La emoción como clave | Encuentro con Teresa Font

Por Fotos: Wilhelm Gulliksen · 28 febrero, 2020

La ganadora del Goya al Mejor Montaje por Dolor y gloria protagonizó un coloquio en la Academia de Cine, tras la proyección de la cinta de Pedro Almodóvar

Hasta que pasa por la sala de montaje una película no existe. Con esta máxima y para poner en valor este oficio imprescindible, el montaje fue el protagonista este jueves, de la mano de Teresa Font.  En una charla con el público en la institución, la técnica catalana abordó la relación especial que se establece entre el director y el montador, cómo entiende su profesión y, sobre todo, analizó su trabajo en Dolor y gloria, que le ha valido su segundo Goya veinticinco años después de lograrlo por Días contados, de Imanol Uribe, en 1995.

“Me alegré mucho porque era una situación complicada por la muerte del montador de todas las películas de Pedro [Almodóvar] hasta su fallecimiento Pepe Salcedo y, además, porque Pedro me dijo que estaba rezando para que me lo dieran”, aseguró Font, que lamentó que los premios “siempre son injustos para los técnicos. Depende mucho del tirón de la película, si es importante se fijan más, pero hay grandes trabajos en filmes pequeñitos que no se conocen”.

Antes de trabajar con el cineasta manchego, Font dejó su huella en la filmografía de directores como Vicente Aranda, Álex de la Iglesia, Imanol Uribe, Terry Guilliam y Ramón Salazar, entre otros. Y aunque la experiencia es un grado, siente que cada película obliga a un nuevo aprendizaje. “Somos intérpretes de la partitura del director. Yo no monto mi película ni tengo mi estilo de montar, yo monto la película del director. Lo que te vale para una cinta no sirve para otra. Es muy difícil definir el montaje, cada material te pide unas cosas”, expuso en la Academia, “por eso a veces nos entendemos con unos directores y con otros no”.

Con Pedro Almodóvar y esta historia de un cineasta en su ocaso que recupera su pasado a través de una serie de encuentros, el entendimiento ha sido absoluto. “Es muy preciso en lo que quiere. Al principio los dos éramos pudorosos, pero si un director respeta al montador, sabe lo que quiere contar y ve lo que le ofreces en la sala de montaje es maravilloso”, celebró Font, que se encontró con un cineasta “austero, que quería reducir a lo mínimo”.

Foto: Wilhelm Gulliksen

Lenguaje no verbal

En esta sesión del ciclo ‘Montar, soñar…’, impulsado y moderado por los montadores Iván Aledo y Mikel Iribaren, la catalana escogió sus dos secuencias favoritas de Dolor y gloria. “La escena de la madre y el hijo en la terraza. Tenía las grandes interpretaciones de Julieta Serrano y Antonio Banderas. Pedro estuvo muy contento con el montaje porque yo le iba añadiendo pausas. Vi que era una escena donde era más importante lo que callan que lo que dicen”, explicó Font, que también destacó el encuentro del protagonista Salvador Mallo (Antonio Banderas) con su expareja, al que interpreta Leonardo Sbaraglia. “Lo interesante es la excitación del personaje de Salvador, que quiere saber qué ha sido de esa persona con la que una vez compartió su vida. Son más interesantes las reacciones de Antonio que la actuación de Leonardo y, por eso, cada vez que podía me iba a Antonio”, reveló. Dos escenas que evidencian “que la clave del montaje es la emoción”.

También se detuvo en su método de trabajo a la hora de escoger el tipo de plano y en cómo le ayuda conocer de antemano a los intérpretes. “A veces que notas que tienen una tendencia a respirar antes de hablar, o pestañeos excesivos. En el montaje elimino gestos que yo sé que son del actor o actriz y no del personaje. Pones pausas, se las quitas…puedes tener una interpretación muy buena pero que se despegue del personaje y esa no la usas. La secuencia final siempre es una mezcla de tomas”, desgranó.

Alfred Hitchcock decía que mientras una persona esté en un estado emocional no hay que separarse de ella. A veces sucede en planos cortos y otras en el plano general”, citó Font, para la que “el lenguaje corporal de los actores dice mucho. El lenguaje no verbal es muy interesante. Y cuando lo encuentras y ves que un director le da importancia es maravilloso”.

Foto: Wilhelm Gulliksen

La sala de montaje como confesionario

Sobre la presencia del montador en el rodaje, Font habló claro. “No quiero ir porque no quiero que me afecte a la hora de montar. En el rodaje sienten unas cosas, pero la cámara ve más allá y luego resulta que la toma que pensaban en el set que era la buena no lo es”, aseguró la montadora, que puso como ejemplo una anécdota de El día de la bestia, de Álex de la Iglesia.

“Álex quería incluir a toda costa los planos desde una grúa que le había costado muchísimo. Pero este plano ralentizaba el ritmo de la persecución final y yo los quité sin dudar. Si tú sabes el coste que ha supuesto esta grúa te lo piensas antes de quitarlo. Me pidió volver a incluirlos, pero al final, los quitó él mismo porque sabía que era mejor para la película”, rememoró.

Sus ojos en el rodaje son los de la script, figura imprescindible para los montadores sobre la que también se puso el foco en este encuentro. “La script de Dolor y gloria Yuyi Beringola me dio muchas indicaciones sobre las intenciones de Pedro en el rodaje”, alabó Font, que vio su trabajo facilitado en el hecho de que la mayoría de la cinta se filmara en orden cronológico, salvo los exteriores en Paterna. “Conforme iba rodando me iba llegando el material y yo iba diariamente a plató y le enseñaba el montaje del día anterior. La ventaja de rodar por orden es que el director ve lo que se va montando y lo que puede necesitar rodar en los días siguientes”, desgranó, “y los sábados revisábamos juntos todo el montaje”.

Font definió a la sala de montaje “como un confesionario entre montador y director”, señaló a Walter Murch como el gran referente de la profesión–“le debemos todo, ha sido nuestro gran teórico” – y reconoció que nunca ha sufrido discriminación por el hecho de ser mujer. “En montaje empezamos nosotras, cuando era el trabajo menos valorado. Luego, con el cine sonoro, ya entraron los hombres, pero siempre nos hemos llevado muy bien”, aseguró esta montadora, que admira también a la veterana Thelma Schoonmaker.

Autodidacta – “nunca fui a la escuela de cine. La televisión fue mi escuela de la velocidad. Trabajé 10 años y de ahí al documental y al cine” –Font recordó su primera gran oportunidad en el séptimo arte, que le llegó con el documental Numax presenta, de Joaquin Jordà, cineasta que le introdujo en la industria. Después de tantos trabajos documentales en su trayectoria, reconoció en la institución que ahora mismo le apetece mucho más la ficción. Y en ella sigue con el nuevo proyecto de la directora india-canadiense Deepa Mehta, en el que está inmersa ahora y que le surgió a raíz de la película número 21 de Almodóvar: “Yo no podría ir a Toronto, así que ha venido ella a España porque quería a toda costa a la montadora de Dolor y gloria”.

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