Tres miradas distintas de cineastas confirmados

Por Chusa L. Monjas · 7 junio, 2021

Hicieron su primera película, y la segunda, y la tercera, y en el caso de Agustí Villaronga –diez– y Óscar Aibar –seis– más. Tampoco es una joven promesa Dani de la Torre. Tres cineastas entrenados que conviven con primeras obras en la sección oficial a concurso del Festival de Málaga 2021, certamen en el que se estrenan con tres propuestas muy distintas.

El veterano director mallorquín presenta El vientre del mar, historia basada en un texto de Alessandro Baricco que narra el naufragio de 147 tripulantes de la fragata Alliance frente a las costas de Senegal en 1816. Villaronga vuelve a recurrir a la literatura, y Dani de la Torre aparca el thriller y se bautiza en las películas de adolescentes con Live is Life, o cómo cinco chavales pasan ‘el verano de su vida’ en la Ribeira Sacra.

La conocida canción de la banda austríaca Opus da título a esta historia feel good ambientada en los ochenta, el contexto histórico de El sustituto, un oscuro y poco conocido capítulo de nuestra historia sobre nazis ocultos en nuestro país que Óscar Aibar ha hecho visible bajo el formato de thriller policial. A nuestra cinematografía se le puede acusar de todo menos de repetirse. Y para muestra, los tres estilos diferentes de estos tres creadores.

El vientre del mar

Agustí Villaronga sabe que ejerce un oficio de competencia. Se compite para que te respalde un productor, para que te den subvenciones, para estar en un festival… El autor de Pa negre se estrena con El vientre del mar en la edición 2021 del Festival de Málaga 2021, donde es uno de los tres cineastas veteranos que aspiran a la Biznaga de Oro. “Si sale algo bueno, la película siempre sale más reforzada. Málaga se ha convertido en uno de los certámenes más importantes de cine en español. Es muy bueno que apuesten por la gente que está irrumpiendo, pero que no se olviden de los que seguimos y nos dejen un rinconcito”, expone el que es uno de los grandes independientes de nuestra cinematografía.

De nuevo, el director mallorquín se ha visto atrapado por la literatura. Esta vez por la de un escritor e intelectual italiano al que conoce desde hace años, Alessandro Baricco, de quien ha llevado a la gran pantalla un episodio de su novela Oceano mare, dedicado a la historia real del naufragio de la fragata la Alliance de la Marina francesa, que en junio de 1816 embarrancó ante las costas de Senegal. De los 147 hombres abandonados a su suerte que durante días lucharon contra el hambre, el mar y la locura, solo sobrevivieron nueve.

“Por encargo, he realizado muchas adaptaciones –Pa negre, El rey de La Habana, Incerta glòria–, pero El vientre del mar no es solo la adaptación de un relato literario, es una película muy narrada, en la que el peso de la palabra es importantísimo. Por lo que se narra, un naufragio con barcos en medio del mar, podría haber sido un filme tipo Titanic de haberlo hecho desde un punto de vista natural. Nuestra propuesta es mucho más abstracta, la hicimos en época de pandemia y con poco dinero –400.000 euros–. Fue una apuesta arriesgada”, asegura.

Lo que Villaronga recuperó del episodio de Oceano mare fue a dos personajes que cuentan los mismos hechos desde puntos de vista distintos: un oficial médico y un marinero raso, interpretados por Roger Casamajor y Óscar Kapoya. Dos monólogos compartidos que en sus orígenes iban a tener los rostros de Eduard Fernández y Dario Grandineti bajo el formato de obra de teatro. Pero la pandemia “truncó” el proyecto y se reconvirtió en película.

“Lo que aporta es el elemento visual, el texto se ha mantenido tal cual, aunque mucho más aligerado, pero no hay ni una sola palabra que no sea de Baricco en la película, que tiene tres niveles de narración: el visual, el de teatro y el literario. La palabra tiene mucho peso, pero las potentes imágenes de gente migrante te abren a otra dimensión y ayudan mucho a crear un elemento poético”, relata.

Isleño, Villaronga, que bautizó a una de sus historias El mar, donde no salía el agua, confiesa que en El vientre..., fotografiada en blanco y negro, hay pocas secuencias del océano. “Está más en el recuerdo de los dos personajes. El mar del que habla Baricco es casi omnipresente, una travesía que dura 14 días en la que están rodeados de agua que se los va tragando. No es una imagen placentera ni acogedora”, indica el director, que reconoce que la película es “poco esperanzadora, porque, aunque te rescaten, quedas marcado para siempre y, como dice Baricco, se convierten en personas inconsolables”. Él no es tan drástico como el escritor italiano, es de los que creen que, en las situaciones más negativas, “siempre hay algo por dentro que puede cambiar las tornas”.

