Una mansión en el desierto | Encuentro con Cristóbal Garrido y Andrea G. Bermejo

20 febrero, 2019

Cuando la corriente hippy se extendió entre la juventud norteamericana durante los años 70, sus efectos no solo transformaron los claustros universitarios y los conciertos de rock. A muchos kilómetros de Woodstock, en las tierras de los indígenas Wayuu de Colombia, la cada vez más ingente demanda de marihuana convirtió a los campesinos en capos espontáneos del negocio del narcotráfico.

En ese escenario se desarrolla Pájaros de verano, la nueva propuesta de Ciro Guerra y Cristina Gallego, director y productora del éxito El abrazo de la serpiente, y que ahora firman a cuatro manos la cinta seleccionada por Colombia en los Oscar, estrenada en España de la mano de BTeam Pictures. Una historia que encuentra un cierto espejismo en el narcotráfico gallego, donde “algunos pescadores, tras la entrada de España en la Unión Europea, se encuentran con que ya no pueden pescar con sus barcos. Y lo que sí pueden hacer es levantarse millones de pesetas en una sola noche trasladando droga desde algún punto del Atlántico hasta la costa”. Lo explicó ayer en la Academia Cristóbal Garrido, guionista de Fariña, el fenómeno televisivo basado en el libro de Nacho Carretero, la “biblia del narcotráfico gallego”.

El guionista compartió diálogo con Andrea G. Bermejo, redactora jefe de Cinemanía, en el que desgranó las similitudes entre ambas obras, alejadas de la “glamurización” de la figura de los criminales de la serie de Netflix Narcos. “No puedes evitar que tu protagonista sea un poco héroe”, confesó Garrido, “pero el encanto del narcotráfico gallego es que eran pescadores y aldeanos que se meten a eso, con cero glamour. La gracia de Fariña es que es verdad. Lo más loco y lo más divertido está cogido de la pura realidad”.

Una realidad en la que los capos eran vistos como prohombres y protectores del pueblo. “Sito Miñanco, que es un ejemplo paradigmático en ese sentido, consiguió el apoyo del pueblo comprando el equipo de fútbol, pagando tratamientos contra el cáncer, ayudando a quien se lo pedía… El pueblo les encubría: tenían gente en los peajes que les daba el soplo si venía gente de Madrid, las luces de todo el pueblo se apagaban cuando policía estaba vigilante para que las lanchas cargadas de droga supieran que no debían atracar”.

El estilo de vida de estos nuevos ricos no era precisamente discreto, ni en el caso gallego ni entre los Wayuu. “En Pájaros de verano cometen los mismo pecados que en Galicia; construyen casas enormes en medio del desierto, que no pasan precisamente desapercibidas, se rodean de mujeres… exactamente como los concejales de Marbella”. Garrido explicó que en Galicia, “la policía sabía que había descarga una noche porque venían autobuses de prostitutas desde Portugal, eso les ponía alerta”.

El guionista tuvo además palabras de elogio para Antena 3, cadena que les encargó Fariña, una serie “en la que todo lo que se pudo hacer mal se hizo bien. El reparto es cien por cien gallego, tuvimos un año para escribir los guiones, que se rodaron del tirón, porque en Galicia solo se puede rodar en verano, y eso abarató mucho los costes. Todos los personajes tienen su acento y sus costumbres. Nacho Carretero revisaba personalmente los diálogos para que no hubiera cosas extrañas, y los propios intérpretes luego incorporaban expresiones y dejes. Hasta hace muy pocos años, las series españolas se situaban en ciudades desgajadas de la realidad, y todos los personajes tenían acentos neutros”.

Preguntado por las diferencias de Fariña y Pájaros de verano con otras obras sobre el narcotráfico, Garrido confesó que lo fundamental es «la verdad. El cine es mentira, y al realidad no es cinematográfica: para que surja la magia, tiene que tener verdad. Pájaros… y Fariña son creíbles».

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