El camino entre el dolor y la gloria

Por Enrique F. Aparicio · 24 junio, 2019

Personalidades del cine, la cultura, el periodismo y la política reflexionan sobre la impronta de Dolor y gloria en la carrera de Pedro Almodóvar, tras su paso por el Festival de Cannes

Cuando se anunció que el siguiente proyecto de Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, 1949) tras la comedida Julieta era una historia con tintes autobiográficos, el siempre vasto interés por su obra se multiplicó por sí mismo. La sombra almodovariana, que se ha extendido durante las últimas décadas desde las fiestas de la jet set internacional hasta los imanes de nevera de cualquier piso de barrio obrero, se daba la vuelta esta vez para mirar directamente al sol en torno al cual gira un universo en constante movimiento. Tras el paso de la cinta por el Festival de Cannes, donde fue alabada y celebrada pero no reconocida con una Palma de Oro que parecía brillar muy cerca de la luz del manchego, Dolor y gloria busca su sitio en el inconmensurable opus almodovariano. En las próximas páginas, distintas personalidades del cine, la cultura, el periodismo y la política valoran su impronta. ¿Será el punto y aparte que muchos han visto? ¿Se trata de una autoconfesión? ¿El inicio de una obra despegada de su reconocible caligrafía? Citando a la Chus Lampreave de La flor de mi secreto, la última cinta de Almodóvar es como “un melón cerrao. Hasta que no se abre, no se sabe si está bueno o está pasao”.

La primera imagen de Dolor y gloria muestra a Salvador Mallo intentando aliviar sus dolores, sumergido en una piscina. El personaje, que contiene en su nombre todas las letras de Almodóvar, se descubre muy pronto como un nada disimulado trasunto de su creador. Del mismo modo, cualquiera que haya presenciado la España de las últimas décadas, ha vivido profundamente sumergido en las aguas de una obra única, que nace de las películas de Pedro Almodóvar pero desborda mucho más allá. De hecho, no hace falta haber visto Átame, Hable con ella o Volver para reconocer lo almodovariano de un encuentro fugaz, del interior de un hotel o de una joya de bisutería. Cualidad esta que, aunque siempre haya estado ahí, hemos aprendido a reconocer y a amar a través del ojo y la cámara del manchego.

Para el crítico Jordi Costa, “Dolor y gloria es una película que contiene a todos los almodóvares posibles, al mismo tiempo que se convierte en una herramienta esencial para comprender y reinterpretar el conjunto de su obra”. En palabras del autor de Cómo acabar con la contracultura (volumen que además aparece en la cinta), “el cine de Almodóvar ha sido siempre un artificio que dice la verdad: una construcción intrincada a través de la que se expresa una experiencia, en este caso del dolor y la gloria, vivida y no impostada”. Para la escritora Valeria Vegas, “no todos los directores se pueden permitir bucear en sus entrañas, a veces porque no se atreven y otras muchas porque su existencia ha sido muy rutinaria. Es el paso del tiempo el que ha hecho que pueda contemplarse como un personaje, trasladar sus vivencias y reconocerse a sí mismo como elemento de ficción, pero jugando con distancia”.

“Almodóvar construye un artificio que dice la verdad” Jordi Costa

Entre esos varios almodóvares, el real y el ficcionado, el que dice la verdad a través del artificio y el que guarda las distancias, hay quien ha creído detectar al Almodóvar último. ¿Es Dolor y gloria un testamento cinematográfico? Para la actriz y creadora de la serie Looser, Esty Quesada (conocida en Internet como Soyunapringada), esta es “la catarsis más grande por parte de Almodóvar en toda su carrera. Significa rajar el cine y rajarse a sí mismo de cabeza a pies para que todos nos podamos salpicar de sus entrañas”. Al periodista Guillermo Alonso le da la sensación de que “necesitaba dar explicaciones, no sé exactamente a quién, por qué ni para qué, sobre la deriva artificiosa (esto no es en absoluto malo, viva el artificio) de su cine en sus últimas películas”, y por eso “en Dolor y gloria veo a un director que se da la vuelta y mira por primera vez a ese público que siempre le ha fruncido el ceño, para explicar una sensación que la crítica y sus fans tenían respecto a su cine de los últimos años: que había perdido el contacto con la realidad. Algo que no es necesariamente malo, a mí el cine plástico, pictórico y literario que ha estado haciendo en los últimos años me encanta”.

