Juan Diego, un personaje épico

Fotografías de David González y Carmen García · 28 mayo, 2022

Familiares, amigos, compañeros y discípulos recuerdan al actor en el homenaje que le rindió la Academia

A Juan Diego se le echa mucho de menos. Un mes después del fallecimiento del querido actor sevillano, sus amigos, compañeros, discípulos y familia destacaron la humildad, generosidad, rigor profesional, el respeto que tenía por el oficio que llevaba desempeñando durante más de cinco décadas y, sobre todo, el compromiso que tenía con la vida Juanito, como le llamaba su círculo más íntimo.

Juan Diego Botto, Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos, Rosa León, María Luisa San José, Secun de la Rosa, Pepón Nieto, Lino Escalera, Mercedes Gamero, Antonio Hortelano, Juan Gona, Josetxo San Mateo, Clara Sanchis, Mamen Mendizábal, su representante Paloma Juanes, sus hermanos Curro y Simón y su hijo Adán, entre otros, participaron en el homenaje que le rindió la Academia, donde todos recordaron con emoción al “hermano, novio, hijo y padre. Juan era de la familia”, recalcó, muy afectada, Ana Belén.

La Academia recordó a uno de sus miembros más queridos y al que reconoció con tres Premios Goya y la Medalla de Honor. “Juan se sentiría feliz en este acto, sonreiría al veros y al ver cómo le quería y cómo le respetaba la profesión”, manifestó el presidente de la institución, Mariano Barroso.

“La vida se le quedaba chica”

Víctor García León, director y coguionista de Vete de mí, trabajo que le valió su segundo Goya y la Concha de Plata del Festival de San Sebastián y que se proyectó en el homenaje, fue el anfitrión del acto, en el que Juan Diego Botto, su hijo en esta película, contó que todo lo que tenía que ver con su profesión “era inmenso y placentero para Juan, a quien la vida se le quedaba chica. 24 horas no le bastaban, era un personaje épico en sí mismo”.

Botto pasó mucho tiempo con Diego, no solo rodando, también en asambleas y reuniones. “Estuvimos en muchas luchas, una de ellas fue el ‘No a la guerra’, cuyo manifiesto leyó Fernando Fernán-Gómez. El respeto, la admiración que Juan tenía por Fernán-Gómez me resultó conmovedor. Para mí, Juan era la parte más alta de la escalera, y ver que para él dos peldaños más arriba estaba Fernán-Gómez… Que alguien a quien yo admiraba tanto tuviera esa humildad… Juan era un referente”, declaró el actor.

María Luisa San José contó sus vivencias en el calabozo cuando les detuvieron en una manifestación y los muchos autógrafos que firmó como Juan Pardo, “con el que le confundían”; y a la productora Mercedes Gamero se le saltaron las lágrimas “porque para mí Juan era una extensión de mi padre [el actor Antonio Gamero]. Jamás olvidaré que Juan entraba conmigo a la UCI para ver a mi padre”.

Pepón Nieto, por su parte, resaltó “lo divertido y cabrón que era, te hacía unas putadas…” durante los cinco años que estuvieron juntos haciendo la serie Los hombres de Paco.  Y Lino Escalera tuvo “la suerte” de que protagonizara su primera película, No sé decir adiós. “Juan me imponía mucho y cada vez que hacíamos una toma le comentaba: ‘Juan, todo muy bien, pero una cosita’, de ahí que me llamara ‘el cositas’”.

También participó en la ópera prima de Secun de la Rosa, El Cover. “Juan representa a alguien muy especial. La última vez que nos vimos, yo estaba desgastado y desanimando, y él me dio, de nuevo, una lección porque creía en un futuro”, declaró el actor-director.

‘Juan Pliego’

Coherente e intenso, el actor recogía firmas para denunciar las injusticias, de ahí que Víctor Manuel le bautizara ‘Juan Pliego’, indicó Ana Belén, que nunca olvidará el compromiso con la vida de su gran amigo y tampoco “las interminables cenas que compartimos. Le decíamos: ‘Juanito, venga, venga torerito’, y empezaba a recitar Profecía, de Rafael de León, y a cantar”. Y la artista empezó a cantar como lo hacía Juanito. “Por su culpa, Ana y yo ingresamos en el PC, donde estaba la gente más maravillosa y también la más hija de puta”, señaló Víctor Manuel.

Miguel Ríos conoció a Juan Diego en 1964, años en los que el cantante hizo “dos películas horrorosas. Nos invitaron a un bolo, a Torremolinos, y como los dos estábamos tiesos allí nos fuimos. Y Juan pedía para desayunar champán francés, como si fuera hijo de los Rothschild”, rememoró el artista, que también contó que Juan estaba empeñado en comprar una cueva en Granada para estar cerca de su compadre Enrique Morente, “que le quitó la idea de la cabeza cuando le dijo: ‘si quieres una, yo te la presto’”.

Héroe, amigo y padre

Para Rosa León, Juan Diego era su hermano, y su hijo, Víctor García León, se crio “a los pechos” del intérprete sevillano, “al que no podías nunca invitar a aceitunas, era lo peor que podías hacer”, aseguró Juan Diego Botto. Esa aversión a las aceitunas se la transmitió a Víctor García León. “Tenía yo tres años y no recuerdo qué, pero algo me dijo de las aceitunas que no las puedo ni ver, no me gustan”.

Tras agradecer a la Academia el homenaje a su padre, uno de sus dos hijos, Adán, explicó que “primero fue mi héroe, luego mi amigo y finalmente mi padre, del que me quedó la capacidad de armonizar la sociedad a través de la cultura”.

A las palabras de Adán se sumó Botto. “Por su aporte cultural y social, por poner el cuerpo por los derechos sociales, Juan Diego se merece un funeral de estado”, apostilló.

Como resaltó Mariano Barroso, “nos va a costar mucho soltar a Juan Diego de nuestras vidas”.

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