Pedro Almodóvar: “En el cine que se lleva, mis películas cada vez son más raras”

Por Chusa L. Monjas · Fotos: ©Nico Bustos · 22 marzo, 2019

Se ha proyectado en todas las historias que ha creado, pero en la que es su película número 21 el reflejo es mayor. Pedro Almodóvar estrena Dolor y gloria, una historia “balsámica” que ha sido “un revulsivo” escribir  y que, junto a Julieta, marca  “una inflexión” en su carrera. El director siente que sus narraciones forman parte de la sociedad y la cultura de este país, “donde he conseguido la consideración que necesito para seguir adelante”, reconoce el manchego, que, por primera vez, no ha tenido a su lado a su cómplice y amigo, el montador José Salcedo. “No concibo a ninguna otra persona mejor para sustituir a Pepe que Teresa Font”, sentencia.

¿Cuál fue la primera motivación para hacer esta película?
Tenía un guión que no me acababa de gustar y para el que me tenía que documentar sobre profesiones que no conozco. Por un sentido práctico, de nuevo volví a mí mismo, que no era lo que más me apetecía, y toda la documentación la tenía dentro de mí y de mi casa [el piso donde vive el protagonista es una réplica del suyo].

La primera idea que me vino era un microteatro en el que una actriz hacia un monólogo frente a cuatro personas. Este texto se lo había cedido a la actriz, que estaba pasando una mala racha, un escritor-director, y cuando pensé en este personaje pensé en mí y en una imagen muy clara mía del verano que había estado en el Algarve después de la operación de espalda. Tenía muchos dolores y el momento en el que desaparecían las tensiones y estaba en paz era cuando me metía en la piscina.

La primera imagen de Dolor y gloria.
Sí. Y esa agua de la piscina me llevó al río Ruecas en Madrigalejo, donde mi hermano jugaba con los pececillos. Ese recuerdo de mi hermano Tinín me fue llevando a otros como el de mi madre en el río cantando y lavando las sábanas que olían a poleo porque las tendían sobre los juncos.

Indagar sobre uno mismo…
…Me hizo entrar en zonas duras. Tuve mis dudas porque soy muy pudoroso, excepto cuando escribo, pero nunca había escrito cosas tan íntimas como en Dolor y gloria.

¿Es su biografía?
Estoy totalmente proyectado en la película y hay muchas cosas que están extraídas de la realidad, pero ficcionadas. Solo hay una secuencia que es tal cual: la de la mortaja, que se lo encargó mi madre a mi hermana y yo me la sabía de memoria. Yo he recorrido todos esos caminos que muestra la película porque emigramos en los sesenta a un pueblo de Badajoz. Vivimos en una calle muy precaria que era como el Lejano Oeste; fui a un colegio de curas por una beata que me dijo: “este niño tiene que ser para dios”, lo que me pareció una perspectiva muy mala; fui solista del coro… Y los personajes de Banderas, Etxeandía y Sbaraglia se han formado en los ochenta, donde hubo muchas drogas y una explosión de libertad absoluta. Una década en la que mi formación fue, fundamentalmente, por las noches.
No se puede tomar como una biografía literal, porque entonces hubiera sido una película más naturalista y aquí hay una representación de todos los periodos.

El protagonista sufre un bloqueo creativo, ¿ha sentido alguna vez que había perdido su creatividad?
Excepto Mujeres al borde… y esta, todas mis películas han sido de muy larga gestación. Sigo teniendo muchas ideas, relatos y notas, y también menos tiempo de cocción, y esto se puede atribuir a una crisis de creatividad que rompí volviendo a mí. Ante el vacío, decidí engullirme a mí mismo, que es un ejercicio doloroso que no quiero repetir.

¿Tiene miedo a recluirse, como su protagonista?
Con la edad me he ido aislando y no es bueno porque la vida está fuera. Con la operación de la espalda no estoy cómodo sentado en una silla y eso cohibe mucho, por eso empecé a salir menos; también porque las noches no son tan excitantes. No soy nostálgico, pero tengo una gran nostalgia de la vitalidad que tenía en los ochenta y noventa, cuando me ocurrían y descubría cosas continuamente.

Foto: ©Nico Bustos

Sensación de extrañeza

Se ha rodeado de viejos conocidos: Penélope Cruz, Antonio Banderas, Julieta Serrano, José Luis Alcaine y Alberto Iglesias.
Al recurrir a mí mismo, quería estar rodeado de gente que me era muy familiar.

Muestra a un Antonio Banderas inédito.
A Antonio, que no me está imitando en la película, le dije que se pusiera en mis manos, pero no como siempre, sino más que nunca. Exceptuando La piel que habito, el Antonio que conozco es el de los ochenta y aquí está dolido, dolorido y mayor. Los actores y escritores sufren como todo el mundo las malas experiencias, pero ellos las convierten en otra cosa. Y Antonio venía de tres operaciones, su cara tenía esa dura experiencia.