Andrea Jaurrieta, que firmó el año pasado su ópera prima Ana de día, ve en la cinta “un reencuentro con su vida y su obra, con lo bueno y lo malo que conlleva la creación. Una sincera mirada hacia atrás, tras haber recorrido un camino larguísimo. También creo que supone un reconocimiento abierto de sus miedos, de la soledad, de la somatización en dolor de las inseguridades que inevitablemente genera el camino a la gloria, y eso le ha hecho convertirse en alguien más humano a ojos del público”. El escritor y colaborador televisivo Bob Pop cree que “la vida de Almodóvar es ficción en todas sus películas”, y considera que Dolor y gloria es una obra que “solo ha podido hacer después de todas sus películas anteriores. Como si quisiera devolverle al cine todo lo que le dio en la vida”.

Grito de socorro

“Es una película de madurez que permite comprobar cómo toda la trayectoria de Almodóvar ha seguido una constante línea evolutiva que no siempre ha sido evidente”, reflexiona Jordi Costa, aunque “uno de sus mayores hallazgos es la revelación de que esa vida siempre ha estado ahí, en su obra, más o menos camuflada, de formas más o menos explícitas”. Valeria Vegas cree que Almodóvar “sabe poner muy bien los puntos y aparte y no creo que vaya a reiterarse en aspectos biográficos, así que esta película tiene algo de legado, y de regalo, hacia sí mismo y hacia sus fans. En su filmografía siempre ha habido madres, personajes que se dedican a la actuación, melancolía, calles de Madrid e interiores de viviendas. Lo que pasa es que esta vez todo eso es más suyo”. Más pesimista es Esty Quesada, que sí cree que “tristemente es su última película y su gran despedida. Si lo es, la ha hecho de diez”.

“En los últimos casi veinte años, desde Hable con ella y con la excepción de Volver, el cine de Almodóvar se ha ido distanciando del universo popular y se ha ido acercando a mundos más alejados de la calle, en lo que –imagino– ha sido un camino parejo al de su vida personal”. Así lo siente la periodista Paloma Rando. “De alguna manera”, prosigue, “Dolor y gloria da la impresión de servir como grito de socorro de una persona encerrada cada vez más en sí misma, que necesita explicarse”.

“Hay en esta película”, según Nora Navas, para la que este es su primer trabajo con el manchego, “un depuración en su estética y lenguaje, y un volver a algo más simple, sereno e íntimo, que a la vez lo hace más grande, más personal y más universal”. La actriz cree que su director “quería conectar con algo muy auténtico suyo, confesarse a sí mismo y a nosotros qué dolores contenía su alma. Él tenía ganas de hablar de su pasado y cómo este vuelve como un fantasma, en un momento doloroso, para poner las cosas en su sitio y valorar lo que realmente es importante, como el motor creativo y el cine”. Jaurrieta lo resume como “una poesía en la que ha logrado converger toda su obra anterior”.

Por su parte, Guillermo Alonso considera que “si necesitamos un súmmum de su obra, lo veo mucho más acertado en La flor de mi secreto, donde es capaz de plasmar sus demonios pero los acompaña de lo mejor de su vis cómica, para llenarla también de belleza y esperanza”.

Antes y después

¿Qué hay después del dolor y la gloria? Costa cree que esta “va a ser una película importante por el modo en que va a determinar toda la obra posterior del cineasta, que espero que aún nos depare muchas sorpresas”. Paloma Rando: “no es tanto un legado cinematográfico –a pesar de que es una película excelente–, sino un legado biográfico. Es Almodóvar explicándose a su público. No creo que en otras películas suyas haya menos de él, pero en esta ocasión no solo nos está diciendo ‘todo esto habla de mí’, sino que más bien nos está diciendo ‘este soy yo, estos son mis miedos y estas son mis deudas’. Es su 8 ½”.

