La libertad de la mirada | Encuentro con Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego

15 octubre, 2019

La Fundación Academia de Cine revisa tres películas del director y la guionista mexicanos

«Señor Ripstein, ¿qué es mejor, la vida o el cine?», le preguntó una espectadora que acababa de ver la película “más agobiante” de su filmografía, La mujer del puerto. “El cine, sin duda. La vida no tiene estructura, que es lo que te conduce, te guía y puede producir belleza. Si no hubiese arte, no entenderíamos cómo somos. La vida siempre es confusa y desoladora», contestó el cineasta mexicano , respuesta a la que la guionista Paz Alicia Garciadiego añadió: “el cine también es confuso y desolador, pero de otra manera”. Tándem perfecto, Ripstein y Garciadiego hicieron gala de su mirada ácida y humorística en la Academia de Cine, que revisa tres películas de los dos mexicanos universales, recientemente reconocidos con el Premio Mirada Internacional de la Plataforma de Nuevos Realizadores (PNR).

Con La mujer del puerto arrancó el ciclo, en el que también figuran Principio y fin y El coronel no tiene quien le escriba. “La película original, basada en un cuento breve de Maupassant, es muy emblemática y famosa [se estrenó en 1934], pero solo vi algunos fragmentos, nunca la vi entera. Muchos años después, estaba hablando de cine con un crítico de cine español que vivía en México y se mencionó esa primera versión. Entonces, le dije a Paz que íbamos a hacer una película de desesperados y repelentes, y que tenía que ser sucia y cochambrosa”, recordó el también autor de las inquietantes Profundo carmesí y La reina de la noche.

En La mujer del puerto relata una tormentosa relación con consecuencias irreparables entre sus protagonistas –una prostituta que se enamora de un desconocido–. Cuando se exhibió en el Festival de Cannes, varios críticos de su país la tacharon de ‘antimexicana’. “Nunca he hecho antropología, yo hago el realismo mágico al revés, no el dulce y cursi tan famoso, sino el de magia negra. No es la mirada científica de un país, sino la visión posible de la emoción que produce un país”, indicó este cineasta, que estaría cojo sin su esposa y guionista de 15 de sus historias.

“Son 35 años juntos. Nos hemos acoplado. Ha sido importante encontrar el tono y la forma de contar. Con La mujer…, que nunca se vio en México, abordamos la libertad de la mirada. Ripstein me dijo que no quría una película amoral, sino inmoral en la que el pecado existe y los protagonistas lo cometen a sabiendas y con gozo”, explicó Garciadiego, que escribió esta historia de incesto entre hermanos desde tres ópticas: los hermanos y la madre, “que es quien verdaderamente lo sufre. En 1937, cuando se estrenó la primera película, el incesto estaba condenado y condenable. En e1993, cuando hicimos la nuestra, estaba bastante tolerado en México”, añadió.

Fotos © Yago Ortiz

 

Preguntado por su vínculo con Gabriel García Márquez, a quien conoció cuando todavía “no era Gabriel García Márquez. No fue una relación muy fructífera”; y con Patricia Reyes Spíndola, intérprete de muchas de sus producciones –“es una gran actriz, pero los ciclos terminan”–, Ripstein también dijo que la memoria es “porosa. Me acuerdo de lo que necesito acordarme, no de lo que fue”, y que lo suyo no son los personajes de traje y corbata. “Me salen los sobrevivientes, los desesperados, los que están en el último momento de su agonía. Prefiero la desdicha que la dicha”, aseguró.

Unidos por el cine y por su devoción por el melodrama –ella en los guiones y él en la dirección–, sus producciones han viajado por todo el mundo. “Nuestras películas se reciben mejor fuera que dentro de México. Cuando empecé, en los 60, éramos un grupo homogéneo y simpático. Todo era unión y entusiasmo, todos éramos espectadores de nosotros mismos. Paso el tiempo y empezamos a odiarnos a muerte. Así somos en México , donde todas sus celebraciones son de derrotas”, expresó este autodidacta, hijo de productor, que desmintió haber sido ayudante de dirección de Luis Buñuel y, más que admirador de Kurosawa, confesó que siempre había querido ser el maestro japonés.

Profesora, ensayista y guionista, a Paz Alicia Garciadiego le brotan los guiones de imágenes, de escenas; le salen mejor los personajes femeninos que los masculinos, «pero no es un cine de militancia femenino porque no me gusta el cine que enseña. Mis mujeres están tan oprimidas como mis hombres”, destacó la veterana profesional, que reconoció ser políticamente incorrecta cuando dijo que en México no era fácil dar con caras verosímiles y que sean buenos actores “porque nosotros hacemos películas de clases bajas y la mayoría de los intérpretes son muy blancos”.

Ripstein declaró que en el cine sin concesiones que dirige da un mayor protagonismo a las mujeres, “pero no es por feminismo, sino por miedo. Siempre ruedo las cosas que me dan miedo”, apostilló este director que ha mostrado en la gran pantalla la pobreza, prostitución, corrupción, las desilusiones… y que definió la célebre Roma, de su compatriota Alfonso Cuarón, como una película “decente, que ensalza la bondad, algo que yo nunca he conocido”.

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