Mikel Gurrea: “Soy cineasta por el Festival de San Sebastián”

Por Chusa L. Monjas · 19 septiembre, 2022

Vicky Luengo y Pol López son los únicos actores profesionales de su ópera prima, el drama rústico Suro

Su relación con el cine parte de la ilusión de escribir y filmar personajes que sean el centro de historias que le permitan explorar ideas y emociones a las que no tenemos acceso en la vida. “El cine es un lenguaje para descubrir el misterio en el sentido más amplio”, afirma Mikel Gurrea, que tras su paso por Zabaltegi el año pasado con Heltzear –el primer corto en euskera que proyectó el Festival de Venecia en su historia–, aterriza en la competición del Festival de San Sebastián, su ciudad, con Suro, su primer largometraje que, además, es el primer título del programa de desarrollo Ikusmira Berriak.

Rodada en catalán con Vicky Luengo y Pol López, los dos únicos intérpretes profesionales del reparto, esta ópera prima sigue a una pareja urbanita que, sin experiencia en el mundo rural, decide vivir y trabajar en el campo, una forma de vida que con la nueva normalidad causada por la pandemia despierta el interés de muchos. Su aventura rústica se ve envuelta en problemas, desencuentros y tensiones entre peladores locales del corcho (suro) e inmigrantes que ponen a prueba su relación. “No soy una persona oscura, pero me gusta que mi primera película viaje a la oscuridad”, palabras con las que Gurrea subraya su afirmación inicial.

 

Alas de mariposa, Lo que sé de Lola, El patio de mi cárcel, Yo, también, La herida y La hija de un ladrón. En los 70 años de existencia del certamen, no hay muchas óperas primas españolas en la sección oficial a concurso. ¿Qué cree que vieron los programadores en su película para incluirla?

Me gusta pensar que es una película honesta, que va desplegando capas y que se va transformando. Al principio puede parecer una cosa, pero se va abriendo, y se va cargando de energía, ritmo y también de violencia. La intención es que te agarre desde el principio y no te suelte hasta el final.

Como donostiarra, ¿qué siente al estar en Zinemaldia?

En gran parte, soy cineasta porque soy de Donosti y porque, al haber vivido el festival desde pequeño, he tenido la posibilidad de ver muchos tipos de cine desde muy joven. Creo que no sería cineasta si no fuera por este festival. Para todos los que hemos hecho Suro es un gran honor estar aquí, y presentar mi primera película en mi ciudad es muy emocionante.

En su misma sección están Pilar Palomero, que presenta su segunda historia, y Fernando Franco con su tercer trabajo. El más prolífico es Jaime Rosales, con siete títulos.

2022 nos está dando la cosecha de hace dos años. Nosotros pospusimos un año el rodaje, y sé que más compañeros y compañeras hicieron lo mismo, y ahora nos ha venido esta ola de películas españolas maravillosas. Voy a las salas a ver las películas de Pilar, Fernando y de Jaime, y estar ahora con ellos, más compartiendo que compitiendo, es muy bonito.

Actitud permeable

¿Cómo surgió su interés por los alcornocales del Alto Ampurdán?

En el verano de 2010 trabajé de temporero con estos árboles. Un trabajo muy físico por el que entré en contacto con este mundo que desconocía y que me pareció, visual y sonoramente, muy rico. Empezabas a las 6 de la mañana, cuando todavía no ha salido el sol, y terminabas a las 2 del mediodía cuando el calor es abrasador. El oficio de pelador de corcho se sigue haciendo como hace siglos. Hay que extraer la corteza de manera muy precisa para no dañar el árbol, lo que implica un punto de desgarro y también de cuidado en la relación con la naturaleza. A esto se unió que venía de fuera y se quedó conmigo esa sensación de chico de ciudad fascinado con el trabajo del bosque. Fue algo temporal, pero tenía claro que algún día escribiría sobre ello.

La pareja protagonista decide cambiar de vida y deja la ciudad para trabajar en el campo.

Sentía que era algo propio de mi generación, pero hablo con mis padres, que nacieron a finales de los 40, y son ciclos. El ser humano, sobre todo en las ciudades, cree que si viviera de forma muy diferente se solucionarían todos sus problemas. Ahora muchas personas eligen la vida rural huyendo del estrés urbano. Lo interesante cuando te vas a vivir a un contexto nuevo es que tienes que ser permeable, no ir con tus ideas, que igual son las que te impiden estar en ese nuevo lugar.

Para construir algo nuevo hay que sacrificar lo anterior.

Cuando llegas a un lugar con siglos de historia y una manera de funcionar, la manera más sostenible es aprender de ese lugar y de la gente que lo habita desde hace mucho más tiempo que tú.

Suro desmitifica el ‘idilio rural’. No es un camino para todo el mundo.

Disfruto cuando los personajes te dejan partir y tienen vida propia, son ellos los que cuentan lo que harían y lo que no. Esta pareja lleva muchos años e intenta refundar su relación cambiando de contexto. ¿Se puede? Ellos luchan para ver si es posible.

‘Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos’. La célebre frase de Martin Luther King se aplica a parte de sus personajes por su incomodidad ante una cultura diferente. Unas discrepancias que terminan en xenofobia y actos de violencia.

He querido hacer la película desde la subjetividad de los dos protagonistas. Ellos, en principio, creen que es una mirada común, de pareja, pero van viendo las cosas y a las personas de ese nuevo escenario con miradas diferentes, cada uno la suya, y a menudo enfrentadas. El problema es la incapacidad que tenemos todos de ver al que tenemos enfrente por lo que es y no con toda esa mochila de herencia de ideas preconcebidas de lo que se supone que es la gente del mundo rural, de la ciudad, el hombre, la mujer, la gente de culturas diferentes…Todas esas ideas preconcebidas muchas veces condicionan nuestra mirada, y esa mirada de pronto se activa y…

Vicky Luengo y Pol López son los únicos actores profesionales del reparto, formado por trabajadores marroquíes y peladores locales.

Vicky y Pol interpretan a una pareja que se muda a un entorno que tiene unas reglas y una manera de funcionar, unas dinámicas y unos cuerpos marcados por un práctica que es la pela del corcho que han hecho durante años. Más que fingir o entrenar a actores, buscamos a personas del corcho y que habían trabajado en el bosque con capacidad de imaginar y jugar a que eran otros.

¿Qué pide hoy el espectador a una película española?

Historias que le atrapen, que le estimulen desde lo emocional a lo intelectual, que le entretengan, que le presente un viaje. La esencia del cine es rendirte a la película, que te absorba y que, después de verla, te haya generado algo que luego al comentarlo con la familia, los amigos, puedas enriquecerlo.

¿Cuál es su primer recuerdo cinematográfico?

Me impactó ver que había una persona que se llamaba director de cine. Al día siguiente fui al colegio y dije que quería hacer eso. Y en casa, viendo El hombre de la rosa, escondido detrás del sofá y sin entenderla, sentí que ahí había algo me llamaba.

Cuando se pone delante de la cámara ¿tiene alguna regla que nunca rompe?

Me preparo mucho y luego lo tiro por la borda para ver qué sucede. En la apuesta por jugar con no actores y tener localizaciones reales, hay una búsqueda inconsciente de no controlarlo del todo.

Suro se estrenará el próximo 2 de diciembre.

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