El relevo del miedo | Encuentro con los responsables de La trinchera infinita

10 octubre, 2019

Tres cineastas vascos –Jon Garaño, José Mari Goenaga y Aitor Arregi– que se van a Andalucía para contar una historia que se desarrolla en un pueblo del interior de esa comunidad autónoma, desde 1936 a 1969.  Un relato que, por primera vez, rodaron en castellano, que titularon La trinchera infinita y que sus responsables presentaron en la Academia de Cine tres semanas antes de su estreno en salas -el próximo 31 de octubre-.

Recibidos con cálidos aplausos, Jon Garaño, José Mari Goenaga y Aitor Arregi, acompañados por  los actores Belén Cuesta y Vicente Vergara y el productor Xabier Berzosa, conversaron con el público tras el pase de esta producción que conquistó la Concha de Plata al mejor director y el Premio del Jurado al mejor guión en el último Festival de San Sebastián.  El trío de directores compartió  vivencias y experiencias del proceso de creación de esta historia protagonizada por Antonio de la Torre y Belén Cuesta, sobre un hombre que en 1936 se esconde en su casa por miedo a represalias y no sale a la calle hasta 33 años después.

Goenaga confesó que descubrió la existencia de los ‘topos’ por el documental 30 años de oscuridad , de Manuel H. Martín –la historia de Manuel Cortés,  antiguo alcalde de Mijas que, perseguido por el régimen de Franco, vivió durante tres décadas en un hueco en la pared de su casa para evitar ser fusilado–.

“No había visto ni Mambrú se fue a la guerra ni Los girasoles ciegos. Despojados de cualquier tipo de condicionamiento, nuestro reto fue cómo contar el encierro de una persona durante más de tres décadas respetando ese encierro”, manifestó Goenaga, para quien el documental ya transmitía “que pocas figuras como los topos representan tan bien el miedo y como este condiciona tu vida”.

Sin ninguna vía de escape, el protagonista de La trinchera infinita no sale de su casa en ningún momento de los 33 años que pasa encerrado. “Queríamos proponer al espectador esa inmersión de sentir cómo es el  encierro desde el encierro, una situación que diferencia a esta película de otras sobre los topos”, comentaron estos tres creadores, acostumbrados a trabajar a seis manos. “Es complicado, pero es nuestra forma de trabajar. Conocemos nuestras debilidades y fortalezas. Compartimos muy bien lo que es el cine y lo que queremos contar, y en un 90% estamos de acuerdo. Hasta ahora, habíamos dirigido de dos en dos –Loreak, tenía la firma de Garaño y Goenaga, y Handia, de Garaño y Arregi–, esta era la combinación que nos faltaba”, aseguraron los cineastas, que en ningún momento del rodaje coincidieron los tres, “solo para la foto de equipo”, subrayaron.

Fotos © Ika Vázquez

“Los conflictos no terminan, se transforman”

Uno de los retos de La trinchera infinita fue que era su primera película en castellano. “Siempre le damos mucha importancia al habla. Se trataba de ser realistas y que lo que se escuchara fuera verosímil para el espectador, para lo que hicimos una alianza con los actores y expertos que consultamos. También nos preocupaba qué andaluz íbamos a utilizar porque la trama está en un pueblo del interior de Andalucía, una especie de Macondo. No podíamos forzar a los actores, optamos por recibir la riqueza que cada uno podía aportar”, indicaron los cineastas, que hicieron engordar 15 kilos a Antonio de la Torre para encarnar a un personaje “ que empieza siendo claustrofóbico y termina sufriendo agorafobia”.

Durante el montaje de la película –“fase en la que invertimos mucho tiempo”–,  Jon Garaño, José Mari Goenaga y Aitor Arregi estaban al tanto de las noticias: la exhumación de Franco, el resurgir de la extrema derecha… Localizada en el pasado, la película está vigente. “Al final es el relevo del miedo. El título no se refiere sólo al encierro prolongado, también al carácter cíclico porque los conflictos no terminan, sino que se transforman”, destacó el trío, que seguirá haciendo cortos y documentales. “Lo que ha cambiado en todos estos años ha sido los recursos. Lo bueno es que se mantiene el mismo equipo”, celebraron.  

Belén Cuesta se crió en Fuengirola y desde la ventana de su casa veía Mijas, “pero no conocía la historia de Manuel Cortés”. Ahora, tras dar vida a la mujer de un topo, la actriz malagueña destacó que estas mujeres eran “unas guerreras, muy luchadoras”, subrayó Cuesta, para quien el humor, “que no la comedia, siempre se cuela en situaciones tan dramáticas como las que cuenta el filme”.

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