Un hombre moja pan en unos huevos fritos, finiquita la yema antes que las claras y las patatas fritas que lo acompañan. Lleva el móvil enganchado al cinturón, con el tono de llamada que venía preconfigurado. Hace un alto en el camino antes de recoger a una chica que viene de muy lejos, a la que trata de usted mientras le explica las condiciones del supuesto trabajo que la ha atraído hasta la provincia de Ciudad Real. Cuando este hombre de apariencia sencilla se despide de la mujer, dejándola en una habitación junto a otras tantas, para ella empieza el infierno y para él el negocio.
El castillo, la nueva serie creada por Isa Peña y Eduardo Villanueva y dirigida por Elena Martín y Sandra Romero, llega a San Sebastián con una incómoda misión: acercar el universo de la trata de mujeres y de la explotación sexual en España a una gran audiencia. Inspirada en el libro de Mabel Lozano El proxeneta, y protagonizada por un irreconocible Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Valentina Vidal, sus seis episodios detienen el aliento del espectador ante la realidad que revelan. Un horror tan cotidiano como la España del tránsito entre los noventa y los dos mil en la que se desarrolla, donde lo siniestro puede presentarse con un aspecto de lo más anodino imaginable. La peor persona con la que te vas a cruzar nunca puede ser esa tan gris que se zampa un plato combinado.
El castillo posiblemente sea el primer acercamiento que muchas personas tengan con la realidad de la prostitución en España. ¿Sentían la responsabilidad de retratar este mundo?
Eduardo Villanueva: Nos hemos tomado con mucha responsabilidad la documentación desde el primer momento y la primera aproximación, que fue el libro de Mabel Lozano. Y después en todos los caminos que se han ido abriendo. La prostitución es un universo muy grande y no es nuestra pretensión retratarlo entero, nos hemos centrado en la trata de mujeres con fines de explotación sexual, y en una parte de la mafia proxeneta que la genera. Pero sí, el sentimiento de responsabilidad es grande.
¿Cómo ha sido el trasvase del libro de Mabel Lozano a la serie?
Isa Peña: Ella había hecho su investigación para el libro, que cuando nos topamos con él nos impactó muchísimo. A partir de ahí nos pusimos a trabajar, y partiendo de ahí hemos hecho nuestra propia investigación. El libro, que se centra más en la figura del proxeneta, nos sirvió como una gran base para después ampliar el marco y hablar también de policía o de judicatura.
EV: De la mano de Mabel, que además es coproductora de la serie, fuimos introduciéndonos en los temas, nos presentó a mucha gente que nos ha resultado útil. Fiscales, jueces, comisarios, supervivientes de trata… Ha sido nuestra puerta de entrada a gente en muy alto nivel, que además ha vivido la época de la que hablamos en la serie. Por parte de Mabel siempre hemos sentido mucho entusiasmo, y muchas ganas de trabajar con nosotros.
¿Cómo fueron apareciendo los personajes de ficción a partir de sus investigaciones?
IP: Con muchos años de curro, la verdad. Nos costó mucho la forma de contar la serie. Al principio sentíamos un poco de síndrome de Estocolmo con la figura central del proxeneta, pero pronto nos dimos cuenta de que necesitábamos abrir el foco. Tener más protagonistas y más puntos de vista era necesario, para que entrara un poco de luz por algún lado. Es todo cuestión de trabajo.
EV: No ha sido un proceso lineal de primero documentarnos y luego escribir, sino que las dos cosas han sido en paralelo en todo momento. Esas primeras versiones donde el proxeneta era más importante en la narración resultaban áridas y oscuras, la serie necesitaba otra cosa. Al seguir investigando, fuimos descubriendo otros puntos de vista y cuando dimos con la tecla y aparecieron el resto de protagonistas, el trabajo de documentación siguió avanzando.
El proxeneta interpretado por Raúl Arévalo, el Suizo, es el gran villano, pero un villano muy de andar por casa: come platos combinados, bebe en vaso de tubo…
IP: Es que eso es España. Estamos hablando a través de él de una España que conocemos muy bien las personas que hemos nacido en según qué años. El mal puede ser sofisticado y fascinante, pero también puede ser todo lo contrario. El mal puede ser cutre, y ese es el acercamiento que nos apetecía hacer, porque nos parecía un tema potente y porque realmente es lo que encontrábamos en la documentación. La gente que hace daño está entre nosotros.
EV: Algo que teníamos claro desde el principio es que no queríamos romantizar a este personaje, que fuera un malo sobre el que alguien pudiera decir: cómo mola. Que fuera un hombre normal, de hecho lo llamábamos nuestro tío Fernando, no sé por qué el nombre de Fernando. Es decir, alguien reconocible para todos, normal y corriente. Hicimos mucha labor de quitar cualquier traza de genialidad o de frases ocurrentes o sentenciosas, para eliminar esa posibilidad de atracción, aunque a la vez es un personaje capaz de seducir a la policía. La mayoría de estos hombres son gente que tiene una serie de habilidades sociales, son capaces de convencer, de manipular. Buscábamos que él resultara fascinante por las cosas que hace, no porque él mismo lo sea.
