En la órbita del dolor de Almodóvar

Por Juan MG Morán · 7 abril, 2016

 

Adriana Ugarte y Emma Suárez se estrenan en el universo trágico del realizador español más internacional

Como si de un pequeño big bang se tratase, cada estreno de Pedro Almodóvar viene acompañado de un cataclismo en el cine nacional. En la que es la película número veinte del realizador manchego, el universo de Pedro Almodóvar se expande y estrena dos nuevos satélites girando en su órbita. Emma Suárez y Adriana Ugarte lucen soberbias como nuevas chicas Almodóvar y ponen rostro y alma al viaje emocional de Julieta, una misma mujer a la que el dolor quiebra y transforma. Encarado el inmenso desafío, ya solo les espera el paseo por el cosmos que todo estreno de Almodóvar requiere.

 

¿Cómo ha transcurrido el viaje de Julieta? ¿Una montaña rusa emocional?

A.U: Para mí muchos sentimientos han recorrido esta aventura, pero siempre he tenido la sensación de que alguien fuerte llevaba los mandos. Ha sido un proceso en el que he aprendido a controlar mis emociones y dejar que, por primera vez, fuese otra persona quien manejase todos los hilos.

E.S: Esta montaña rusa de la que hablas para mí comienza con el rodaje, pues al ser un personaje, en la etapa que a mí me corresponde, tan solitario, me obligó a investigar dentro de mí territorios poco cómodos, abrir puertas que no siempre fueron apetecibles, entrar en terrenos de fragilidad y vulnerabilidad…

El dolor, en esta historia, es completamente transformador.

A.U: Justo el otro día hablábamos con Pedro de que en la pérdida o en la tragedia las personas se reencuentran. Es ahí donde todo trasciende a las diferencias. La parte que más me gustó de mi personaje fue hacer el cambio de una Julieta viva a una Julieta a la que le han robado el alma y el sentido.

E.S: El dolor transforma completamente, pero el amor también. Me gustan los desafíos, sabía que este era un trabajo que requería responsabilidad, pero a nadie le apetece entrar en según qué cuevas oscuras, porque sabes que lo vas a pasar mal. Necesité preparar mucho el papel: fui a Galicia para ­reencontrarme con el pasado, visité exposiciones de Lucian Freud y leí El año del pensamiento mágico, De vidas ajenas y los relatos de Munro, lecturas que me recomendó Pedro para sumergirme en esta historia. Después de todo eso, organicé mi vida, que no es fácil, para quedarme sola.

¿Tuvieron la necesidad de preparar juntas el personaje?

A.U: En un primer momento, por sentido común, quisimos mirarnos y observarnos. Surgieron las ganas de construirlo a medias, pero pronto nos dimos cuenta que el tema no iba por ahí.

E.S: Para hacer ese trabajo, que era muy delicado, necesitábamos a Pedro y él tenía clarísimo lo que íbamos a hacer. La forma de coger un cigarrillo, de agarrar el bolso o la manera de caminar no hacía ninguna falta, porque lo que el personaje contaba iba mucho más allá.

A.U: Hay algo que él pudo ver en las dos, aunque seamos física y emocionalmente mujeres muy distintas. Creo que él se ha tomado el permiso, muy lógico, de pensar que las personas a lo largo del tiempo cambiamos. Ha querido mostrar lo que decías, que la tragedia te transforma. Julieta, como un muñeco de cera, se va haciendo, se va modelando con el paso de los años, cuando suceden unas cosas o se dejan de decir otras. Pedro, por ser un director distinto, fue el encargado de que nosotras, que no coincidíamos nunca en escena, tuviésemos esa magia común.

El dolor desde el silencio

¿La exigencia a uno mismo crece cuando se tiene enfrente a un maestro como Almodóvar?

E.S: Uno siempre es exigente con su trabajo, lo afrontas con la misma seriedad aunque te encuentres con personalidades distintas. Recuerdo un plano que teníamos que rodar en el que salía una estantería de fondo y Pedro dijo que tenía que supervisar cada libro que aparecía en la estantería. Esa forma de trabajar me provoca mucha admiración, porque casi nadie se puede permitir el lujo de tener el tiempo para revisar todo eso.