¿Y cómo reevaluamos la obra del creador tras esta cuestión abierta? Con su última cinta parece haber apuntado a su público con la cámara, para que reflexionemos sobre los años que hemos pasado sumergidos en sus aguas. Continúa Rando: “la influencia del cine de Almodóvar en nuestra cultura es inconmensurable, entre otros motivos porque ambos se retroalimentan, es como un espejo puesto frente a otro, que genera una imagen infinita. Muchos autores se han alejado de nuestra cultura popular porque consideran, desde una posición esnob, que abarata sus historias. Otros, desde una posición paternalista, han pretendido dignificarla, como si hubiera algo que dignificar. Dentro de estos últimos, entre los más jóvenes hay además quienes aplican una distancia irónica posmoderna”.

Para el diputado autonómico por Más Madrid Eduardo Rubiño, “todas sus películas tienen una enorme sabiduría, algo que va mucho más allá de esa imagen folclórica en la que algunos han querido encasillar a Almodóvar, y que no es más que puramente superficial. Afronta en su cine algunos de los temas más importantes de la humanidad, como son la muerte, la sexualidad, el cuidado, el cuerpo, la familia, el deseo y muchos otros, y eso lo convierte en un cine universal que causa admiración fuera de nuestras fronteras”.

Valeria Vegas es de “ese tipo de fan declarada que no solo emplea frases de sus guiones en la vida diaria, sino que algunas de esas mujeres que él ha creado han influido en mí casi como un matriarcado”. Añade Guillermo Alonso que “todos los maricones de más de 30 años hemos sido educados por él casi en la misma medida que nuestros padres”. En su caso, “a lo ocho o nueve años, viendo Mujeres al borde de un ataque de nervios, me llenó un sentimiento de pertenencia inexplicable hacia todo lo que estaba ocurriendo en la pantalla. Me quedé de piedra ante aquellas mujeres que hablaban como loros y se movían por esa ciudad amable construida a base de decorados y maquetas. Supe entonces que tenía que vivir en Madrid”.

A Jordi Costa le llama la atención “la relación bastante patológica que tenemos con nuestros referentes culturales. A Almodóvar se le ha amado y se le ha odiado y sorprende ver cómo en otros contextos –Francia, Reino Unido, Estados Unidos– se trata, analiza y valora su obra con mucha más naturalidad y sin rastro de esa cicatería desgraciadamente tan nuestra. Almodóvar no solo es uno de los cineastas españoles contemporáneos de referencia: es uno de los cineastas universales de referencia. Su obra seguirá ahí y no creo que el paso del tiempo la maltrate, sino que permitirá ver con distancia hasta qué punto la totalidad de su filmografía es un conjunto orgánico, lleno de pruebas y errores pero también de excelencia. Un conjunto lleno de detalles que se comunican entre sí y que da la medida de una sensibilidad que en todo momento sabía lo que buscaba y que a menudo tomó caminos muy temerarios para encontrarlo”.

Bob Pop reconoce que el cine de Almodóvar le enseñó a “usar el humor para contar lo tremendo, a ampliar mi idea de lo verosímil y a valorar las imperfecciones de una filmografía que me entusiasma tanto por sus aciertos como por sus errores. Pedro Almodóvar, en su cine, me enseñó a desear en La ley del deseo y le ha dado dignidad a mi dolor en Dolor y gloria”. A Esty Quesada le ha mostrado cómo “apreciar la cultura española y la riqueza underground que hay aquí. Me ha enseñado que Madrid es un lugar mágico donde todo puede pasar. Me ha enseñado que el cine tiene que venir desde lo que conoces y desde lo bajo”. Mirando más allá, Paloma Rando está segura de que “el cine de Almodóvar seguirá formando parte de la educación sentimental del público español y trascenderá generaciones”.

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