Las películas posibles | Encuentro Mejor Dirección Novel

19 enero, 2020

Salvador Simó, Galder Gaztelu-Urrutia, Belén Funes y Aritz Moreno participan en la Academia en una mesa redonda antes de saber quién se hará con el Goya a Mejor Dirección Novel

Una cinta de animación para adultos, una distopía de ciencia-ficción, un retrato naturalista de la clase obrera y la adaptación de una novel imposible de adaptar son las cuatro óperas primas que se medirán por el Goya a Mejor Dirección Novel el próximo sábado. Antes, el pasado viernes, los tres realizadores y la directora que pueden levantar el galardón en Málaga reflexionan sobre su nominación en la sede de la Academia.

“A nuestros productores les gusta el deporte de riesgo”, considera Simó, que encontró en Manuel Cristóbal el aliado perfecto para llevar a imágenes animadas la historia de cómo Buñuel rodó Las Hurdes, tierra sin pan: “él me dio a leer la novela gráfica en la que se basa Buñuel en el laberinto de las tortugas. Después vinieron tres años y medio de Investigación, de conversaciones con la familia… Fue un proceso que disfrutamos. Hacer una película es complicado, pero lo recuerdo con cariño. Supongo que la primera peli no se olvida. Como artista te enfrentas a algo nuevo, por lo que intentas no cometer errores”.

Galder Gaztelu-Urrutia recordó el “tortuoso proceso de reescritura de guión de El hoyo (The Platform). David de Solá es el autor de la idea original, que primero fue una alocada comedia para teatro que nunca llegó a montarse. Después vinieron dos años de reescritura hasta dar con el guión, un tiempo en el que pensamos a veces en abandonar el proyecto. Y una vez decidido el libreto, tan complejo como ese proceso fue encontrar la financiación”. Gaztelu-Urrutia, de 45 años, aseguró que  “esta no es mi primera película, es la primera que he podido hacer”.

Belén Funes comenzó a escribir La hija de un ladrón “en el comedor de mi casa, como divertimento. Me había quedado sin trabajo y me puse a escribir. Casi un año después, descubrí que el punto de vista estaba mal. No servía lo que había escrito, pero al menos sabía dónde la estaba cagando. Una vez clara la película, entraron los productores. Todo el proceso de escritura fueron cuatro años de mucha ansiedad, porque no sabes bien lo que están haciendo hasta que alguien ajeno lo lee”.

Ventajas de viajar en tren, de Aritz Moreno, parte de la “novela de Antonio Orejudo que nos aseguraban que no se podía adaptar al cine. Montamos la productora Señor y señora y buscábamos proyectos de ficción y dimos con ese libro. De manera muy inocente, busqué en google y llamé a la editorial. Tuvimos mucha suerte porque las personas importantes en este proceso fueron generosas. Orejudo nos cedió los derechos por casi nada, seguramente pensando que no la podríamos hacer”. El cineasta escribió “un tratamiento, pero hacía falta un guionista. Conseguí el mail de Javier Gullón, le escribí y le mandé el libro. Dijo que sí. No hubo más de tres versiones, y los cambios vinieron por el tema presupuestario. La financiación fue lo más jodido, un total de cuatro años. Hubiera sido más fácil autocensurándonos, pero no lo hicimos”.

Dimensionar las cintas

En palabras de Belén Funes, las ópera primas suelen ser “un tipo de cine concreto porque no se pueden hacer otro. ¿Por qué son pequeñas? Porque no podemos hacer otro”. Coincide Gaztelu-Urrutia: “El hoyo es la peli que podíamos hacer. Te adaptas a las posibilidades de financiación”. El autor de la primera película española que se alza con el primer premio en Sitges considera que “en este país se hace cine por entusiasmo desmedido y tozudez, no por las ayudas, que son más bien escasas”. Moreno, el nominado con un presupuesto más alto en su debut, considera que “tiene mérito haber podido levantar dos millones y medio, nos ha llevado cuatro años. Es una cuestión de obsesión, no teníamos plan B”.

Salvador Simó llevaba “trabajando 30 años en animación, en mucho cine comercial americano”, su ópera prima le ha “servido para encontrarme como cineasta. Tenía detrás un productor que me iba sacando de mi zona de confort. Con tu primera peli estás con una incerteza de no la quiero cagar, y se agradece tener alguien que te da ánimo”. Recuerda el persistente consejo de su productor: “dimensiona la película”. Sobre el estilo de los cineastas noveles, Funes cree que “un director tiene que estar siempre en construcción. El estilo me parece una cosa del momento. A mí me gusta que la película te diga cómo tiene que ser. No hay que tener miedo a saltar a la siguiente isla”.

Fotos © Emily Sánchez

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