Captar la vida | Encuentro con Fernando Trueba y Elvira Lindo

25 junio, 2021

El director y la escritora dialogaron en la Academia de Cine sobre Luis García Berlanga, tras la proyección de Plácido

Unidos por su admiración al cineasta valenciano, Fernando Trueba y Elvira Lindo compartieron con el público de la Academia de Cine reflexiones sobre Luis García Berlanga y sobre una filmografía única, que forma parte de los recuerdos y la tradición humorística de estos creadores.

“Estas películas pertenecen a mis primeros recuerdos. La España y el Madrid que yo recuerdo de niño los reconozco cuando las veo”, rememoró Trueba. “Siempre hago la broma de que mi biopic es de un niño que sale en El verdugo. Me identifico con ese personaje que va pidiendo catálogos de libros porque no puede comprarlos y marca los que sueña que un día podría tener”, bromeó el director de El olvido que seremos, que ve en Esa pareja feliz a sus padres, “que también vivían en una habitación con derecho a cocina”.

“Encuentro algo muy familiar, me enternece”, coincidió Lindo, antes de trazar una línea transversal entre lo literario y lo cinematográfico. “La tradición humorística española, que yo entiendo de Berlanga y de Azcona, es muy Cervantina. Una manera de entender a los personajes, de hacerles humanos, mirarlos con compasión. Y una manera de mirar las clases sociales y como los pobres y los desamparados tratan de sobrevivir en un mundo que a veces no tiene caridad», desgranó.

Ambos destacaron el poder del cine para atrapar la realidad. «Captaban la vida como nadie y sabían integrar anécdotas cotidianas y propias. Él decía que no escribía gags, que eso era la vida», señaló Trueba, que considera la filmografía de Berlanga, “el retrato más perfecto, más realista que se puede tener de lo que era la vida en aquella época. El cine es de una precisión y de una exactitud en eso tremenda, ni siquiera el periodismo, ni la televisión lo consigue, y ya ni por asomo el NO-Do de la época”.

Para Trueba, Plácido, la primera película que Berlanga rueda con Rafael Azcona tras su distanciamiento con Juan Antonio Bardem, es “una road movie”. Y ve en este tándem Berlganga-Azcona un cambio en las historias del valenciano. “En el Berlanga anterior a Azcona puedes registrar las influencias del cine italiano del tardo-neorealismo, que es más amable. Berlanga cuando vio El pisito y la ferocidad y la negritud de la historia de Azcona dijo ‘esto es lo que necesito, a mí lo que me hace falta es un contrapeso’. Y mientras funcionaron fue una pareja insuperable”, analizó Trueba que destacó que la crueldad de las cintas del tándem es mayor que la que se alaba de las películas de Quentin Tarantino.

Espejo de una sociedad

El director de Belle époque narró a los asistentes aquellos momentos de su vida cinéfila asociados a Berlanga, entre ellos el rodaje de La escopeta nacional y de Patrimonio nacional, donde fue testigo de su virtuosismo con los planos secuencia. “Creo que le divertía hacerlos cada vez más complicados”, apuntó Trueba, que culpó a la “angustia vital” que le producía a Berlanga ver los cortes en las películas –“se preguntaba qué habría ocurrido entre el plano y el contraplano”– de que rodara tantos planos secuencias. Otro de esos recuerdos es en Filmoteca española, en el ciclo de cine pornográfico que exigió Berlanga como condición para ser director de la institución cuando llegó la democracia, «donde muchas escenas de sexo acababan con todos nosotros de pie aplaudiendo».

En el año de su centenario, la figura de Berlanga ha sido reivindicada de forma unánime, una feliz coincidencia que el director y la escritora relacionan con su carácter apolítico e inclasificable. “Cuando se habla de cine político parece que se habla de un cine de tesis. Él lo que pone es la vida de su país ante los ojos del espectador y le da la libertad para que piense lo que quiera”, defendió Lindo.

“Berlanga venía de una familia rica, pero se acercaba a personas muy humildes y los solía mirar con cariño. El punto despiadado era a la vida o a la sociedad”, confirmó el realizador madrileño, que ve difícil etiquetarle políticamente. “Es un hombre progresista y democrático. Es hijo de un republicano, fue a la División Azul, a la vez nunca fue un hombre de izquierdas. Bardem sí era comunista de carné y en la clandestinidad y Berlanga no. Frecuentaba amigos de izquierdas, pero también curas, círculos de derechas y bastante fachas. Pero si miramos hoy la crítica social de las películas de uno y otro, quizá la de Berlanga sea más profunda porque no hay nada subrayado. Nada está dicho ideológicamente”, apostilló.

Con la cuestión de si España es más o menos berlanguiana en la actualidad finalizó este encuentro con el que la institución continúa revisando la filmografía del cineasta valenciano, en el centenario de su nacimiento. “Hoy en día sucede lo mismo que en Plácido con las letras, pero en lugar de tener a José Luis López Vázquez diciéndote que no es el momento, tienes un teléfono en el que suena una melodía y tienes que esperar mucho a que se ponga alguien del banco. Yo me imagino la misma película con alguien que está intentando que le den la renta mínima vital y le falta un papel e intenta conseguirlo, pero a esa misma hora tiene que llevar a su hijo a otra parte…”, aventuró la escritora que en sus filmes reconoce el pasado, «pero también vemos el presente. Ahora se dan situaciones igual de desesperadas, pero lo que haría falta es un Berlanga que las contara”.

 

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