Mujer de barrio, nacida en Lavapiés (Madrid) en 1945, Pepa Morales es el ejemplo de trabajadora indiscutible y aprendizaje autodidacta. Comenzó a trabajar con 12 años en una peluquería de su barrio y hoy, ya jubilada y feliz, puede decir que su oficio en el cine se ha culminado con enorme éxito. Feliz en realidad lo ha sido siempre. No lo puede negar. Sonriente y espléndida. Viajó a Calpe (Alicante) para trabajar en su primera película con tan solo 17 años, después de tener que convencer a su padre de que el mundo del cine no era tan peligroso como él se temía. Fue allí donde conoció a Romana González, más conocida como Pato, otra de las grandes del oficio de maquillaje del cine. Con ella formó una sólida pareja profesional que se ha puesto a las órdenes de los más grandes directores de la industria española, como Gonzalo Suárez, José Luis Garci, Jaime Chávarri o Imanol Uribe, entre otros muchos. Ha peinado a multitud de actrices y actores, además de una larga de cola de gente de figuración. “Me los ventilaba en muy poco tiempo”, reconoce divertida.
Lo que de verdad le gusta a Pepa Morales son los peinados de época, los rizos, los bucles y la utilización de los rulos y el secador, algo que ahora, se lamenta, se está perdiendo
Es una mujer perfeccionista que se fijaba y se sigue fijando cuando va al cine en todos los peinados y cambios experimentados.
Ganadora de cuatro premios Goya (Remando al viento, El rey pasmado, Besos para todos y Camarón) recogidos junto a Romana González, Pepa Morales le quita importancia a este hecho. “Nos tocó a nosotras como les podía haber tocado a otros. Es nuestro trabajo”, explica con normalidad alguien que reconoce el valor del oficio de sus compañeros. También estuvo en el equipo de peluquería con el que José Luis Garci consiguió el primer Oscar para España en 1983 con Volver a empezar.
Es Pepa Morales el ejemplo de la pasión por un oficio que lucha por la excelencia en el cine español. Una pasión que ha transmitido a sus dos hijos, trabajadores en esta industria.
Rocío García