Carla Simón presenta Alcarràs en un encuentro en la Academia

Fotografías de ©Laia Pacual y Victoria Gris · 22 abril, 2022

Ganadora del Oso de Oro de la Berlinale, su segunda película llega a los cines el próximo 29 de abril

La tierra, la tradición, el oficio de cultivar y la familia son los temas en los que se fijó Carla Simón en Alcarràs y sobre los que reflexionó en un encuentro con el público en la Academia de Cine, tras la proyección de su segundo largometraje. Un título que le ha convertido en la primera mujer española en lograr el máximo galardón del Festival de Berlín.

Después del éxito de Verano 1993, “presión había”, reconoció la directora catalana, que regresa a su universo personal para narrar la historia de la familia Solé, que afronta su última cosecha después de 80 años cultivando la misma tierra. “Mis tíos y mi familia cultivan melocotones y cuando estaba escribiendo Verano 1993 murió mi abuelo y fue un momento de pensar dónde quedaba su legado y qué pasaría si desaparecían estos árboles”, explicó Simón sobre el origen de este drama, que le resultó más complejo que su ópera prima.

“La segunda peli tiene esa cosa de si estás definiendo algo en relación a tu cine. Y para mí es importante que cada proyecto tenga su reto y algo que lo identifique”, aseguró la realizadora, que pone el foco en “el oficio más viejo de la humanidad, lo hacemos desde la prehistoria”.

A la familia protagonista la encarnan actores no profesionales y trabajadores de la tierra de la zona de Alcarràs, este pequeño pueblo de Cataluña en la provincia de Lleida que da nombre a la cinta. “Íbamos a las fiestas de los pueblos y si alguien nos encajaba le decíamos que viniera al cásting”, recordó Simón, para la que era fundamental “que nadie tuviera que fingir el acento específico de este sitio porque hay improvisaciones” y la conexión con la tierra, “a los agricultores se les nota en el aspecto, en la forma de coger la fruta”, señaló.

Foto: ©Victoria Gris

La cámara, una posición filosófica

Cómo afrontó la escritura del guion, que firma junto a Arnau Vilaró, fue otro de los temas en los que incidió la directora. “El viaje emocional es de una familia que hay que tratar como un solo cuerpo. Las emociones de uno tienen consecuencias en las de otros. Es como un dominó”, desgranó. Esta coralidad fue el mayor reto del relato. “Hay muchos tipos de coralidad, las series, las historias cruzadas… Nosotros optamos por el relevo, que cada uno tenga su espacio”, compartió.

Ambos se trasladaron a la masía de la familia de Simón para escribir, donde fueron testigos “del ritmo acelerado de una cosecha. Hay mucha gente junta y cada loco con su tema. Están pasando muchas cosas paralelas todo el rato. Decíamos que estábamos escribiendo un thriller”, bromeó la directora.

Para Simón “colocar la cámara es una posición filosófica” y junto a la directora de fotografía Daniela Cajías eligió primar las interpretaciones y no romantizar la naturaleza. “La cámara va donde va la emoción de los actores. Ese paisaje a veces con la luz tenía una aspecto espectacular, pero no tenía sentido que nosotros viniendo de la ciudad idealizáramos el campo. Ese paisaje da sus frutos, pero es duro y hace calor… esta familia lo vive desde dentro”, corroboró.

El gran conflicto de la película, la pérdida de sus tierras, paradójicamente, viene de mano de las energías renovables. “Siempre es más complejo cuando el malo no es solo malo. Para mí era importante que el dilema fuera lícito. Que el espectador pueda entender la opción de las placas solares. Evidentemente vamos con esta familia, pero la energía solar es necesaria, aunque se tiene que aplicar correctamente”, aclaró.

Foto: ©Laia Pascual

Reapertura de cines

La película llega a la cartelera el próximo viernes, 29 de abril, avalada por un Oso de Oro para el cine español, que no se lograba desde hace 39 años cuando Mario Camus hizo lo propio con La colmena.

“Para mí es un dato. Lo que se ve es que hay una nueva generación de cineastas que estamos haciendo cosas distintas y con un cine que viaja. Espero que haya más premios como este en un futuro próximo y no tengan que pasar otros 40 años. No ha sido una moda pasajera del #MeToo, los premios a mujeres en todos los festivales de clase A han sido como decir ‘estamos aquí’”, celebró Simón, feliz también por otra gran noticia para los cines españoles: la expectación por la película en la zona de Lleida y Tarragona hará que se reabran 14 salas de cine cerradas desde hace años para las proyecciones de Alcarràs.

 

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