El maestro que nos guía

Fotografías de Fernando Gutiérrez Llorente · 10 junio, 2021

Mónica Randall, José Sacristán y David Trueba recuerdan a Luis García Berlanga

Luis García Berlanga siempre ha sido una guía. Todo el que ha querido o quiere dedicarse al cine, lo que quieren ser de mayores es Luis García Berlanga. Era una persona incontestable, era cercano, divertido, afable, generoso…Cuando le conocías, tenía todas las virtudes en el trato personal, pero antes de conocerle era una meta y lo sigue siendo”. Con estas emotivas palabras inició David Trueba el encuentro con los intérpretes Mónica Randall y José Sacristán en la sede del Instituto Cervantes. Una reunión en la que no faltaron  las risas “que son sanadoras, inteligentes y maravillosas”, recalcó el director y escritor.

Tras desvelarse el legado que el cineasta valenciano depositó en la Caja de las Letras del Cervantes en 2008 -una revista y un libro que dan cuenta de su reconocimiento internacional, y el guion inédito de la que debía haber sido la cuarta parte de la ‘Trilogía nacional’, bajo el título de ¡Viva Rusia!-, Randall, Sacristán y Trueba recordaron al director de El verdugo y Plácido.

Interpretó La escopeta nacional y participó en Todos a la cárcel, pero Randall conocía a la familia Berlanga desde hace muchos años. “He comido muchos arroces en esa casa y nadado en la piscina. La primera vez que me habló de trabajar juntos fue en el Caribe, estábamos en la piscina del hotel y Luis me dijo ‘tú eres muy graciosa, es que tengo un amigo mío que está escribiendo un guion y estoy pensando que hay un personaje que tú podrías hacer muy bien’. Yo, ni le pregunté quién era el amigo, que era él mismo”, rememoró la actriz.

Le llegó el libreto a su casa “ y me tocó el Gordo. En el cine siempre me ven como el ama de llaves de Rebecca y me llaman para hacer ricas un poco malvadas y a mí me gusta la risa, pero no tengo aspecto de risa. Tener la oportunidad de hacer un papel gracioso fue fantástico, aunque sirvió de poco porque luego volvieron a ofrecerme a la Sra. Danvers”.

Un ser libre

Randall también comentó la escena de la cena de La escopeta…con más de 40 intérpretes –“tenías que tener sentido de la cámara para no tapar a nadie–; y las risas con la secuencia del vello púbico –le pegaron un vello falso para cortarlo y Luis Escobar acabó cortando el de verdad–. “Los actores teníamos que ser muy profesionales. Te enviaban el guion y no había ensayos previos. O se produce un encuentro entre el personaje y tú o no hay nada que hacer. Si somos buenos actores nos entenderemos. Aparentemente era ’sálvese quien pueda’, pero Luis no te dejaba abandonado nunca como actor”, recalcó

Ingeniosa y divertida, calificó de “muy injusto” que el cineasta no hubiera tenido el lugar que merece en la cinematografía mundial. “Si hubiese sido un judío perseguido por los nazis se hubiera ido a Hollywood. Le tocó vivir el tiempo histórico que le tocó vivir. Estaba en este terruño divertido y querido que él veía de una forma diferente y que tenía una capacidad de retratar”, apostilló Randall, para quien Berlanga era “un ser libre, lo que significa que te enfadas con unos y con otros”.

 

Cero impostura

En el acto organizado por el Cervantes y la Academia de Cine, José Sacristán resaltó la confianza que Berlanga depositó en él como “el reemplazo de los grandes actores secundarios.”

El intérprete nacido en Chinchón contó jugosos chascarrillos de los rodajes de La vaquilla –el actor tiene miedo a los toros, y pasó los peores dos días de su vida cuando tuvo que rodar con una vaca brava. “Al final, convencieron a Luis para que fuera una vaca mansa, y me la jugué”. Y con los petardos… “Le decía a Reyes Abades que nos los tirara cerca”– y Todos a la cárcel, donde se vivió un ataque de risa colectiva a cuenta de la ‘fórmula enriquecida’, frase que se enquistó y nadie, ni siquiera Agustín Gonzalez, pudo pronunciar.

El plano secuencia–“era como estar ensayando El lago de los cisnes, una coreografía”–;  y las diferencias entre Berlanga y Marsillach cuando éste sustituyó a Luis Escobar, también salieron en la conversación.

“Una de las pocas cosas buenas de hacerse viejo es haber tenido el privilegio de haber trabajado con gente como Berlanga o Fernando Fernán-Gómez. Al lado de esta gente, por cojones, tenías que ser mejor, no cabía la impostura”, aseguró.

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