Un director de cine que escribe, un escritor que se pone tras la cámara, un ojo inquieto que prefiere captar lo el efímero vuelo de una mariposa antes de atravesarla con alfileres para conservarla para siempre. Son algunas de las maneras en las que el escritor argentino Julio Cortázar describió a su amigo Gonzalo Suárez hace medio siglo, y que la actriz Aitana Sánchez-Gijón recordó para introducir la charla que compartieron este jueves en la Academia de Cine.
El cineasta, nacido en Oviedo, criado en Madrid y que comenzó su carrera cinematográfica en Barcelona, donde recogerá el Goya de Honor el próximo sábado 28 de febrero, mantuvo una conversación con la intérprete, galardonada con el premio en la edición anterior, en la que no bromeó con ofrecer un discurso aún más corto que el que profirió en 1989, cuando se alzó con el Goya a Mejor Dirección por Remando al viento. «Puedo superarlo, porque en otra ocasión salí por un lado al escenario imitando a Groucho Marx, cogí el premio, no dije nada y me marché por el otro lado del escenario», recordó divertido.
«A mis primeros 91 años, me he dado cuenta de que la vida es lo que hay aquí y ahora, ni antes ni después», declaró el creador, que desgranó algunos de los detalles sobre su proceso creativo. «Yo le debo mucho al fútbol», explicó, «porque estuve haciendo informes sobre los equipos rivales para el Inter de Milán, y aprendí mucho de estrategia, porque lo importante era fijarte donde no estaba el balón, qué pasaba en el espacio donde no se está fijando la atención». Una búsqueda sobre lo no tan evidente del mundo que se palpa en su cine, que no repasa una vez terminado. «He visto Remando al viento y no creo que sea mía, porque me ha gustado».
Esta historia rodada en inglés fue precisamente el título que unió al realizador con Sánchez-Gijón, que contaba 19 años cuando participó en la película. Después volvieron a trabajar juntos en el mediometraje El genio tranquilo y el largometraje Oviedo Express. Sobre otros intérpretes citados en la charla, como Paco Rabal, Suárez confesó que le da «mucha tristeza pensar en todas las personas que faltan, pero sin duda el cine obra el milagro de que haya quien sigue vivo después de muerto».
El presidente de la Academia de Cine, Fernando Méndez-Leite, fue el encargado de presentar el encuentro, y en sus palabras destacó que que Gonzalo Suárez sorprendió al público con «películas muy rompedoras y muy distintas de las que se habían hecho en el cine español hasta entonces, y después su carrera se diversificó con trabajos muy distintos».

