Akelarre, una historia con ecos en el presente

Fotografías de Isaac Villaseñor Soto · 2 octubre, 2020

Tras su participación en la sección oficial del Festival de San Sebastián, la nueva cinta del argentino Pablo Agüero –coproducido por España, Francia y Argentina– llega a la gran pantalla, previo paso por la Academia de Cine

A principios del siglo XVII, algunas pequeñas comunidades vascas estaban al mando de sus mujeres. Mientras los hombres se ausentaban la mayor parte del año para pescar ballenas, ellas dirigían las aldeas, criaban a los niños y cuidaban de los ancianos. Pronto el poder patriarcal vería en estas mujeres un peligroso precedente, y armado con cruces y antorchas, se propondría acabar con la inversión de roles acusándolas de brujería. Un caso real de 1609 recogido en las memorias del inquisidor Pierre de Lancre es la base de Akelarre, cinta que llega hoy a los cines y que ayer protagonizó las actividades de la Fundación Academia de Cine.

La actriz Amaia Aberasturi, los productores Koldo Zuazua e Iker Ganuza y la montadora Teresa Font acudieron a la sede de la Academia para charlar sobre el último trabajo de Pablo Agüero. Zuazua explicó que “el guion se desarrolló durante el proceso judicial de la manada, en pleno #MeToo”, por lo que la historia sonaba de lo más contemporánea: “por no seguir las reglas, estas mujeres podían ser condenadas por impías. Y con la manasa, vivíamos de nuevo el juicio a una mujer por no hacer lo que se supone quedebe hacer. El heteropatriarcado sigue funcionando”. Para Aberasturi, “El concepto de brujería que tenía era muy distinto. La mitología vasca siempre me ha rodeado, es mi cultura, pero esta visión no la conocía. Hemos generado sororidad entre las actrices, y eso se nota”.

Para encontrar a las seis actrices protagonistas, “se vio a unas 900 chicas”, desgranó Ganuza. “el proceso de casting fue largo, pero buscábamos algo concreto: se hizo con chicas que hablaran euskera y que bailaran, además de una edad determinada. Fuimos a escuelas de danza, conservatorios, buscamos por redes sociales…”. Una vez encontradas, las actrices debían meterse en la piel de mujeres de hace 300 años. “Pablo quería el componente atemporal”, explicó Aberasturi. “Podíamos buscar ideas y proponer cosas, entonces él respondía. La búsqueda ha sido individual. Los casos de violencia machista siempre están ahí, así que es fácil buscar paralelismos. Las únicas referencias más claras eran a nivel corporal: músicas, canciones, bailes. Todos los bailes eran improvisados, y él nos iba indicando apuntes. Es muy inteligente y tiene una mirada muy artística”.

200 horas

Con gusto por la improvisación y rodando a dos cámaras, cuando el material rodado llegó a manos de Teresa Font en París, se enfrentó a un total de más de 200 horas de metraje. “Me pasé tres meses encerrada con estos personajes”, desgranó, “tres meses de dudas, porque Pablo no quería opinar hasta que yo le ofreciera un primer montaje. Él sabía lo que había hecho y lo que quería lograr, pero me dejó hacer la primera búsqueda. No fue fácil porque había muchas secuencias que quitar, varios finales… El material final está siempre ahí, pero hay que dar a veces muchas vueltas para encontrarlo”.

El resultado final se puede ver desde hoy. “Salimos con 77 copias, enfocadas en el País Vasco y Navarra”, indicó Zuazua. “Nos hemos fijado en películas en euskera de los últimos años, que arrancaron primero de manera más local”. Aunque, según Iker Ganuza, “no tenemos las expectativas que hubiéramos tenido hace un año, la cinta ha hecho un gran recorrido en festivales, así que esperamos que tenga su vida. Y que el mayor número de gente la vea en pantalla grande, porque la experiencia no es la misma”.

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