Pedro Casablanc: “En España no hacemos más cine político porque hay miedo”

Por Juan MG Morán · 18 septiembre, 2015

Estrena B, ópera prima de David Illundaín

La versión de Pedro Casablanc más comprometida asoma en B, retrato fiel y quirúrgico, transcripción mediante, de la declaración que hizo ante el juez Ruz Luis Bárcenas, el 15 de julio de 2013 en la Audiencia Nacional, tras dos semanas entre rejas. Replicado por Manolo Solo, Pedro Casablanc ha construido un Bárcenas que parlotea sin límite durante los 78 minutos de metraje. No sintió ningún vértigo cuando, tras interpretar el mismo papel en el teatro, se le ofreció protagonizar en la ópera prima de David Illundain al ex tesorero del Partido Popular, con el que empatiza, “porque para interpretar a un personaje, tienes que entenderle de alguna manera” y con el que no le importaría compartir una conversación tras el visionado de B.

Luis Bárcenas está continuamente en los telediarios de cada hogar, el referente era claro… ¿Cómo construir el personaje?

Todos conocemos la imagen superficial de Luis Bárcenas. Sabemos cómo habla, cómo se mueve, qué pinta tiene y cómo viste. No sabemos si fuma o cómo come, no lo hemos visto en la intimidad. A partir de los pequeños detalles, tenía que crear algo, añadir todo lo personal que pudiese acercarme a él. Lo afronté, al margen de agradeciendo la maravillosa idea de Alberto San Juan, intentando captar la esencia, el alma de este señor que tiene carisma, personalidad, características muy potentes que, inevitablemente, nos remiten a un cierto mundo delictivo.

¿Entendió al personaje en el camino?

Yo defiendo a Bárcenas, dicho sea de paso. No digo que lo que hace esté bien hecho o no lo haya hecho, sino que no estoy de acuerdo cuando se le llama gángster o villano. En la política y en su partido hay unos tremendos villanos, este señor ha robado y es un ladrón, pero todos los que están detrás también. Hay cierta empatía con el personaje, porque para crear un personaje como actor, tienes que empatizar con él de alguna manera.

Como intérprete, ¿es necesaria la valentía para acometer este tipo de trabajos?

Sí, sin ninguna duda. Estamos teniendo ciertos problemas con la película a la hora de distribuirla: no estamos ante un largometraje fácil ni al uso dentro del cine español. Si nos preguntamos por qué no se hace más cine político en nuestro país, es porque hay miedo. Hay productores, distribuidores, actores, directores y guionistas que temen perder su puesto de trabajo. No tanto ya los actores, que somos más kamikazes y vivimos siempre en precario…

Eso se traduce en un problema…

Hay mucho miedo a perder las lentejas, y por ello no hay una independencia creativa ni ideológica. Podemos echar mano de películas comprometidas de otras nacionalidades, iraníes, pakistaníes, israelíes, americanas o francesas, pero no contamos lo que ocurre en nuestro patio de vecinos, porque como nos conocemos todos, tenemos mucho cuidado de con quién nos metemos o con cómo decimos las cosas.

¿Qué nivel de madurez tiene a su juicio España cultural y políticamente? 

Creo que estamos aún en la adolescencia, porque probablemente la Transición fue nuestra niñez. Aún no hemos pasado a maduros ni a adultos ni cultural ni políticamente hablando. Hay que entender que necesitamos una dosis tremenda de cultura para tener una base sólida, saber que es algo completamente imprescindible para que un pueblo avance y tire para adelante. Ponemos énfasis en la cultura continuamente, la utilizamos en ocasiones como escudo o como arma arrojadiza, pero nos falta mucho, mucho…

De las tablas a la pantalla

David Illundaín, el director, vio la obra de teatro y asegura que salió en shock. ¿Qué sintió Pedro Casablanc la primera que se enfrentó al texto?

Sentí un poco de preocupación, por no decir miedo, ante lo que era un reto muy complicado, porque veía que era un texto difícilmente asumible y memorizable. No me planteé la trascendencia que podía tener como teatro político, y cuando David se pensó adaptar la obra al cine, finalmente la reescribió y añadió secuencias, volví a encontrarme con un texto muy difícil aunque ya bastante superado.

¿Sintió reticencias cuando se habló de la posibilidad de sacar este texto del teatro y llevarlo a la pantalla?

Ninguna. Tanto el teatro como la literatura son gérmenes fantásticos para muy grandes películas, y lo han sido siempre. Tengo en cuenta que son dos géneros distintos, que tienen poco que ver, salvo que están hecho por actores, pero me desenvuelvo tan agusto en el teatro, que ha sido mi vida, como en el cine, donde he tenido menos oportunidades. Trasladar la obra al cine ha sido fácil, más teniendo en cuenta los pocos medios con los que contábamos y los pocos días de rodaje. El hecho de venir muy ensayados del teatro ayudó mucho.

Asombra como con un material tan real se puede construir cine y teatro con tanta potencia y verdad. ¿Es de los que piensa que la realidad siempre supera a la ficción?

Sí. La realidad la vemos y la aceptamos, la admitimos porque la tenemos delante y la podemos tocar, la ficción siempre la juzgamos porque podemos colocarnos en un lugar objetivo y comentarla. La realidad nos da en la cara cada día con imágenes terribles y situaciones injustas, al tiempo que la ficción no deja de ser creación de alguien.

¿Por qué le diría al espectador que este filme es necesario?

Porque no se han visto muchas películas de este tipo en España. Es un tema muy actual que todo el mundo conoce: en los pases con público se oyen comentarios y risas porque todo el mundo sabe qué se dice, de qué personas se está hablando y qué han hecho. Es un momento de la historia política recientísima de este país que hemos intentando reflejar de la manera más clara y honesta posible, y eso interesa. La película trata un tema interesante, más allá o no de que sea una denuncia, que yo no creo que lo sea, simplemente pretende ser un reflejo de una cierta realidad.

¿Se imagina a Luis Bárcenas enfrentándose a su otro yo en la pantalla? 

Creo que al visionado reaccionaría bien, o incluso muy bien, pues no sale mal parado en ningún sentido. Seguro que podrá poner alguna objeción porque no conocemos el subtexto de lo que se dijo, y por ello es muy probable que se nos haya escapado algo de la forma de decir, de mirar… Pero, ¿por qué no? Me han llegado noticias de que le apetece mucho ver la película, y seguramente la verá en breve.

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