Para el que fue Premio Nacional de Cinematografía 2011, las muertes del Mediterráneo fueron un estímulo y un referente para esta historia que, por su limitado presupuesto, ha sentido como su fuera su primera película. “Venía de Nacido rey [todavía no se ha estrenado en España], cuyo presupuesto se acercó a los 20 millones de euros. Los 400.000 de El vientre del mar me han dado una libertad total, fue todo muy artesanal, y no pasamos por los tamices de las televisiones y las plataformas”, señala.

Siempre intenta dotar a las películas de alma “y para eso tienes que entenderlas bien. Soy un gran lector, y a base de leer muchísimo desde niño he aprendido a bucear en las palabras, a explorarlas. Leer te desarrolla una capacidad de análisis, de síntesis, de profundidad, que es algo que se puede perder porque cada vez se lee menos, o se lee de otra forma”, opina el cineasta, para quien un guion basado en una novela no tiene que ser mejor que un original, “pero de entrada tiene más riqueza porque partes de un material muy elaborado, con situaciones muy bien desarrolladas”.

Acostumbrado a encadenar trabajos, este año rodará una comedia protagonizada por niños y ancianos cuyo título provisional es 3000 obstáculos. Se le sigue resistiendo llevar a imágenes la novela de Mercè Rodoreda La mort i la primavera, pero sigue adelante, como el cine. “Con sus dificultades, va para delante, se mantiene por las personas que lo hacen. Y quienes lo hacen evolucionan, siempre hay gente nueva”.

Live is Life

“Cuando eres adolescente quiere hacerte mayor y cuando eres adulto recuerdas con nostalgia tu juventud”, proclama Dani de La Torre, que gracias al cine vuelve a su pubertad en Live is Life. La conocida canción de la banda austríaca Opus da título a la tercera película del cineasta gallego, que ha aparcado el thriller (El desconocido, La sombra de la ley y La unidad, serie de la que está grabando la segunda temporada) por esta propuesta sobre cinco chavales que van a pasar el que será ‘el verano de su vida’. “La próxima vez que se reúnan, sus emociones y aventuras serán distintas, ya no serán unos chicos viviendo aventuras de chicos porque en ese viaje dejarán atrás a los niños que son”, recalca.

Como espectador, a De la Torre le gustan las películas de aventuras de chavales, y buscaba cambiar de registro, oportunidad que le dio el guion de Albert Espinosa. “Quería contar una historia feel good sin violencia ni tiros. Ha sido un reto personal, no solo porque no sabía si sería capaz de adaptarme a un código nuevo, sino porque mi madre, que estaba enferma, me dijo que tenía que hacer esta película”. Cumplió el deseo de su progenitora, a quien dedica Live is Life. “Mi madre falleció y este es mi homenaje. Es una manera bonita de despedirme de una persona tan importante para mí haciendo lo que mejor se me da: contar historias”, dice.

En su tierra, la Ribeira Sacra, en los años 80, ambienta esta producción en la que conviven la marca de Albert Espinosa con “mi onda y mis recuerdos de adolescente. Los personajes de Albert hablan mucho, hacen declaraciones de amor muchas veces, y aquí jugaba a contrapelo conmigo porque los adolescentes con los que me críe hablábamos poco, éramos más ariscos, queríamos ser hombrecitos y luchábamos un poco a la hora de expresar los sentimientos en grupo”, confiesa. Albert Espinosa hizo “un ejercicio de adaptación” y los cinco protagonistas –interpretados por los debutantes Adrián Baena, Juan Manuel del Pozo, Raúl del Pozo, David Rodríguez y Javier Casellas– tienen personalidades muy distintas. “Yo me identifico con varios de ellos, sobre todo con el gracioso del grupo y con el que vive en el pueblo. En vacaciones, venían mis amigos de Madrid, Barcelona y el País Vasco, y yo me quedaba con el acento madrileño y ellos volvían a sus casas con acento gallego”.

Tiene claro que cada generación tiene su película de adolescentes. La suya creció con Los Goonnies, ET, Karate Kid, Regreso al futuro… “Creo que de Live is Life –que llegará a los cines el 13 de agostovan a disfrutar tanto los padres como los hijos, porque tiene ese espíritu familiar que echo de menos en el cine español. Ahora, o son blockbusters o filmes indies, las películas medias que han sustentado el cine español no están en las carteleras, solo las puedes ver en las plataformas”, declara.

