Alejandro G. Iñárritu presenta Bardo en la Academia

Fotografías de ©Josefina Blanco · 27 septiembre, 2022

El oscarizado cineasta mexicano protagoniza un encuentro con académicos y público en torno a su última película, que habla de “las pérdidas geográficas, de afectos y memoria” y se inspira en su propia vida

“Esto es una especie de sueño, les invito a abrirse y no exigirle lógica. No hay nada que entender, hay mucho que sentir”. Con estas palabras introdujo Alejandro G. Iñárritu su nueva película Bardo. Falsa crónica de unas cuantas verdades en la Academia, espacio en el que compartió, después de la proyección, reflexiones en torno a su experiencia como mexicano migrante en Estados Unidos, el peso de su cultura en su séptimo largometraje y cómo ha volcado sus emociones en el personaje protagonista, al que da vida el actor Daniel Giménez Cacho.

Silverio, un reputado periodista y documentalista mexicano afincado en Los Ángeles que regresa a su país natal tras ganar un prestigioso premio internacional, es el alter ego de Iñárritu en Bardo, título que según detalló, hace referencia a un concepto de la tradición budista: el estado donde las cosas están en transformación constante.

“En los últimos 21 años de mi vida he estado en una situación particular. Pertenezco a una generación que para hacer cine se tenía que ir fuera, porque mi país no tenía los recursos. Esa decisión está llena de incertidumbres, contradicciones y paradojas que con el tiempo van sumando una sensación de lejanía. Quería hablar de esa sensación, de no llegar al funeral de tu padre, de repente ver las canas en tus amigos, de no recordar cosas de la infancia…”, rememoró el realizador, para el que la migración “siempre implica un desasosiego, una identidad que está buscando y está suspendida”.

Su cine hasta ahora lo ha hecho “mirando hacia fuera, tratando de entender la vida de otros” y a los casi 60 años reconoce que “ahora siento el impulso de tratar mi propia experiencia”. Y en ese reflejo de su vida, que incluye anécdotas personales, también mira a lo universal. “Quise compartir cosas que creo que millones de personas tienen, que es una nostalgia de lo que fueron, y que ya no pueden volver a ser”, destacó.

En este encuentro moderado por la periodista Pepa Blanes, Iñárritu aludió al significado del subtítulo: Falsa crónica de unas cuantas verdades. “Yo no recuerdo mi niñez, mis últimos 25 años me pueden dar la clave de quien soy yo. Las ráfagas de la memoria no las tengo con la certeza del hecho. La verdad no existe, es muy subjetiva. La memoria no tiene verdad, tiene convicción emocional. La emoción es real, no se puede cuestionar. De ahí parto”, aseguró.

«La memoria no tiene verdad, tiene convicción emocional»

La lucha contra las certezas es para el director de El renacido otro gran mantra de su nuevo filme y de su forma de entender el séptimo arte. “Ya no creo en lo que creía, también en el cine. El mundo está como está a causa de tantas certezas. Y lo ves en la política y las humanidades. El bruto tiene algo que admiro que es la certeza, pero lo vivo está transformándose todo el tiempo”, reflexionó el cineasta, que se muestra pesimista ante la deriva actual. “Estamos llegando de nuevo a la Edad Media con una velocidad digital. La ciencia y la cultura se está apartando y el rumor y la creencia se está alimentando”, apostilló.

La versión de Bardo que se proyectó este lunes en la institución y que se vio en San Sebastián cuenta con 20 minutos menos de metraje que la premiere del Festival de Venecia. Tras ese primer pase con público en El Lido, el director de Amores perros decidió retocar su último trabajo, en el que ha vuelto a la silla de montador –junto a la coeditora Mónica Salazar–, crédito que no ostentaba desde su ópera prima.

“Gozo mucho la edición. Es muy demandante, pero me pareció necesario hacerlo. Esta película en español era tan íntima… No soy romántico, lo que no sirve lo quito. Hay que matar todo lo que no ayude a la obra, pero también hay que invertir e incomodar y darle a la película la oportunidad de plantar ideas porque luego llega la cosecha”, desgranó Iñárritu, que planea repetir en futuros proyectos. “No voy a dejar de editar mis películas”, avanzó.

El director de Birdman retrata la complejidad de México en Bardo – “la vitalidad y el colorido que coexiste con la muerte, el absurdo y la impunidad”– y también se reconoce muy influido por su cultura en particular y la cultura universal en general. “Estoy hecho de tantas cosas”, afirmó el cineasta, que nombró a Borges, Córtazar, Rulfo y Octavio Paz y señaló la riqueza propia de la tradición literaria latinoamericana: “Estamos acostumbrados a concebir tiempo y espacio de una forma determinada, en la que estamos en contacto con lo sobrenatural”.

La cinta tampoco elude problemas sociales y políticos como las muertes en la frontera con Estados Unidos, las mujeres desaparecidas, la impunidad en México o la revisión histórica del pasado que implica a figuras como Hernán Cortés o la leyenda de “los Niños Héroes”. Iñárritu confía en que Bardo se reciba bien en su país y pone como prueba el carácter de su tierra. “Los mexicanos tenemos una capacidad de reírnos de nosotros mismos. Estamos construidos de narrativas que desde pequeños nos meten, como esta utilización de un evento trágico para un heroísmo inventado. Intento tener un cierto humor con nuestras propias mentiras de supervivencia y con estas cosas que duelen y al mismo tiempo continuamos. Como cuando comes chile, esa coexistencia del dolor y la alegría, la muerte y la vida”, enumeró.

«El éxito es una ilusión, una bomba de humo”

Ganador de cuatro Premios Oscar, el mexicano niega que su nuevo trabajo reflexione sobre el ego ni el éxito, a los que define como “una ilusión, una bomba de humo”. A Silverio, el afamado protagonista, lo ve “lleno de incertidumbres y fragilidad. Su certeza es que defiende la incertidumbre. Es un cuestionamiento en el que yo me encuentro ahora”, corroboró. Unas dudas que comparte su compatriota Daniel Giménez Cacho. “Somos de la misma generación, la misma ciudad y hemos hecho el mismo viaje interno”, reconoció Iñárritu, que se dio cuenta en una escena que estaban disolviendo “nuestras narrativas de cuando éramos jóvenes y queríamos cambiar el mundo y ahora solo queremos cambiarnos a nosotros mismos”.

Con esta cinta, Iñárritu ha logrado una conquista para la pantalla grande con la que cuentan pocos creadores en el nuevo contexto de multiplicidad de ventanas. Bardo se estrenará en salas de cine (en España en el 4 de noviembre) antes de su llegada a Netflix el 16 de diciembre, lo que supone una ventana de exclusividad mucho más larga de las que suele aprobar el gigante del entretenimiento.

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