A.U: Pero quizá no todos sepan hacerlo ni le den tanta importancia. Por eso Pedro tiene un estilo que cala, porque cada detalle tiene presente su mirada. Quizá su don resida en que puede estar pendiente de esta conversación, de los libros, del polvo de la planta y de que las cortinas no están bien planchadas. No es solo una cuestión de medios, sino una cuestión de capacidad y de autoexigencia.

¿Han vivido algo inédito en este rodaje?

E.S: Para mí ha sido nuevo participar del universo de Pedro Almodóvar, ver cómo se une cada pieza del equipo técnico y él se encarga de todo ese engranaje. Él es cada decisión.

A.U: Ha roto todos mis esquemas. Creía que trabajaba desde un sitio que era el adecuado, pero hay vías distintas y trabajar en lo que uno piensa que funciona no es interesante ni enriquecedor. Él rompe todo lo que funciona, respeta y valora para iniciar un camino nuevo en el que estás desnudo, virgen, y no tienes ni idea de cómo vas a moverte. Estás sin herramientas conocidas, pero empiezas a hablar un lenguaje nuevo.

¿Cómo creen que se entenderá Julieta en su filmografía?

A.U: Julieta conserva la poesía estética de Pedro, pero es mucho más austera en la musicalidad, en los detalles. Eso hace que lo emocional acapare toda la intensidad. Es una película desgarrada, desnuda y sincera.

E.S: Pedro ha hecho un trabajo enorme de contención, no se ha dejado llevar por otros canales. No deja que los personajes se rompan…

A.U: Ni deja al espectador romperse.

E.S: Para él esa debe haber sido una de las cosas más difíciles. Ha logrado hablar del dolor desde el silencio, y ha rodado una película muy honda, muy profunda, en la que proyecta la sabiduría de los años, de su trayectoria, de su vida personal y sus emociones.

Chicas Almodóvar, de estreno

En un artículo reciente publicado en El País, Pedro Almodóvar decía que «para ser una chica Almodóvar hay que ser generosa, no tenerme miedo ni respeto reverencial, estar dispuestas a aprenderse los diálogos cinco minutos antes de rodar y a ensayarlo todo (las improvisaciones también hay que ensayarlas)». ¿Algo que añadir?

A.U: Creo que hay que tomarse con sentido del humor cada crítica que te hace, por muy espinosa o dura que te parezca. Coger el ego y enterrarlo. Dejarlo en casa.

E.S: Hay que tener disponibilidad absoluta.

En la distancia corta, ¿han logrado esbozar por qué el cineasta entiende tan bien el universo femenino?

A.U: Para mí es un poco enigmático que entienda nuestra psicología mejor que muchas mujeres. Es un secreto que no sé si quiero conocer.

E.S: Él tiene un sentimiento trágico de la vida que ha envuelto de cierta comedia o frivolidad, pero siempre se ha rodeado de mujeres, admira lo femenino y es alguien completamente vinculado desde niño a ese mundo.

A.U: Probablemente nazca de ese amor tan grande que profesa a las mujeres. Tras el estreno de Julieta, sus carreras tendrán una proyección casi mundial.

¿Con qué se quedan?

A.U: Intento no pensarlo. Ya ha sido maravilloso haber trabajado con él y haberle quitado peso a esa cercanía. Solo le había visto una vez, de lejos en un cine, y es cierto que impresiona porque le respetas mucho. Ahora nunca olvidaré el primer día que me abrió la puerta de su casa, porque entonces pensé «qué gentleman, qué mirada tan cálida». Me llevo algo muy bonito, y es que Pedro se ha convertido en un ser al que quiero.

E.S: Yo me quedo con una maravillosa película que hemos hecho entre todos, y en el cine lo que importa al final son las películas. El esfuerzo por parte de todos y cada uno de los que hemos participado en este proyecto entregando cada minuto de nuestra vida ha merecido la pena. Estoy contenta porque ha hecho la película que quería hacer.

Se habla de la etapa Maura en Almodóvar, de sus periodos asociados a Victoria Abril o Penélope Cruz. ¿Volverían a trabajar con él?

A.U: Sin lugar a dudas.

E.S: Sí, pero en comedia por favor.

 

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