Durante la pasada semana, la Academia de Cine ha desarrollado una programación de actividades audiovisuales en el Centro Penitenciario Madrid IV, en Navalcarnero, en el marco del Programa de Intervención Audiovisual en Entornos Penitenciarios, impulsado junto a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.
A lo largo de cinco jornadas, las personas participantes han podido acercarse al cine desde diferentes perspectivas: como espectadores, como creadores y también como protagonistas de sus propias historias. Las actividades han permitido reflexionar sobre la imagen que el cine construye de las personas privadas de libertad y de la realidad de los centros penitenciarios, así como sobre la importancia de la autorrepresentación y de generar espacios en los que puedan contar sus experiencias y miradas en primera persona.
La semana comenzó el lunes con la proyección de los cortometrajes El bus de Sandra Reina y La fuerza de Cristina y María José Martín, seguida de un coloquio con sus directoras. El encuentro, moderado por César de Nicolás, permitió a los participantes conocer de cerca el proceso de creación de estas pequeñas ficciones y conversar sobre las decisiones que hay detrás de una película: cómo se construyen los personajes, cómo se cuenta una historia y cómo se representa una determinada realidad.
Los tres días siguientes, martes, miércoles y jueves, estuvieron dedicados a la formación y creación audiovisual. El cineasta y formador David Castro junto con Yolanda Cano impartieron un taller de stop motion, una técnica de animación que permite construir historias a partir de la sucesión de imágenes. A través de ejercicios prácticos, los participantes pudieron experimentar directamente con esta herramienta y desarrollar sus propias pequeñas piezas audiovisuales.
La semana concluyó el viernes con una sesión de exhibición en la que se proyectaron los resultados del taller de stop motion, junto a los cortometrajes creados en el Centro de Inserción Social Torre Espioca, en Valencia, escritos, dirigidos y protagonizados por personas usuarias del centro.
Esta última sesión permitió establecer un diálogo entre distintas experiencias de creación audiovisual desarrolladas en contextos penitenciarios y puso de manifiesto una de las ideas centrales del programa: no solo acercar el cine a las personas privadas de libertad, sino ofrecerles herramientas para que puedan utilizar el audiovisual como medio de expresión y contar sus propias historias.
La experiencia de Navalcarnero se suma así a las diferentes actividades de exhibición, creación y formación que la Academia de Cine está desarrollando en centros penitenciarios y de inserción social de distintos puntos de España, con el objetivo de hacer del cine una herramienta de reflexión, participación cultural, aprendizaje y transformación social.
