El arte de Iván Aledo

16 septiembre, 2020

Amigos y compañeros del desaparecido montador comparten emociones y recuerdos en el homenaje que le rindió la Academia de Cine

No pueden hablar sin emocionarse y tampoco pueden hablar de él en pasado porque Iván Aledo está en sus películas y, lo más importante, “está dentro de nosotros”. Un homenaje cargado de emociones y muchos recuerdos se vivió el martes en la Academia de Cine, donde amigos y compañeros recordaron con cariño al poeta, dibujante y magnífico montador, que falleció el pasado junio a los 68 años.

Acompañando a su viuda, Pilar y a sus hijos Belén, Clara e Ivan Aledo jr. numerosos amigos y colegas del “gran” Iván, que ya no se volverá a sentar en el sillón blanco de El Igloo, su estudio. Los directores, Emilio Martínez LázaroJulio Medem y Miguel Ángel Jiménez; el productor Enrique López Lavigne; y la montadora Julia Juániz, su compañera en la Junta Directiva de la Academia en la especialidad de montaje, participaron en el acto en el que se proyectó el último documental que montó Y en cada lenteja un dios. Emilio Martínez Lázaro conocía a su hermano Polo Aledo, montador de sonido, y llegó a Iván por recomendación de la montadora Teresa Font. “Le llamé, hicimos cuatro películas juntos y nos fue muy bien. Venía de la televisión como yo, y lo más notable es su vocación, ¡era tan fuerte!, más propia de un director; y su sentido del humor”, declaró el director, que se entendió con el montador murciano a la perfección . “Y eso que entendernos a nosotros, sobre todo a Julio, no es fácil”, apostilló.

Y a Julio (Medem) le costó aguantarse las lágrimas en más de una ocasión. Colaborador de Medem desde Tierra hasta Lucía y el sexo y luego en ma ma, vivieron juntos el cambio del analógico al digital. “La última vez que vi a Iván fue en esta sala, cuando se conmemoró el 20 aniversario de Los amantes del Círculo Polar –cinta que le valió su primer Goya, el segundo fue por La gran aventura de Mortadelo y Filemón–. Estaba poseído por la emoción, hemos llorado y reído  juntos. El montaje es una elección, nos contagiábamos emocionalmente y elegíamos. Iván se convirtió en mi alter ego,  incluso me superó. Superaba lo imaginado, es un ser tan grande, tan lleno de amor”, declaró.

López Lavigne estuvo diez años sentado con Aledo, codo con codo. “Polo e Iván eran dos cowboys, ellos tenían su visión, aportaban muchas cosas y eran muy responsables del resultado final. Iván era un artista, tenía manos de pianista y en Lucía y el sexo no quería cortar ninguna escena, lo nunca visto en un montador”,  rememoró el productor, que también habló de la labor como docente del “centurión” Aledo.  “Un alumno suyo dijo que con él ‘aprendimos mucho, además aprendimos a montar’”.

Comprometido con su oficio

En el encuentro, Julia Juániz, que ejerció de moderadora, contó que con Iván Aledo, siempre hablaba de cine, “de cuando hicimos tal o cual película. ¡Amaba tanto el cine!”; y Miguel Ángel Jiménez, autor de Una ventana al mar y Y en cada lenteja un dios, los últimos trabajos del montador, manifestó que tenían muchos planes juntos. “Era como un padre, como un hermano mayor que me ponía música y me decía que, como yo iba encorsetado, tenía que rodar más para que él tuviese más opciones”.

La directora Carlota Nelson y los montadores Nacho Ruiz Capillas –“era el señor que yo quería ser”–; e Irene Blecua, presidenta de AMAE (Asociación de Montadores Audiovisuales de España), que se fijó en “las camisas imposibles” que lucía Aledo, también recordaron vía vídeo a este profesional comprometido con su oficio que  impulsó y moderó –junto al también montador Mikel Iribaren– el ciclo de la Fundación Academia de Cine ‘Montar, soñar…’.

Iribaren; Kike Domínguez, su socio en el estudio El Igloo; y los montadores Teresa Font y Pablo Blanco, entre otros, asistieron al homenaje, que se cerró con el fragmento que leyó la actriz Emma Suárez de ‘El verano’, de Albert Camus.

“En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible. En medio de las lágrimas descubrí que había, dentro de mí, una sonrisa invencible. En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible. Me di cuenta a pesar de todo eso… En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta”.

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