Fernando Bernués: “La ficción tiene que luchar contra los estereotipos”

Por Chusa L. Monjas · 11 abril, 2019

La primera película que dirige en solitario es El hijo del acordeonista, basada en la novela homónima de Bernardo Atxaga

Fernando Bernués lleva muchos años dedicado a hacer reescrituras escénicas y audiovisuales de historias “que me mueven, remueven, conmueven e inquietan”. Emociones que experimentó cuando leyó ‘El hijo del acordeonista’, la exitosa novela de Bernardo Atxaga que en 2012 llevó a los escenarios. “Mi idea inicial era hacer una película, pero en ese momento los derechos cinematográficos estaban ocupados. Entonces, el Teatro Arriaga me hizo una propuesta y, aunque me dio vértigo, dirigí la adaptación teatral”, recuerda. Ahora, siete años después, Bernués traslada las palabras de Atxaga del escenario a la gran pantalla. “En la película hay más tramas, más personajes, está enriquecida, tiene otro potencial”, recalca.

Rodada en euskera, castellano e inglés –“también hay frases en francés”, apunta– e interpretada por los actores vascoparlantes Aitor Beltrán, Iñaki Rikarte –en el teatro encarnaban a los dos protagonistas de adolescentes, mientras que en la película son los adultos–, Bingen Elortza, Joseba Apaolaza, Mireia Gabilondo, Miren Arrieta, Laia Bernués y Eneko Sagardoy, entre otros-, El hijo del acordeonista, la primera película que firma en solitario, se presenta este viernes al público.

 

El hijo del acordeonista le persigue.
No sé si la obra me ha perseguido a mí o yo a ella. La versión teatral tuvo un buen recorrido, sobre todo en Euskadi. También se representó en Madrid, en el Centro Dramático Nacional en Madrid, que por primera vez acogió dos funciones en euskera, y en el Lliure de Barcelona. Era una producción ambiciosa, con bastante actores, no era fácil de mover. La propuesta interesó y nos animó a cerrar el círculo de contar esta historia en el cine.
Lo que me atrapó es que, a través de una historia pequeña, particular e íntima de dos amigos, te reencuentras con todo lo que fue la vida social, cultural, política y afectiva en Euskadi en la segunda mitad del siglo pasado.

La novela es extensa y, narrativamente, está muy abierta. ¿qué fue lo que más le interesó reflejar del libro?
El vínculo entre Joseba y David, el hijo del acordeonista, que son amigos desde la infancia y que en su juventud y por razones muy diferentes, uno por motivos políticos e ideológicos y otro más emocionales, terminan militando en ETA. Les detienen y cuando salen de la cárcel sus vidas se separan y se reeencuentran 20 años después en Estados Unidos.
Me centré en ese recorrido de amistad y en mostrar los dilemas a los que se enfrentaron, las renuncias que hicieron, las decisiones que tomaron, el daño que hicieron en sus entornos y el que infringieron socialmente y a si mismos. Quería hablar de nuestra historia colectiva a través de la historia del reencuentro de dos amigos tras 20 años de silencio y lejanía.

En este filme sobre la amistad, el amor, el peso del pasado, la tristeza del que deja su tierra y sabe que no va a volver y los efectos de la violencia, la literatura actúa como salvaguarda de la memoria.
Joseba es un reconocido escritor y David no es profesional, pero escribe sus memorias que son las que dan el paso a su reencuentro.

“Ese silencio de dos amigos como metáfora de un silencio colectivo”

La lucha armada de ETA ha marcado la historia política de España durante casi cinco décadas. Y también ha marcado la historia del cine español.
Los ecos de la violencia me preocupan porque hemos vivido inscritos en esa realidad. La película inauguró el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián, que fue el marco más preciso y oportuno. No es un filme sobre ETA. Esta aproximación desde la vida privada de dos militantes creo que, en el momento actual, puede aportar a romper el silencio. Ese silencio de 20 años de dos amigos como metáfora de un silencio colectivo.
En Euskadi llevamos los primeros años ininterrumpidos sin violencia armada, se empieza a respirar. Afrontar los daños y dolores es imprescindible para que, quizás, llegue el momento de tener un olvido sano, de tener la posibilidad de poner encima de la mesa la verdad de nuestras vidas y nuestras acciones, y del dolor que hemos provocado y hemos padecido. Creo que esa complejidad de voces tiene que existir.

