Un juego con el espectador | Encuentro con Juan José Campanella y Clara Lago

5 julio, 2019

El director argentino y la actriz española conversaron con el público en la Academia tras la proyección de su última película, El cuento de las comadrejas.

“No era un homenaje ni quería rescatarla, para eso está la película original que es de un humor muy negro. Partiendo de la idea original, el objetivo era hacer algo distinto. Quería hacer un juego de ida y vuelta con el público, eso es lo que me gustó. Tras ver muchas películas de Billy Wilder, me fijé en ese tipo de diálogos con ingenio que se habían olvidado”, desveló Juan José Campanella, quien contó que cuando empezó a escribir el guión de El cuento de las comadrejas estaba  montando en Los Ángeles su segundo proyecto”.

El director, guionista y productor argentino escribió la primera versión de El cuento … en 1997,  un remake del filme de los años 70 Los muchachos de antes no usaban arsénico. “Una cinta maldita que no tuvo suerte en su momento, pero que hoy es de culto. Se estrenó una semana después del golpe de la dictadura del 76 cuando le decían a la gente que no salieran a la calle , lo  que no benefició al cine”, explicó en el coloquio que se celebró en la Academia de Cine. “De una primera versión de cine paso a ser de teatro, volvió a ser guión de cine, después de nuevo un guión de teatro… pero las cosas hay que dejarlas madurar. En un primer momento los actores tenían otra edad y estaban en otra generación. En la primera versión eran cineastas de los años 50 que escuchaban música clásica y en la última se situaba en la época de los 60/70 con mucho más rock&roll. La historia ha tomado un cariz mucho más vital”, explicó Campanella  sobre el proceso que siguió durante los 22 años que le ha llevado su última película.

 

La dirección: La elección de los ingredientes

Campanella estuvo acompañado por una de sus actrices, por la española Clara Lago, que hace su segunda incursión en el cine argentino. “El papel que hace Clara lo interpretó una de las actrices más importantes de Argentina, Bárbara Mugica, quien se suicidó después. Es un rol muy importante, con muchos registros, que pasa de mujer simpática a villana, y en una persona tan joven como Clara no era  fácil y menos con los compañeros que tenía delante” –Graciela Borges, Óscar Martínez, Luis Brandoni y Marcos Mundstock-. No solo le llamó la atención su interpretación con acento argentino, “que es sorprendente: No hay ninguna escena doblada, es la Meryl Streep española, hace cualquier acento”, también su fotogenía. “Empieza con una cara encantadora y simpática cuando la cámara está lejos y según se acerca va tomando un peso dramático muy importante. Eso, se tiene o no se tiene. No tuve que buscar más”. Clara Lago reconoció que fue acogida con los brazos abiertos. “Graciela me adoptó desde el minuto uno. Se me hizo muy fácil por la calidad humana de todos ellos. Y lo del acento como ya era la segunda vez, fue un poco más llevadero”. Confesó la española que hacer de villana fue muy divertido y contó que para poder interpretarlo “no puedes juzgar al personaje, debes entender las motivaciones que tiene y pelearlo a muerte porque el villano nunca se siente villano. Hace las cosas pensando que están bien…”.

El ganador de un Oscar por El secreto de sus ojos bromeó con el público sobre su oficio.  “Nadie sabe qué hace el director. Cuando se visita el set, el único que no está trabajando es el director. El que está sentado tomando un café o mirando el teléfono… ese es el director. El que realmente trabaja es el asistente de dirección”. Pero, bromas aparte, admitió que lo verdaderamente importante de su trabajo son “las elecciones que se toman: qué actores eliges, qué se decide filmar y, de lo que filma, que decides mostrar. Es en la elección de los ingredientes cuando se consigue un buen plato. Y con buenos actores es fácil. Después, se trata de dirigir el tráfico”. Lago, con más de treinta películas a sus espaldas, remarcó el gran trabajo de Campanella. “Coge el mismo pretexto de la primera historia, pero el sabor que le ha dado no tiene nada que ver. Esta oda al cine es parte de eso. Los muchachos de antes no usaban arsénico es maravillosa, pero no tiene todos estos componentes: el juego, los chistes internos, el lenguaje del cine… que son deliciosos”.

