Isaki Lacuesta: “El cine ha de ser omnívoro”

Por Enrique F. Aparicio · Foto: ©Alberto Ortega · 27 septiembre, 2018

El realizador catalán compite por la Concha de Oro de San Sebastián con Entre dos aguas

Hace doce años, dos hermanos se chinchaban y se peleaban ante la cámara de Isaki Lacuesta en La leyenda del tiempo. Una “ficción hiperrealista” que se pegaba a las vidas de Isra y Cheíto, que en Entre dos aguas se vuelven a enfrentar a la narración de su propia existencia, tamizada por la mirada del cineasta catalán. Isra sale de la cárcel mientras Cheíto emerge de una embarcación militar, y en su nuevo cruce de caminos constatarán las dificultades para desgajarse del lodo físico y metafórico que les atrapa en la Isla de San Fernando. Lacuesta y su equipo se han esforzado para que no pareciera que “la luz venía de focos o que los figurantes se movían según nuestras instrucciones” en este nuevo retrato en movimiento, que aspira a la atemporalidad y a la Concha de Oro del Festival de San Sebastián.

Siempre tuvo claro que había más películas en La leyenda del tiempo?

Tenía la intuición de que iba a seguir contando la historia de Israel y Cheíto y, de hecho, en el rodaje de la primera ya hicimos algunas secuencias pensando en que podían ser retomadas. Certeza uno nunca tiene, con ellos siempre decíamos que haríamos otra si no nos volvíamos unos capullos y nos seguíamos cayendo bien.

¿Cuándo supo que era el momento de coger la cámara?

Cuando haces películas en las que cuentas vidas de alguien, tienes la sensación permanente de que la cinta podría continuar, casi eternamente. Sí hubo un momento, viendo que Cheíto era militar y que la vida de Isra era tan distinta, que detectamos una serie de elementos narrativos con valor. Hubo un momento clave para empezar a rodar, aunque no tuviéramos la financiación cubierta, que fue un parto. Es de ese tipo de cosas que no sabes si se van a repetir, y que hay que aprovechar.

La cámara se adentra completamente en la intimidad de los personajes, ¿es necesario un proceso de aclimatación?

Como nos conocíamos de muchos años, eso ayuda. El equipo es el mismo, por lo que conocían igualmente a la sonidista, al director de foto desde pequeños. Sí hubo un proceso de preparación, de preproducción y de ensayos, para ir encontrando en qué registro estábamos cómodos, nosotros y ellos, qué cosas íbamos a hacer y qué cosas no… Las decisiones la íbamos tomando conjuntamente.

“Rodar en celuloide resalta la atemporalidad de las vidas de los protagonistas”

¿Los diálogos nacen de los actores?

Hay secuencias en las que había temas de conversación que ellos desarrollaban a su manera, y otras con réplicas más marcadas. Lo que no hicimos es darles un guión escrito para que lo reprodujeran. Siempre planteamos que fueran ellos los que dijeran las cosas con sus palabras.

He leído en algún sitio que estas cintas hacen “ficción con personajes reales”. ¿Las definiría así?

Creo que es una ficción hiperrealista, que aspira a retratar a dos personajes en su vida en San Fernando, en la Isla de León, y partimos de la vida de ellos dos pero también de la vida de gente cercana, de su entorno, que personifican ellos. Hay situaciones que les han ocurrido a otras personas y que encarnan Isra y Cheíto, que son ficción. Lo de personajes reales siempre es una palabra equívoca, como si los actores no fueran personas reales.

¿Hasta qué punto se trata de un retrato intervenido?

Una cosa que me preocupa en torno a eso es hasta qué punto da la sensación de que Isra y Cheíto son así, cuando están actuando y a mí me parece que en muchos momentos actúan extraordinariamente bien. Por eso me gusta insistir en el hecho de que actúan, y pensar que están haciendo su vida delante de una cámara sería faltar a la verdad.

Margen de error

¿Se ha quedado mucho material fuera? ¿Qué criterios o qué objetivos siguió en el proceso de decapado de imágenes?

No una cantidad extraordinaria, pero sí hay algunas subtramas y líneas narrativas que hemos descartado. En la búsqueda de este tipo de realismo, igual que hay cosas que vamos acotando en el proceso de ensayos, también intentamos darnos margen de error. Hay cosas que luego te das cuenta de que se salen del registro, y en este caso había una serie de tramas y personajes que si bien funcionaban por sí solas, no encajaban en la película.

Intentábamos que todo el trabajo de puesta en escena, iluminación, casting… fuera muy invisible. Que no pareciera que la luz venía de focos o que los figurantes se movían según nuestras instrucciones. Había una subtrama en la que sí se notaba esa mano, y la hemos acabado eliminando. Si lo piensas es un poco absurdo, porque es mucho trabajo para lograr que no se note que hay trabajo, pero es lo que buscábamos en esta película.

En Entre dos aguas las imágenes dialogan con las de La leyenda del tiempo en bastantes momentos, ¿qué cree que aporta esa puesta en contacto directa?

Sobre todo ayuda a la sensación de paso del tiempo, porque ves cómo unos niños, que por definición en potencia pueden ser cualquier cosa, van concretando su camino. También ayuda a situar a un espectador que no haya visto la primera, para reforzar la empatía con los personajes. Igual esto es una paja mental, pero me interesaba que el presente estuviera rodado con película, en celuloide, y el pasado en digital. Cuando ves las imágenes actuales, estéticamente podrían ser de los años sesenta, de los setenta… El celuloide resalta la atemporalidad de la imagen. Sin embargo, el pasado aparece en digital porque La leyenda del tiempo era una película rodada muy en presente. El celuloide se pega al aspecto atemporal de sus formas de vida, de sus trabajos, de los rituales del mundo militar, de chatarrear o mariscar, de su forma de vestir…

Carne de cañón

La leyenda… seguía a dos personajes en transición, ¿es Entre dos aguas la historia de otra transición, o más bien un estado de la cuestión, la constatación de una imposibilidad?

Los de la primera película son personajes que están cambiando, y en esta casi cuesta ver qué posibilidades les quedan. La imagen de Isra metido en el barro es simbólica, está metido en un lugar en el que hasta físicamente cuenta mucho dar un paso. En esto sí se parece en la sensación que tengo respecto a la vida real de estas personas: cuesta mucho ver cómo pueden salir de esa vida. Tienen mucho de carne de cañón.

¿Qué supone para Entre dos aguas estrenarse en San Sebastián?

Las películas pequeñas como esta, que en comparación con una de Antena 3 o Telecinco tienen un aparato detrás mucho más reducido, el mejor escaparate que pueden tener son los festivales. Su altavoz son citas como San Sebastián, y hay que aprovecharlo para que la película se vea. En lo personal, me hace mucha ilusión estar en la selección con cineastas que me gustan mucho.

Es un veterano del festival y sabe lo que es hacerse con el premio grande, ¿qué le parece que aporta un festival como este al panorama del cine español?

Sobre todo mostrar y demostrar la diversidad del cine español. Creo que intentan que la selección sea plural y que responda a sensibilidades y tamaños muy distintos. En la sección oficial y en el resto, donde siempre hay cineastas jóvenes, con presupuestos muy distintos. Esa es una de las apuestas del festival, demostrar que el cine ha de ser omnívoro.

Entre dos aguas se estrena el 30 de noviembre.

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