Paco Betriu, un hombre generoso

Fotografías de Laura García · 27 noviembre, 2020

Mariano Barroso, Juan Vicente Córdoba y Nuria Vidal recordaron al cineasta catalán, recientemente desaparecido

Un cineasta comprometido y atípico. Una persona humilde y cercana. Un profesional siempre abierto a los cambios de la industria y del mundo, con gusto por el esperpento y por la cultura popular. Así fue recordado ayer en la Academia Francesc Betriu –Paco para sus numerosos amigos–, que fallecía unas semanas atrás, en plena pandemia, y cuando todavía estaba aprendiendo cosas nuevas: su viuda, Nieves López Menchero, rememoró lo feliz que estaba el cineasta porque se había apuntado a unas clases para rodar con iPhone.

Betriu abrió “las puertas del cine” a Mariano Barroso, presidente de la Academia, que se estrenó en el séptimo arte en una producción encabezada por el catalán, La plaza del diamante, en la que se dedicaba a “cortar calles. Allí estaba Agustí Villaronga, que se encargaba del vestuario, Montse Bou, Teresa Enrich… Había un equipo de gente que luego me los he ido encontrando por el camino”. Aquella era la primera vez que Barroso se enfrentaba a un director, y “ Paco era lo opuesto a lo que yo imaginaba. Muy cálido. No es que nunca gritara, es que tenía una calma impresionante, era una lección constante. Le definía su ternura”. Una ternura que llevaba al rodaje desde su día a día: “su forma de vivir iba en consonancia con su discurso. Era comprometido, luchador, amigos de sus amigos y siempre fiel a su equipo y a su gente. Si pecaba de algo era de humilde. Tenía currículum y obra como para mover más peso a nivel mediático. Pero las luces y el brillo no iban con él”.

Antes, en sus inicios en la Escuela Oficial de Cine –de donde fue expulsado–, Betriu ya había llamado al atención como verso libre del cine patrio. “Corazón solitario y Bolero de amor”– sus primeros cortometrajes– “son anomalías del cine español. No se entendió la lectura alquímica de lo popular, que lo transforma en otra cosa”, desgranó Nuria Vidal. “El esperpento puro, tan de su gusto, está en Furia española. O en lo que queda de ella, porque la censura la masacró. Fue la última película que vio Franco. Betriu se ponía una medalla, decía que él le había matado. Él pensaría que era una película patriótica”. Esa visión desprejuiciada la llevó también al terreno documental, como en Mónica del Raval, que se proyectó antes de la charla. “En Mónica del Raval hay un punto de ternura, hay un juego de realidad y ficción. Así era su cine. Una amalgaba: muy pegado a la realidad, el Raval, las ramblas… Y una cultura y unas lecturas elevadas».

Generoso

Nuria Vidal, crítica de cine y amiga de Betriu, contó cómo conoció al cineasta, en 1972, cuando “presentó Corazón solitario. Merece un lugar en la historia del cine porque abrió muchas puertas. A las series, por ejemplo, que entonces no se estilaba demasiado. Paco tenía una vertiente culta y otra más popular, las compaginaba muy bien porque así era él”. Vidal explicó que cuando vio Parásitos, “ pensé en Los fieles sirvientes. Me dije: pero si esta película la hizo Paco hace 40 años. No es muy conocida pero es de las más importantes de su filmografía.Hay algo de Buñuel, pero es muy adelantada a su tiempo. Se quiso ver como crítica social y lo es, de acuerdo, pero es mucho más. Es una radiografía de la sociedad. Fue además una de las primeras películas hechas en cooperativa”.

Moderado por Juan Vicente Córdoba, presidente de la asociación de directores Acción, el encuentro sirvió para retratar a un hombre “fundamentalmente bueno”. Vidal añadió otro adjetivo: “era muy generoso, he cedido toda su obra y material para que se pueda ver y usar. Con su tiempo también. La última vez que le entrevisté, para la Academia, el compromiso era una hora y estuvimos casi cuatro”.

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