a ti, sino a la persona que fuiste cuando la escribiste. Como normalmente se tarda entre tres y cinco años en hacer una película, hay cierto desfase entre lo que representa y lo que eres ahora mismo. Así funciona: ahora estoy escribiendo la película que avergonzará a mi yo de dentro de cinco años.

La relación de Gloria con Oscar comienza de una manera más arquetípica pero sus decisiones libres la van dinamitando.

Hemos puesto a Gloria en una comedia romántica donde ella se niega a estar. Convocamos un posible triángulo amoroso que se va al carajo cuando ella decide acostarse con alguien que está al fondo, y no con alguno de los dos que tiene enfrente. Hay una consciente voluntad de cuestionar y reírme de ese género, la comedia romántica, con el que tengo una relación ambivalente, de amor y odio. Son películas que siempre me han alimentado y han estado en mis fantasías como director, pero también es el género que más cuestionamiento despierta, el más problemático. Siempre me pregunto por qué si mi género favorito es el terror, la comedia romántica es el que sobrevuela mis películas. De las cuatro películas que he hecho, dos son percepciones sobre ese género, y sin embargo no he hecho ni una cinta de terror.

¿Es un género en el que los personajes femeninos están más limitados?

Un personaje femenino que se salga del camino establecido resulta problemático para cierto tipo de espectador. Yo nací en el 77. Durante toda mi infancia y adolescencia, en las películas orientadas al público de mi edad los personajes masculinos tenían un objetivo equis: un tesoro en una cueva, un microfilm, el arca de la alianza… mientras que en las películas protagonizadas por personajes femeninos, el objetivo de la chica siempre era el chico. Es algo tan evidente y cercano que es difícil verlo en conjunto, de manera rotunda. ¿Por qué hacer en 2017 una película en la que el objetivo de la protagonistas no sea uno de los protagonistas sigue siendo algo convulso y genera comentarios? Cierto tipo de crítica negativa hacia Colossal me ha resultado muy interesante en este sentido: dejar que Gloria haga algunas cosas parece ilegítimo y causa resquemor en cierto tipo de público. No es que haya sido polémica, ni pretendo ser abanderado de nada, pero sí que se ha producido una cierta fricción muy interesante.

Al final, Gloria acaba teniendo un relato propio.

Una victoria para un personaje femenino es poder imponer su propia voz. De igual manera que la victoria definitiva del cine femenino sería que las mujeres pudieran hacer muchas más películas.

¿Colossal siempre fue un proyecto internacional?

No. La primera versión de guión se titulaba Santander. Y la primera secuencia ocurría en la estación de autobuses de Santander, porque Gloria había venido desde Madrid. Todas mis películas tienen algo autobiográfico. En este caso, Nueva York y New Hampshire hablan de mi relación con Madrid y Cabezón de la Sal, en Cantabria, donde nací. Tenía la idea de llamarla Santander para que el público internacional viviera con misterio los nombres de las ciudades que aparecían, como en Fargo, donde la acción no transcurre en Fargo. La película se iba a llamar Santander e iba a transcurrir en Cabezón de la Sal. Aunque cambió de escala y se volvió norteamericana-canadiense, sigue teniendo un vínculo estrecho con mi vida. De hecho, si desentrañas la palabra Colossal te sale Cabezón de la Sal.

¿En qué punto se suma Hathaway?

Muy pronto, al poco de terminar el guión y entregarlo a mi agencia. Lo leyó y le gustó, así de asquerosamente sencillo. Estoy dispuesto a aceptar que no voy a pasar por otro momento así en mi vida. Pocas veces es tan visible cómo tu vida gira 180 grados en un momento, con una llamada de teléfono.

¿En España se verá como una película de Anne Hathaway o de Nacho Vigalondo?

En Estados Unidos la lectura ha sido: ¿qué es esto que ha hecho Anne Hathaway? ¿Una película de un tío de España que se llama cómo? Mi nombre allí es muy gracioso. Aquí Nacho Vigalondo es anodino, pero allí es espectacular. Les encanta a los niños. Para ellos los nachos son los triángulos de maíz, no hay más. Es como llamarse Burrito Jiménez. Aquí está por ver si la gente irá a verla porque es de Anne Hathaway o dejará de ir a verla porque la he hecho yo [ríe].

La cinta se estrenó en Estados Unidos con cuatro copias para después ir creciendo.

El lanzamiento no tuvo nada que ver con los estrenos convencionales, veías a Fast & Furious con 3 000 copias y nosotros con cuatro. Yo no conozco el mercado como los distribuidores, que hacen muy bien su trabajo. En España se preestrena en Movistar+ antes que en salas. España está en una situación delicada en cuanto a distribución, es un mercado mucho más débil que los de los países que nos rodean. Me parece que para que la distribución evolucione sin que se pierdan espacios como las salas de cine, que me parecen importantes, tienen que estar a la altura tanto las empresas vinculadas como el propio espectador. El espectador tiene que poner de su parte.

¿Le atrae volver a rodar en España?

Me gustaría tener la libertad de poder rodar aquí o allí, según salga. Quizás lo tenga un poco más difícil aquí, hoy por hoy. Ayudaría que una película mía tuviera una buena acogida, pero aunque no sea ese el caso me encantaría seguir rodando en España. El rodaje de Extraterrestre ha sido el más placentero de mi carrera.

¿Tiene algún proyecto sobre la mesa?

Estoy haciendo girar tres platos chinos, y estoy deseando que solo se rompan dos. Estoy haciendo una apuesta fuerte además por una historia que no he escrito yo, ya que nunca he querido encerrarme solo con mis propios juguetes.

Nacho Vigalondo, más allá de cineasta, es una presencia pública bastante notable, por ejemplo en redes sociales. ¿Cree que eso hace que su cine se vea de otra manera?

Si alguien mira lo que yo hago con otros ojos porque existo a otros niveles, allá esa persona, no puedo hacer nada. Creo que el consumo que yo practico no está condicionado por la proyección de ciertas personas en ciertos ambientes; lo que me preocupa es que el cine de Fulanito sea disfrutable al margen de Fulanito.

Sin caer en el victimismo, hay un cierto desprecio hacia algunos artistas con proyección, que es una cosa muy española. No es algo mayoritario, ni es algo especialmente significativo, y creo que más que con la envidia tiene que ver con el tamaño de España. Viajando fuera, te das cuenta de lo pequeño que es este país, y de lo cerca que estamos los unos de los otros. Esa proximidad inevitable hace que cuando alguien como Penélope Cruz o (a una escala mucho más pequeña) yo mismo, tiene una proyección vital diferente a lo esperado, hay ciertas personas que reaccionan como si el vecino del tercero de repente disfrutara de algo que no merece. Esas dinámicas siempre han existido y tampoco debemos darles más espacio en nuestras conversaciones.

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