Melodías y silencios

27 enero, 2020

Los compositores nominados al Goya a Mejor Música Original se dieron cita en el Museo Picasso Málaga en la noche previa a la gran fiesta del cine español, siendo la primera vez para esta especialidad participa en las actividades que sirven de antesala a los Premios, y convirtiéndose en el acto que cierra la semana dedicada a la ceremonia de los Goya.

Arturo Cardelús (Buñuel en el laberinto de las tortugas ), Pascal Gaigne (La trinchera infinita) y Alejandro Amenábar (Mientras dure la guerra), los compositores de las bandas sonoras que competían por el galardón, protagonizaron una mesa redonda en la que causó baja Alberto Iglesias (Dolor y gloria), afectado por una neumonía.

Luis Ivars moderó una mesa en la que diferentes escenas de las cuatros películas ayudaron a entender al público asistente la importancia de la música en el cine que, como definió Ivars, es mucho más que un acompañamiento: “es el guion definitivo de la película, el guion emocional. Es importante cómo se utiliza la música, saber qué añade a lo que no aporta el discurso de los personajes”.

 

Para el más joven de los cuatro, el pianista y compositor Cardelús, esta era su primera nominación –una de las cuatro a las que aspiraba la cinta de animación–: “cuando me ofrecen un trabajo, lo principal para mí es conocer el tema, algo que parece obvio, pero no lo es tanto. Y esta película, que pensaba que trataba de Las Hurdes, Salvador Simó me reveló que era una historia sobre la amistad entre Buñuel y Ramón Acín”. Su mayor desafío fue “describir las contradicciones de Buñuel, cuya música es algo esquizofrénica”. El contraste lo aporta la música de Acín, “que refleja la moderación de su carácter”, explicó el madrileño.

 

El francés Pascal Gaigne, afincado en Donosti y con más de 90 películas a sus espaldas, ganador de un Goya por Handia y nominado, con esta, en cinco ocasiones. Como Amenábar, aunque con un punto de vita muy diferente, ha compuesto la música para una historia sobre la Guerra Civil: La trinchera infinita. ¿Cómo se pone música a un territorio tan complicado y árido? “A la tortura psicológica vivida durante tantos años y a las órdenes de tres directores”, explicó. “Como digo siempre en mis clases, cuando me preguntan cómo se hace una banda sonora, tengo que decir que no tengo ni idea”.

 

Y aseguró que es divertida la forma en que se solucionaban las decisiones creativas: “es curioso, porque con tres directores hay un efecto opuesto. Nunca estaban de acuerdo. Lo bueno es que todo se decidía con mayoría absoluta”. La idea para La trinchera infinita era la de tener una banda sonora muy corta, poca música “en momentos muy específicos”, para que los silencios aportaran la sensación de estirar el tiempo durante los 30 años en los que discurre la historia. “El silencio es música también”, aseguró Gaigne.

Nominado 13 veces, cuatro de las cuales a Mejor Música Original, Alejandro Amenábar firma con Mientras dure la guerra la quinta banda sonora que compone para su cine. “El reto es asumir la composición, algo ante lo que dudo mucho en cada película, porque después de trabajar rodeado de grandes profesionales, lo último que quiero es estropearlo yo todo al final”. En esta ocasión “llevaba tarareando la melodía durante todo el rodaje, la tenía literalmente grabada en la cabeza, antes incluso de rodar”, dijo. “Pascal ha optado con resonancias electrónicas y yo tenia claro que no había cabida para la música electrónica en mi película”, manifestó el cineast,a que confesó que “para mí la vida sin música es muy triste. Me resulta muy difícil desprenderme de ella, aunque a veces es más inteligente dejar una secuencia sin música”.

 

El autor –ausente– de la música de Dolor y gloria y a la postre ganador de la estatuilla, Alberto Iglesias, el profesional más premiado hasta la fecha (11 goyas) todos ellos a Mejor Música Original, y que cuenta con también 11 películas en colaboración con Almodóvar –desde La flor de mi secreto– estuvo presente a través de Luis Ivars, con el que había hablado previamente y a quien le explicó su proceso: “Pedro Almodóvar monta muy rápido, pero se extiende mucho en posproducción, así que suele tener dos meses para trabajar. Almodóvar le aclara los límites, pero puede más la creatividad, lo que pueda sorprenderle”.

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