Carlos Reviriego: «El cine español no puede permitirse el lujo de desaparecer»

Por Chusa L. Monjas · Foto: © Enrique F. Aparicio · 19 mayo, 2017

Adjunto a Dirección y Director de Programación de Filmoteca Española, desgrana cómo entiende el papel del Doré

 

“Para cualquier amante y conocedor del cine, este trabajo es un sueño de consumo”, subraya el periodista, docente y crítico cinematográfico Carlos Reviriego de la labor que desempeña desde principios de 2017: la de adjunto a la dirección y responsable de la programación de la Filmoteca. En este cambio de actividad, Reviriego cuenta con los conocimientos adquiridos durante más de veinte años que le llevan a decir “que hay realmente una nueva cinefilia ahí fuera que conquistar. El Cine Doré no programa con ánimo de lucro ni espíritu comercial, debe dar cabida a todas esas manifestaciones audiovisuales que por su propia naturaleza no encuentra acomodo en salas comerciales, y trazar sus propios caminos para recorrer las múltiples historias del cine. Pero Filmoteca no debe tampoco dar la espalda a las tensiones del presente, ni a los debates que hoy generan los cambios de paradigma en la creación audiovisual. Se debe programar con el mismo orgullo a Peter Jackson que a Béla Tarr, a Segundo de Chomón, a Cecil B. de Mille y a Mohsen Makhmalbaf, el cine de género y el cine-ensayo, el académico y el de serie B. Para un programador, es un sueño que no termina. Para el espectador, debe ser un lugar de culto y de descubrimientos. Sobre todo cuando ya han desaparecido las proyecciones analógicas en cualquier otro lado”.

 

El cine no conoce de nacionalidades, pero ¿tiene previsto proyectar más cine español?

Siempre ha tenido un protagonismo nuclear en la programación del Doré, ocupando entre un 25-30% de la parrilla, y desde luego es algo en lo que no vamos a ceder, sino que más bien debemos reforzar y darle mayor visibilidad mediante modelos que pongan el pretérito de nuestro cine en permanente diálogo con el presente de la producción española.Tiene todo el sentido que a raíz, por ejemplo, del éxito de Tarde para la ira, se recupere la tradición del thriller español, del cine quinqui, de la crónica urbana asociada al género.

Creo que al final no se trata tanto de cuánto se programa sino de qué se programa. Arrancar mi andadura con la retrospectiva completa de Pedro Almodóvar, y su Carta Blanca del cine internacional es toda una declaración de intenciones. La labor de “rescate” que se puede emprender de determinados cineastas que, por los motivos que fueran, no han gozado del reconocimiento que merecen, es muy amplio. Estoy pensando en Francisco Regueiro, Antonio Drove, Adolfo Arrieta, Julio Diamante, Benito Perojo, Paulino Viota… Y la necesidad, por cuestiones generacionales, de poner en valor las filmografías de toda una serie de autores que se formaron bajo el abrigo de la Transición, y que llegados a este punto, sigan en activo o no (varios de ellos incluso se han retirado), deben ser reivindicados. Es un deber de Filmoteca colocar sus trabajos bajo el radar de las nuevas generaciones.
¿Ha trazado ya el plan para conectar con las nuevas generaciones?

Es una tarea complicada y que debe actuar desde muchos frentes, no solo a nivel de programación (para lo cual no faltan ideas), también de comunicación y difusión, que es otro de los grandes retos de Filmoteca Española. Aparte de conectar con las nuevas generaciones, considero aún más importante la labor irrenunciable de toda Filmoteca, que es educar la mirada del espectador, complicar y ampliar su mapa de la sensibilidad cinematográfica (en palabras de George Steiner), sobre todo en estos tiempos en los que la creación del público del mañana pasa por un firme compromiso con la educación y la pedagogía fílmicas. No hay nada más satisfactorio que trabajar con niños y adolescentes que acabarán amando el cine y desarrollando una conciencia crítica respecto a lo que ven, algo tan necesario en nuestra sociedad. Ese papel, ciertamente inexistente en los sistemas educativos, debe ser crucial para Filmoteca Española. Si no somos capaces de crear esos nuevos públicos con conciencia crítica, y de conseguir que valoren el cine del pretérito, desde sus orígenes hasta hoy, sin distinción de geografías y formatos, entonces habremos fracasado en nuestros objetivos. Ahora que imperan los discursos culturales unidireccionales, no es una tarea sencilla. Pero hay que confiar en la curiosidad de la infancia y el despertar de la adolescencia a nuevos mundos, y por lo tanto también a nuevos cines.

La clave está en encontrar el modo de hacer visible ese rol que necesariamente debe asumir Filmoteca Española. La simple idea de que existan dos salas en el centro de Madrid que programen todos los días del año (excepto los lunes) al menos tres sesiones de cine de toda era y condición, a un precio muy popular (2,5 euros), y que pueda garantizar la máxima calidad posible en sus proyecciones (¡y muchas de ellas todavía en 35mm!), es en estos tiempos algo parecido a una utopía.

Toma de conciencia

Usted que conoce las distintas cinematografías, ¿cómo ve la salud de la española?

Creo que por una vez debería hablarse de la salud del cine español de todas las edades, que es la salud que los catalogadores, trabajadores de almacenes y restauradores de Filmoteca Española deben atender. La Filmoteca necesita recursos procedentes del Estado (que, dependiendo de la coyuntura, serán mayores o menores), pero lo que realmente necesita es el apoyo de la propia industria.

Recientemente entré en contacto con una distribuidora española para pedirle la copia en 35mm de un filme que estrenó hace varios años y del que es titular de los derechos de exhibición en España. Me dijo que me enviaba un DVD, que es todo lo que tenían. “Es que hemos destruido el 35mm”, me comentaron. Por lo visto, se había convertido en una práctica habitual destruir bobinas cuando se quedaban sin espacio en sus almacenes para ellas, sobre todo desde que ya todo se proyecta en DCP o archivos digitales. Pero lo único que garantiza a día de hoy la pervivencia del cine es el celuloide, el soporte físico, pues los algoritmos tienen sus días contados, la virtualidad no es una fuente de preservación fiable. Por supuesto, enviamos un furgón a recoger todos los 35 que aún no habían destruido para depositarlos en el CCR, que para eso está.

Pero será un caso aislado.

No lo es. La distribuidora de la que hablo lleva muchos años en el sector, pero al parecer no había asimilado todavía la imperiosa necesidad de preservar los materiales de su actividad lucrativa. Explotan comercialmente sus películas y luego se olvidan de que existen y de que, con seguridad, dejarán de existir. Filmoteca Española tiene que hacer un constante ejercicio de proselitismo, casi una misión evangelizadora en la industria, sobre la imperiosa necesidad de depositar sus materiales en nuestras instalaciones para su óptima conservación. Si no cuidamos nuestro cine, tarde o temprano desaparece. Y el cine español no puede permitirse el lujo de desaparecer.

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