Campanella resaltó que, de toda su filmografía, ésta es la que más anclada está en la realidad. “En el momento social que estamos viviendo, quería hacer una película como las de antes, con diálogos ingeniosos y entablar un juego con el espectador, además de hacer un guiño al cine”.

Lago también se pronunció sobre la falta de personajes para las actrices a partir de los 40-45 años, edad que ella todavía no ha alcanzado. “A esa edad hay un gran vacío. Parece que la vida de la mujer en esos años carece de interés, hay un salto en el que ya pasas a ser la madura o la abuela. Yo creo que esos años son los más interesantes en la vida de una mujer”, indicó la intérprete, que agradeció que hubiera iniciativas como la de Meryl Streep, que impulsó la creación de plataformas con guionistas que generen proyectos para este tipo de papeles.

Por su parte, el realizador argentino añadió que todo empieza desde el origen. “Tiene que haber más mujeres en puestos importantes. Pero debe empezar desde la escuela de cine. Cuando yo comencé a estudiar en el 79, éramos 80 hombres y 20 mujeres, y ahora vas a una escuela y yo te diría que la mayoría son mujeres. Confío en que cambie el escenario y que haya más mujeres que decidan ser guionistas para que crean personajes femeninos de cierta edad y que se hable de sus problemas”.

Una de las obsesiones en todas las películas de Campanella –El mismo amor, El hijo de la novia, Luna de Avellaneda, El secreto de sus ojos y en El cuento de las comadrejas- son las historias de amor de  larga duración.  “Es un tema constante en mis conversaciones con mis amigos y familia: las relaciones de muchos años, cómo mantienen y reconvierten ese amor; cómo lo que parecía lindo empieza a molestar; esa risa cantarina empieza a ser una risa irritante; o algunos sentimientos que se guardan en un cajón y no vuelven a salir. De ahí surge el único personaje que no está en la película original, el de Nico Francella, el otro villano cuya función es despertar los celos… y que despierta ese amor que estaba ‘guardado’ entre los personajes de Mara y Pedro. Esas historias de amor reencontrados me gustan mucho”, dijo.

 

Actores argentinos versus españoles

Clara Lago ha trabajado en Argentina, Colombia, Alemania y no cree que la manera de interpretar tenga que ver con la geografía. “El lenguaje del cine es el lenguaje del cine. Es uniforme con pequeños matices. Todo funciona más o menos igual , pero cada actor es un mundo”. Y consideró que las interpretaciones de sus compañeros argentinos tiene que ver con el poso que les da la madurez, las experiencias de vida. “Ganan en tranquilidad, relativizan las cosas. Con los años hay cierta tensión que se va perdiendo. Hay algo más verdadero y eso lo veía en ellos”.

El realizador también se hico eco de la diversidad de escuelas e idiomas en la historia. “En la película tenemos actores de todos los campos. Nico y Clara tienen la misma forma de tratar con la realidad, la verdad, entender la escena. Marcos Mundstock es un gran humorista que proviene de Les Luthiers con 60 años de experiencia. Luis Brandoni es un icono argentino que ha hecho durante 55 años teatro cada noche. Hay actores que viven lo que están pasando, otros que piensan en sus propias experiencias –más en desuso-, y otros que son grandes mentirosos… Fue muy interesante”, apostilló.

Las comadrejas y el cuento

La película original se iba a llamar Las comadrejas, pero Campanella desveló que no les dejaron. Y él lo utilizó porque “era la metáfora perfecta. Me gusta el concepto porque es clave para saber perdonar, abrazar y reírnos con estos personajes. La intención siempre fue divertirme, sacarte de la realidad, contarte un cuento. Hay que manejar ese tono que no te saque totalmente de la realidad, que no sea un absurdo porque hay momentos verdaderamente emotivos. Lo fabulesco sin perder la realidad”, resaltó Campanella, quien reconoció torturarse cada vez que ve la película. “Por eso hago mucha televisión, porque me siento más libre de probar cualquier cosa y porque aprendo mucho. Y  si algo sale mal está el capítulo de la semana que viene”, sentenció.

Entrevista a Juan José Campanella

 

 

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