Fernando Fernán-Gómez, los cien años del artista total

Por Chusa L. Monjas · 26 agosto, 2021
  • La Academia celebrará su centenario con el ciclo ‘Imprescindible Fernán-Gómez’
  • En su dilatada carrera se convirtió en un referente cinematográfico, teatral y literario

“Hay muchos actores en España y muy buenos, y luego está usted”. Esta frase de la película que escribió y dirigió Manuel Iborra, Pepe Guindo, le iba como un guante al protagonista de la cinta, a Fernando Fernán-Gómez, que el próximo sábado habría cumplido un siglo de vida. Desde que falleció en noviembre de 2007, a los 86 años de edad, el mundo de la cultura es un poco más pobre con la pérdida de esta suerte de personaje renacentista, que se autodenominó “raro muñeco de feria”.

Cineasta, guionista, novelista, autor teatral, académico y, por encima de todo, actor, Fernán-Gómez ligó el talento con el tesón, y construyó una de las carreras más sólidas del panorama artístico español. Propietario de un brillante palmarés, intervino en más de 210 películas –su última aparición cinematográfica fue Mia Sarah– y dirigió 30 títulos en los más de 70 años que estuvo en el oficio.

La Academia de Cine recuerda a este referente cultural con ‘Imprescindible Fernán-Gómez’, ciclo que celebrará en septiembre. En su centenario, la institución ha pedido a sus hijos y a su nieta que elijan la película que consideran imprescindible de la filmografía de su padre y abuelo. Su hijo Fernando ha escogido El mundo sigue –14 de septiembre, a las 19:00 horas. A esta proyección le seguirá un encuentro con sus dos vástagos– , su hija Helena En la ciudad sin límite –16 de septiembre, a las 19:00 h– y su nieta, Helena de Llanos ha seleccionado Stico –día 15, también a las 19:00 horas–.

Nació en Lima, aunque sería inscrito en Buenos Aires el 28 de agosto de 1921, cuando su madre, la actriz Carola Fernán-Gómez, pudo hacer un parón en su gira teatral por tierras americanas. Quiso estudiar Filosofía y Letras, pero la guerra torció sus sueños. Enrique Jardiel Poncela le dio su primera oportunidad, cuando contaba sólo 16 años, en Los ladrones somos gentes honrada.

A partir de entonces tocó todos los campos porque escribió novelas, guiones para televisión, artículos periodísticos y obras narrativas; dirigió películas; triunfó como actor y apareció en la lista de personajes populares por su intervención en la serie de televisión Los ladrones van a la oficina.

Fernán-Gómez en Esa pareja feliz

Maestro del cine y la literatura

Tenía todos los galardones de peso de su oficio. El primero llegó en 1961, el Premio Nacional de interpretación dramática por Mi querido embustero. Luego recibiría dos Osos de Plata por El anacoreta y Stico, el Oso de Oro de Honor, varios goyas, los nacionales de cinematografía y teatro, la Medalla de Oro de Bellas Artes, el Donostia del Festival de San Sebastián y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Fue el primer cómico al que se le abrieron las puertas de la Real Academia de la Lengua.Consideraba los trofeos como «un estímulo y una gran alegría, sobre todo para los amigos», pero prefería la soledad de su casa y no acudía a la ceremonia de los Goya. Como director, actor y guionista conquistó seis Premios Goya por El viaje a ninguna parte, Mambrú se fue a la guerra, Belle Epoque, El abuelo y Lázaro de Torres.

Su gusto por la actuación corrió paralelo a la escritura, donde encontró su mayor placer. De pequeño quería ser como Salgari y reunía a sus amigos para contarles las novelas de Sandokán. Llegó a ser finalista del Planeta con El mal amor tres décadas después de haber sacado su primera novela. También tuvo que esperar a ser reconocido como autor dramático. Fue en 1985 con Las bicicletas son para el verano, pieza que ganó el Premio Lope de Vega.

Dio un gran rendimiento como actor desde su primer contrato con Cifesa en 1943. Gracias a Balarrasa y Esa pareja feliz se convirtió en uno de los rostros más populares de los años 40 y 50. El viaje a ninguna parte, Ana y los lobos, El espíritu de la colmena, El amor del capitán Brando, Mamá cumple cien años, Maravillas, El río que nos lleva y Belle Époque contaron con él.

También fue El abuelo de Garci y trabajó con Almodóvar (Todo sobre mi madre) y Antonio Hernández (En la ciudad sin límites). En este último título encarnó a un anciano terminal, personaje que le tocó su experiencia personal, según reconoció.

Fernán-Gómez en Belle Époque

Retirado de la interpretación en los escenarios desde que hizo El alcalde de Zalamea, ejerció como director con desigual fortuna: El mundo sigue, El extraño viaje, Mi hija Hildegart, Siete mil días juntos y El viaje a ninguna parte, producción con la que se consolidó como realizador.

En el 2000 tuvo que abandonar el rodaje de Lázaro de Tormes por problemas de salud. Ese mismo año contrajo matrimonio civil con la actriz con la que compartía su vida desde hace más de dos décadas, Emma Cohen. Fue su segunda boda, porque a los 24 años se había casado con María Dolores Pradera, con la que tuvo dos hijos, Fernando y Helena.

Cultivó la televisión con las series Juan Soldado, El pícaro, Los ladrones van a la oficina y Cuéntame cómo pasó, propuesta a la que renunció porque su memoria ya estaba débil y le costaba aprenderse los textos.

Fernán-Gómez en La lengua de las mariposas

Su última función

El mundo de la cultura dio su adiós al veterano actor en el emotivo y nada solemne acto que se celebró en el Teatro Español de Madrid. Familiares, compañeros y amigos, y un sinfín de admiradores no quisieron faltar a su última cita con el gran cómico. Hubo dolor y lágrimas, pero también poemas y tangos. El Español, donde Fernán-Gómez estrenó Las bicicletas son para el verano, acogió su despedida, cumpliéndose así un deseo del polifacético creador. Fue un acto diferente a los velatorios tradicionales, con altas dosis de improvisación y popular en el mejor sentido de la palabra.

Directores, actores, escritores, políticos y ciudadanos de a pie de todas las edades y condición desfilaron por el escenario, negro y rojo, en cuyo centro se colocó el féretro rodeado por una bandera anarquista sobre la que estaba la medalla de la Real Academia Española, insignia que quedó cubierta por las numerosas rosas rojas que depositaron sus admiradores.

Respeto y cariño ante el ataúd cerrado con los restos mortales de este creador, que fue incinerado en el cementerio de La Almudena. En ningún momento se quedó vacío el patio de butacas y mucho menos el escenario, presidido por una gran fotografía de un Fernando Fernán-Gómez maduro sentado en una terraza, leyendo un periódico y mirando a una paloma que se posa en la mesa mientras apura un campari. La imagen, tomada por Emma Cohen en Roma, se alternaba con unas escenas de volutas de humo en blanco y negro. Y todo a ritmo de tangos de Gardel y Morente. Su canción favorita era ‘Caminito’, y le gustaba tanto que Enrique Morente versionó el tema para la película documental La silla de Fernando.

En la ciudad sin limites

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