IP: Es algo que ya estaba en el libro de Mabel, el hecho de que estos señores, que empezaron a ganar tanta pasta a raíz de explotar a mujeres que venían de países vulnerables, es que eran una panda de catetos. Y hemos ido a tope retratando eso, que además de ser real no lo hemos visto tan a menudo.
EV: Para hacer lo que ellos hacen no es preciso tener una mente criminal, sino una absoluta falta de escrúpulos. El Suizo es un mediocre y un infeliz, además de alguien que no hace otra cosa en todo el día. Y cuando vas a muerte con algo, puedes conseguirlo aunque no seas ninguna lumbrera.
Quizás lo más impactante de la serie son los rótulos del final, con datos e informaciones reales. Ahí la ficción nos golpea con la dura realidad, sobre todo la de las mujeres que acaban formando parte de la trata.
IP: Si hemos querido ser respetuosos con todos los temas, mucho más con las historias de estas mujeres. La investigación es lo que nos ha abierto el camino. De las supervivientes de trata con las que hemos hablado, era escalofriante ver los puntos en común que tenían la mayoría de sus biografías. Todas vienen de hogares muy parecidos, de familias desestructuradas, muy humildes, muchas han sido madres muy jóvenes, y la verdad es que muchas de ellas también han sufrido abusos. Es muy fuerte cómo los tentáculos de este sistema criminal llegan hasta ellas, a través de un captador que sabe perfectamente a qué calle tiene que ir. No te digo a qué país ni a qué ciudad, sino a qué calle. Eso ya nos cuenta mucho.
Pero tampoco queríamos revictimizarlas, que parecieran una masa informe de mujeres a las que solo se les hace daño, y no tienen agencia sobre absolutamente nada, que son pasivas y no se enteran de lo que les pasa. Queríamos que tuvieran su agencia, y con las directoras hemos hecho el trabajo de que las mujeres que aparecen, aunque no tengan mucha trama, tengan su plano, su espacio, que sean individuos. Estas historias están muy lejos de la mayoría de nosotros desde el punto de vista social, de clase, de origen, pero queríamos mirarlas de tú a tú. Eso ha sido complejo, pero muy interesante.
Las mujeres solo desaparecen en las escenas sexuales, donde solo está el putero.
EV: Es un hallazgo de Elena Martín. Una de las grandes cuestiones que teníamos era cómo acercarnos a las escenas de sexo, al interior de las habitaciones, porque teníamos la premisa de que no podía ser nada erótico, que nadie podría excitarse viendo esta serie. Cómo llevar eso a cabo era muy difícil, y en guion la propuesta era exactamente la contraria, quedarnos todo el rato en el rostro de la mujer, en un plano muy cerrado. Elena, recogiendo el objetivo y dándole la vuelta a la idea, dijo que estaba cansada de ver cómo las mujeres sufren, cómo dejan de estar presentes en esos momentos, y fijar la atención en el hombre, que nunca se muestra, hasta el extremo de que ella no está en la imagen. Porque efectivamente ellos no la están viendo, y ellas, como sabemos por la investigación, la mayoría de las veces están completamente disociadas, no están allí.
El horror que desvela la serie ocurre en un escenario muy reconocible, esa España que transitan de los noventa a los dos mil.
EV: Queríamos hablar de esa España de ladrillazo, del consumismo, de Jesús Gil, de las mamachicho…
IP:Con Teresa y con Fran, los direcores de arte de la serie, hablamos mucho y nos alineamos muy al principio, no solo en lo estético sino en lo filosófico. Queríamos algo muy veraz, casi documental, pero huyendo del feísmo, que ya está muy trillado, y por supuesto del romanticismo, que no tenía ninguna cabida. Su trabajo es increíble, entronca con el espíritu de la serie. Además hemos rodado en clubes abandonados pero reales, el trabajo de localización, que ha sido muy largo y complicado, nos ha ayudado en la propia investigación y en la propuesta.
La serie se muestra al público por primera vez en San Sebastián, ¿qué esperan de su paso por Zinemaldia?
EV: Estamos muy contentos con que una serie que tiene un tema que puede resultar de difícil entrada tenga una plataforma como el Festival de San Sebastián. Esperábamos contar con un apoyo así de grande, y este es perfecto, siempre pensamos en San Sebastián como primera opción.
IP: Además nos hace mucha ilusión que todo el equipo esté en el Kursaal, ver nuestro trabajo en esa pantalla… Es increíble.