El imán que tiene la década de los ochenta en la gran pantalla también atrajo al director. “Fueron unos años de explosión en el cine, la música, la moda, la publicidad… Los ochenta nos llevaron a la libertad, y aquí mostramos la libertad de unos chicos que se iban con la bici y no tenían hora de llegar a casa. No había el control ni las limitaciones actuales, tampoco teníamos tanta información como ahora, lo que nos hacía más osados en ciertas cosas, y la gente no se ofendía por cualquier cosa. Los ochenta fueron lo contrario a lo que estamos viviendo ahora, tiempos en lo que prima lo políticamente correcto”, apostilla.

Live is Life es una de las aspirantes a la Biznaga de Oro que no lleva la firma de un novel. “El punto fresco y de alegría que tiene el Festival de Málaga le va muy bien a esta película que nos hace ser mejores. Es un certamen en el que los cineastas conviven con el público y con los medios, no estás en una burbuja, y esto es fundamental para una historia con una fuerte convicción de público y de familia”, añade.

 

El sustituto

Cuando Óscar Aibar le anunció que iban a contar una historia que nunca se había contado, el actor Ricardo Goméz pensó que el cineasta catalán “se había venido arriba porque en el cine se ha contado prácticamente todo”. Lo cierto es que el trasfondo histórico de El sustituto, thriller policial ambientado a principios de los años ochenta sobre comunidades de nazis que se refugiaron en España al amparo del franquismo tras la Segunda Guerra Mundial, y que vivieron sin represalias hasta muchas décadas más tarde, es una parte de nuestra historia que no se había hecho visible en la gran pantalla.

“Es un tema que se ha abordado en varios documentales, también hay un Informe semanal, pero es llamativo que, hasta ahora, la ficción no se haya fijado en un episodio tan oscuro de nuestro país. Cuando le comentaba a la gente lo que estábamos haciendo, la mayoría me preguntaba si la historia era verdad”, advierte el actor madrileño, que está entusiasmado con el que es su primer protagonista cinematográfico.

En la longeva ficción televisiva Cuéntame cómo pasó se gestó la relación profesional entre Aibar –dirigió varias temporadas de la serie– y Gómez, que durante 17 años ha interpretado a Carlitos Alcántara. “Con Óscar, que es uno de mis mejores amigos, he inaugurado mi edad adulta. Mi personaje [un inspector que, por motivos personales, se traslada a la comisaria de Denia, donde suceden cosas extrañas cuando empieza a investigar la muerte del policía al que ha reemplazado] es un salto a los personajes adultos. Es padre, un papel nuevo para mí, y se enfrenta a una serie de conflictos morales, a un pasado y al pasado de todo un país”, relata.

1982, el año en el que España se lanzó a la modernidad –la primera victoria de Felipe González y el PSOE en las elecciones generales, el Mundial de Fútbol…– es el marco de este thriller en el que Gómez tiene como compañeros a Vicky Luengo, Pere Ponce, Pol López, Joaquín Climent, Susi Sánchez, Bruna Cusí y Guillermo Montesinos. “Habría sido muy fácil ubicarla en los setenta, pero Óscar quería que la herida fuese un poco más profunda y la situó en el año del cambio para que nos demos cuenta de hasta que punto, si miramos para atrás, las ilusiones se vieron truncadas. Estamos contando una historia oscurísima cuando todo el país creía que se empezaba un despertar”.

Volcado en entender al inspector que el director de Platillos volantes y El Gran Vázquez le había encomendado, Gómez leyó la serie de tebeos Paracuellos, de Carlos Giménez, “una referencia absoluta de la infancia del protagonista, al que trasladan a Denia después de lidiar en Madrid con los años del plomo, de la heroína. Es un tipo torturado que no ha tenido una vida fácil y cada día va a encontrarse con algo más feo”.

Los nazis refugiados, los gitanos, el puticlub, la familia y la comisaria. Por estos universos se mueve El sustituto, cuya amistad con su compañero Colombo (Pere Ponce) “le hace ir desarrollando la empatía hacia el dolor ajeno, algo de lo que era incapaz por el sitio en el que se había criado”, revela.

Que el Festival de Málaga “le devuelva a Óscar toda la energía que ha puesto en esta historia” es el deseo de Ricardo Gómez, que cree que Aibar escoge muy bien los elementos del cine que a él le representa, “un cine que se mueve entre lo más actoral y lo más comercial”.

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