Con Julieta Serrano no trabajaba desde ¡Átame!
Hace tiempo que quería volver a trabajar con ella. Interpreta a una madre dura, antipática y arisca, incluso con esa crueldad que tienen las mujeres mayores porque la vida no es justa con esa generación que ha luchado tanto. La vejez no es justa con nadie, pero a las mujeres acostumbradas a gobernar una casa, a tirar de la familia, les resulta muy duro luego depender de otros o estar enfermas. Estaba tan feliz con el reencuentro con Julieta que le escribí más secuencias, entre ellas la conversación que tiene con su hijo en la terraza.

¿Le hubiera gustado a su progenitora, Francisca, esa secuencia?
No, ni creo que a mis hermanas les guste verla. A mí me afectó mucho rodarla porque, aunque no es real, creo que ninguna otra que yo haya hecho a lo largo de estas 21 películas representa mejor la sensación de extrañeza que yo tenía en mi infancia y que notaba en casa, en la calle, en el pueblo. De esa extrañeza era consciente, pero era una sensación íntima que no había sacado hasta ahora.

De todas las sensaciones que le ha dado Dolor y gloria, ¿con cúal se queda?
En este momento de mi vida, me alegro de haber abordado determinados temas que tienen que ver con la ficción mezclada con el deseo y con tu propia vida. Y también me ha hecho acercarme al trabajo de director, que es exactamente lo contrario a lo que se hace ahora mismo, porque consiste en conseguir a base de planos muy sencillos, muy transparentes, el máximo de densidad.

La opción menos comercial

A juzgar por los comentarios, ha pasado el examen de los medios de comunicación.
El ver que hay bastante unanimidad, a la cual yo no estoy acostumbrado, me da cierta tranquilidad a la hora de estrenar [22 de marzo]. Pero la hora de la verdad es cuando se abren las taquillas y cuando empieza a pasar el tiempo. Las películas se hacen con el tiempo, aunque cada vez les damos menos.
Las taquillas españolas han bajado mucho, aunque se diga que estamos bien; la bajada del IVA no se ha traducido en que vaya más gente al cine; y tenemos las plataformas cada vez más vivas mermando espectadores. En estas circunstancias espero hacer el mejor papel posible.

“Películas de autor, arriesgadas. Ese es el cine más necesario”

Cuando estaba escribiendo Dolor y gloria, ¿pensaba en esta coyuntura?
En ese momento creía que era un poco suicida hacer la película sobre un hombre deprimido porque era muy triste. Pero era lo que quería hacer, aunque no sé el por qué.
Tal y como está el mercado, era la opción menos comercial. Ahora me alegro de haberme fiado de mi instinto, porque veo que la historia resulta muy accesible.

¿Tenía miedo de que fuera incomprensible?
Es que me invento una estructura que es todo menos cronológica, y ahí estaba mi trabajo de ensamblar muy bien las diferentes historias, muchas de ellas independientes, y también las piezas sueltas como el monólogo ‘La adicción’ y las composiciones de ‘Anatomía y Geografía’.

En esta película, algunos han intuido una despedida.
Espero que no. Es una película que se ve muy bien como un testamento , pero voy a luchar para que no sea así.

¿Irá a Cannes?
No podemos decir nada.

Se ha convertido en un personaje de su propio filme, ¿llegará la culminación de su obra con un autorretrato?
Lo dudo. De hacerlo, sería de otra época de mi vida. Es raro que haya hecho Dolor y gloria, porque no me gusto como personaje. No es que esté en contra porque si volviera a vivir, querría tener la misma vida que he tenido, haría las mismas cosas y cometería las mismas equivocaciones, no me arrepiento de nada. Ha salido así, pero no soy un personaje del que me guste hablar.

Apoyo al más débil

¿En qué momento de su carrera está?
Siempre he elegido la historia que quería contar, no ha intermediado nadie: ni el mercado, ni la presión del éxito, ni los distribuidores extranjeros ni las modas. Cada vez es más raro el tipo de película que hago entre el cine que se lleva hacer. Antes, decidir qué historia quería abordar me brotaba de forma más natural, ahora tengo la impresión de que tengo que pensármelo mucho más. No me gustaría vivir la comparación de Dolor y gloria con el próximo proyecto, que será distinto a este.

¿Se ve dirigiendo una serie? ¿Qué opina de la ficción televisiva?
No creo, me va más la narración de 90 o 120 minutos de película. La existencia de series me parece buena porque la gente está viendo más ficción que nunca. Todo el mundo necesita una cuota de ficción y esa cuota va a seguir teniéndola con creces con todos los trabajos que se están haciendo para las distintas plataformas. No estoy en contra de las plataformas, están haciendo mucho bien y son una forma incluso de revitalizar la historia del cine. Ahora veo en muchas series la sombra de determinados géneros cinematográficos aprovechados de otro modo, y eso es interesante.

Usted habló del ocaso del cine.
El problema no es el cine contra las series, que pueden convivir perfectamente. Soy cineasta y siempre apoyaré al más débil, que en este caso es el cine proyectado en la gran pantalla. Lamento muchísimo la situación de nuestro país, que yo creo que es de las peores de Europa. Es un drama que no se hayan aprobado estos presupuestos en lo que corresponde al cine español. Tenemos muy difícil hacer películas de autor e historias arriesgadas que no obedezcan a la dictadura de lo politicamente correcto y que sean muy personales, que es el cine más necesario porque entre esos nuevos autores alguien destacará y se convertirá en el maestro de los que vengan después.

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