¿Cómo cree que se verá la película? ¿qué lectura le gustaría que hiciera el público?
En los festivales que se ha proyectado –concursó en el último Festival de Huelva– y los pases que hemos hecho he sentido que el público agradecía esta historia compleja plagada de grises y matices , donde no hay un posicionamiento de ‘conmigo o contra mí’. Lo que el arte, la ficción, tiene que hacer es luchar contra el estereotipo y esa manera reduccionista de mirar la vida.
Todos hemos visto muchas películas y leído muchas novelas en las que no estamos de acuerdo con lo que pasa ni con las decisiones que toman los personajes, pero eso no implica que no te aporte numerosos datos para conocer o aproximarte a una verdad, a conocer nuestra historia.
El autor Jordi Galcerán vio la película y me dijo que le había evocado a Érase una vez en América. Podía ser Érase una vez en Euskadi’. Tenemos pocas oportunidades de contarnos a nosotros mismos. El hijo…podía ser universal, pero estamos contando una historia de lo que ha sido nuestra vida, que creo que es la única manera de afrontar lo que hemos sido, lo que seremos y de construir un futuro más reparador y sanador. Ese es el mejor antídoto contra la tensión y simplificación que el medio político, sobre todo, nos está proponiendo continuamente.
Es un deber del arte proponer un espacio de reflexión más sosegado, menos tenso y donde no compartir miradas no significa una agresión a nadie. Espero que la película genere un debate para encontrarnos con el otro, que es para lo que se hace el arte.

Gran deuda con la literatura

En la relación entre cineastas y escritores hay conocidos casos de conflictos y polémicas. En ocasiones se ha incorporado al autor al proceso de escritura. En El hijo..., Patxo Telleria fue el encargado de adaptar el guión, tanto en teatro como en cine.
De Bernardo Atxaga, que colaboró en la obra de teatro y se implicó en la película, destacaría su generosidad y el desapego que tiene de su obra. Le pedí que nos diera su punto de vista en las últimas versiones de guión, y aceptó dejando claro que la última decisión siempre era nuestra. Recuerdo que todas las revisiones nos las devolvía llenas de apuntes escritos con lápiz. Construimos un espacio de complicidad con lo que estábamos contando.
He trabajado mucho con adaptaciones de novelas en teatro y en cine y, aunque hay autores con mucho reparo a su obra, yo siempre me he encontrado con personas muy abiertas y dispuestas.
Cuanto te aproximas a la obra de alguien partes de un principio de seducción, de ganas de hacer ese trabajo, y si ese territorio no es recíproco…También hay directores que se colocan por encima de la historia que quieren contar por una necesidad de autoría personal, por ejemplo en el uso de la cámara. Y de ahí puedo entender que surjan conflictos.

¿Qué destacaría del mundo de Atxaga? ¿comparte su universo ideológico?
Tengo la sensación de tener ciertas empatías y proximidades con su pensamiento, que nunca es obvio, nunca es de consigna, y se aleja del estereotipo, del eslogan y la consigna diaria. En su literatura siempre hay una mirada a las zonas más complejas, menos luminosas y a la vez muy hermosas, y desde ahí sí tengo la sensación que tenemos una manera de mirar al mundo cercana. Ideológicamente, seguro que compartimos muchísimo espacio y seguramente habrá muchas cosas en las que no estemos de acuerdo.

Nuestra historia y literatura ¿han sido suficientemente explotadas por el cine?
No, hay grandísimas deudas. Hay relatos magníficos que se han quedado en el olvido, poco a poco van aflorando propuestas pero tenemos muchos años de retraso. En general, nos hemos relatado muy poco, hemos sido más consumidores que creadores. En Euskadi, la industria cinematográfica es muy joven y muy precaria. Nos falta visión.

¿Qué otros libros le gustaría adaptar?
Estoy adaptando para teatro ‘Deje su mensaje después de la señal’, de Arantza Portabales, que se estrenará en octubre. También estoy trabajando en la adaptación cinematográfica de un texto teatral que ha tenido un recorrido muy emocionante.

 

 

 

 

 

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