Átomo cine

Por Eduardo Chapero-Jackson · 1 julio, 2019

El guionista y director Eduardo Chapero-Jackson reflexiona sobre cómo el lenguaje audiovisual ha cambiado el mundo

Abrióse el primer reactor en un pequeño pueblo aislado: sus habitantes cambiaron, completamente, a la séptima potencia, expuestos a las radiaciones de otras existencias, de comportamientos ajenos, a identidades, ideologías, éticas y estéticas distintas. Fue una formación en formas-de-ser. Empatizaron, comprendieron vicisitudes de otros géneros, de otras clases sociales, razas, culturas, religiones, edades, tiempos y espacios. La óptica era un microscopio y un telescopio sobre la materia humana. El núcleo-proyector provocaba la foto-síntesis del alma, la aceleración de las partículas de la plasticidad del cerebro, cuyas ramas y hojas crecían hacia la iluminación. Floreciendo. Era el polen-cinético colonizando neuronas. Era la razón-emoción de la masa gris aprendiendo mediante moléculas-narrativas y hélices-de-cognición. Esa era, y es, la dimensión. Esa es la épica escala de la fusión atómica organísmica del cine.

Pero también de sus posteriores mutaciones: televisión, plasmas, redes, formatos de portabilidad, de interactividad. Todas ellas construidas con los átomos de cine, con la gramática del lenguaje más elaborado del espectro fenomenológico audiovisual de la percepción humana, cada vez más esculpida sobre sus códigos, que renderizan, transmiten, informan y representan la realidad.

Por lo tanto (1): si semejante lenguaje ha cambiado el mundo, ¿lo manejamos o nos maneja? ¿Lo sabemos o nos sabe? ¿Lo descodificamos conscientes o nos manipula incultos? ¿Se trata de un posible nuevo tipo de analfabetismo o de una nueva capacidad? Por lo tanto (2) –esto es meticulosamente serio–: ¿queremos que nuestras escuelas sean como aquel pueblo? Obvia respuesta, uno creería. Por lo tanto (3): ¿qué impide implantar tan poderosa energía con toda su potencia? No solamente se evitará mucho sufrimiento y fracaso actual, también se podría formar a los humanos más desarrollados jamás. La letra por la pantalla entra: primero ha de encenderse la pasión, para así despertar el deseo de conocimiento, de técnica, de oficio, de vocación, de gestión integral de la vida. Las personas que salgan de estas turbinas crisálidas de estudiante podrán volar propulsadas por las alas de la más alta definición. Basta de perder el tiempo, esto es sagrado.

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